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Alfonso el Inocente



¿Dónde nació Alfonso el Inocente?

Alfonso el Inocente nació en Madrigal de las Altas Torres.


Alfonso de Castilla, conocido también en su tiempo como Alfonso el Inocente (Madrigal de las Altas Torres,[1]​ 15 de noviembre de 1453[2]​ - Cardeñosa, 5 de julio de 1468). Infante de Castilla, fue hijo del rey Juan II de Castilla y de la reina Isabel de Portugal, y hermano de la futura reina Isabel I de Castilla, más conocida como Isabel la Católica.

Alfonso fue uno de los protagonistas del conflicto por la sucesión de su medio hermano Enrique IV. El rey Enrique, presionado por un sector de la nobleza, se vio obligado a proclamar a Alfonso Príncipe de Asturias en 1464 en detrimento de su hija Juana. Más tarde, esos mismos nobles proclamarían a Alfonso rey en 1465, iniciándose una guerra entre los partidarios de este y los de Enrique IV. De esta forma, Alfonso, con el título de Alfonso XII de Castilla, disputó la Corona a su hermano mayor hasta su prematura muerte (1468).

Era hijo del rey Juan II de Castilla — que falleció cuando Alfonso tenía solamente un año de edad — y de la reina Isabel de Portugal. Por parte paterna, sus abuelos eran el rey Enrique III de Castilla y la reina Catalina de Lancaster y, por parte materna, sus abuelos eran el infante Juan de Portugal e Isabel de Barcelos. Fue medio hermano del rey Enrique IV de Castilla y hermano de la futura reina Isabel la Católica.

El infante Alfonso de Castilla nació en el municipio de Madrigal de las Altas Torres, en Ávila, el 15 de noviembre de 1453. Una parte importante de la nobleza castellana estaba descontenta con Enrique IV y en septiembre de 1464, dicha nobleza obligó al rey a desposeer a Juana, su única hija, del título de princesa de Asturias y proclamar a Alfonso príncipe heredero en su lugar. A pesar de ello, el descontento nobiliario no terminó. En junio de 1465, la Liga nobiliaria se reunió en Ávila, derrocaron a Enrique y proclamaron rey de Castilla a Alfonso con el nombre de Alfonso XII.[3]​ El nuevo rey tenía solamente once años de edad. Este episodio fue llamado por sus detractores "la farsa de Ávila", nombre con el que ha pasado a la historia.

Estalló entonces la guerra abierta entre los partidarios de Enrique IV y los de Alfonso, que instaló su brillante Corte en Arévalo y llegó a reinar de hecho durante los tres años que duró el resto de su vida, envuelto en un lujo y esplendor cultural del que se hizo lengua uno de sus cortesanos, Jorge Manrique, en sus melancólicas Coplas a la muerte de su padre:[4]

En la corte de Alfonso, el Inocente, figuraban caballeros tan importantes como Diego Gómez Manrique y su sobrino Jorge, el jurista Nicolás de Guevara y el poeta cancioneril Juan Álvarez Gato o el historiador Diego de Valera, maestresala del rey en 1467, aparte del propio marqués de Villena; también Rodrigo Alonso Pimentel, cuarto conde de Benavente, y Pedro de Villandrando conde de de Ribadeo, y Diego de Ribera, ayo del príncipe Alfonso y caballerizo mayor de su corte, o Sancho de Rojas, señor de Cavia y Monzón y alcalde mayor de los hidalgos de Castilla; Martín de Távara; el prior de Osma, jurista y capellán real de Alfonso XII Francisco Gómez de Miranda y otros. Por cierto que en su capilla figuraban cantores tan destacados como Diego Rangel o Cristóbal de Morales. Diego Gómez Manrique organizó festejos y compuso momos teatrales para celebrar el cumpleaños real en los que las damas de la Corte hacían el papel de hadas. Otro producto del mecenazgo real fue un espejo de príncipes redactado para el uso de Alfonso XII: la Exhortación o información de buena e sana doctrina (1467) escrita por el humanista Pedro de Chinchilla a instancias del cuarto conde de Benavente.

En agosto de 1467 los dos bandos se enfrentaron en la batalla en Olmedo, sin que ninguno consiguiera imponerse.[4]​ Hoy día algunos historiadores consideran que Enrique fue derrotado y hecho prisionero[3]​ mientras que otros afirman que venció, pero que por debilidad prefirió negociar con los vencidos.[5]

El infante Alfonso de Castilla falleció en Cardeñosa el 5 de julio de 1468. Las crónicas oficiales hablan de una muerte por pestilencia, común en la Castilla del siglo XV, aunque la opinión popular e investigaciones recientes se decantan por el envenenamiento.[6][7]​ Enrique IV quedó como rey indiscutido a partir de 1469 mientras que el título de heredero al trono pasó a ser disputado entre Juana la Beltraneja y la infanta Isabel, la medio hermana de Enrique IV de Castilla. El conflicto terminó dando lugar a la Guerra de Sucesión Castellana, en la que Isabel logró finalmente apoderarse del trono castellano-leonés.

El infante Alfonso de Castilla fue sepultado en la Cartuja de Miraflores, junto a sus padres. El sepulcro de Alfonso de Castilla, obra del escultor Gil de Siloe, está colocado en el lado del Evangelio de la iglesia del monasterio.

En 2006, con motivo de la restauración de la Cartuja de Miraflores, la Dirección General de Patrimonio y Bienes Culturales de la Junta de Castilla y León decidió realizar el estudio antropológico de los restos mortales de Juan II y su segunda esposa, quienes estaban enterrados en la cripta bajo el sepulcro real, en una pequeña urna, así como el estudio de los restos depositados en el interior del sepulcro del infante Alfonso de Castilla, el cual se encuentra en un lateral de la misma iglesia. El estudio, coordinado por Arturo Balado Pachón y Consuelo Escribano Velasco, publicado por la Fundación Iberdrola.[8]​ El estudio antropológico fue realizado por Luis Caro Dobón y María Edén Fernández Suárez, investigadores del área de Antropología Física de la Universidad de León.[9]​ Los restos mortales del infante Alfonso de Castilla, mal conservados, escasos y cristalizados, estaban depositados en un ataúd de madera de nogal, y se comprobó que su estatura alcanzaba los 165 centímetros. Se sabe que el deterioro de sus restos es debido a los amplios desperfectos causados por la ocupación francesa de la Cartuja de Miraflores, durante la guerra de la independencia, ya que el convento fue convertido en cuartel general; y los restos de Juan II, Isabel de Portugal y Alfonso de Castilla fueron profanados, así como su ajuar, que fue saqueado. Además, se confirmó que los restos mortales depositados en el sepulcro eran los del infante Alfonso de Castilla, pues se comprobó que existía una relación de parentesco entre esos restos y los depositados en el sepulcro de Juan II de Castilla.[10][11]




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