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Angel Herrera



Ángel Herrera Oria (Santander, 19 de diciembre de 1886-Madrid, 28 de julio de 1968)[1]​ fue un periodista, jurista, político y sacerdote español, que llegó a ser cardenal de la Iglesia católica. Fundador con el padre Ayala de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, fue director del diario El Debate y abanderado de una postura accidentalista ante la Segunda República. Era hermano del escritor y jesuita Enrique Herrera Oria (1885-1951).

Hizo el bachillerato en el colegio de los jesuitas de Valladolid y estudió Derecho y Filosofía con brillantes calificaciones en el entonces Colegio de Estudios Superiores de Deusto regentado por la Compañía de Jesús desde 1886 ,más tarde Universidad de Deusto. Los alumnos de dicha institución realizaban los exámenes de licenciatura en la Universidad de Salamanca. En dicho colegio de estudios superiores también estudió unos años antes Ángel Ayala ,tres hermanos suyos fueron jesuitas. En 1907 aprobó la oposición al cuerpo de Abogados del Estado y lo destinaron a Burgos, donde residió poco tiempo, pues a los siete meses pidió excedencia y se trasladó a Madrid, donde hizo el doctorado en Derecho en 1908.

Fue fundador, junto con el sacerdote Ángel Ayala, de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP) en 1910. En 1911 fundó la Editorial Católica, editora del diario El Debate en su segunda época, al frente de cuya dirección se mantendría durante veintidós años, y de otros diarios regionales.

Durante la década de 1920, desarrolló una labor incansable de proselitismo y organización de las juventudes católicas, creando diversas organizaciones juveniles y estudiantiles. En 1926 creó la Escuela de Periodismo de El Debate, una de sus obras más reconocidas.

Cuando se proclama la Segunda República en 1931, Herrera Oria adoptó como táctica ante el nuevo régimen su teoría del accidentalismo, una adaptación prudente ante unas circunstancias adversas, pero que según su doctrina lo que importaba era el contenido y la orientación del régimen, y no la forma de gobierno. Esta postura creará polémicas con otros medios como el diario ABC, defensor a ultranza de la institución monárquica.

Cuando se creó Acción Nacional, intentó formar una poderosa fuerza de derecha, luego denominada Acción Popular (por no estar autorizado el empleo del término nacional para designar instituciones u organismos no estatales), siendo designado Herrera el primer presidente de su junta directiva. Presentado como candidato a las elecciones a Cortes Constituyentes por Madrid, no resultó elegido.

En 1933 abandonó la dirección de El Debate y fue nombrado presidente de la Junta Central de Acción Católica, fundando también el Centro de Estudios Universitarios y el Instituto Social Obrero. En 1935, dimitió de la presidencia de la Asociación de Propagandistas y de la dirección de la Escuela de Periodismo de El Debate, y en 1936, antes del comienzo de la Guerra Civil, marchó a la ciudad suiza de Friburgo, donde comenzó la carrera eclesiástica en el seminario de San Carlos, siendo ordenado sacerdote el 28 de julio de 1940.

No volvió a España hasta el año 1943, en que fue designado coadjutor de la parroquia de Santa Lucía en Santander. En esta ciudad creó un centro de estudio para sacerdotes jóvenes, del que saldrían varios futuros obispos.

Desde una posición indirecta y de forma vocacional no abandonó la política y en 1945 fue enviado a Roma y Lausana por el ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín-Artajo, para sondear la actitud de la Santa Sede sobre un hipotético acuerdo entre el general Franco y Juan de Borbón. A partir de 1945 Franco encontró colaboradores activos con el régimen entre varios miembros de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas.[2]​ Hasta esa fecha la asociación no fue rehabilitada de nuevo, aunque la necesidad de mostrar ante la nueva Europa de posguerra le llevará a buscar entre esta asociación a «políticos católicos que modificaran la imagen exterior del sistema».[3]

En 1947 fue nombrado obispo de Málaga. En esta diócesis, a través de sus homilías dominicales, quedó reflejado su pensamiento social, muy influido por la doctrina de León XIII. En esta provincia creó más de doscientas escuelas-capilla rurales, para la formación de jóvenes analfabetos.

En 1958 le fue concedido por la Escuela de Periodismo de la Iglesia el título de Periodista de Honor.

Asistió al Concilio Vaticano II, participando en los debates sobre El esquema de la Iglesia y el mundo moderno, y, al cumplir los setenta y cinco años, dimitió de la sede malagueña a petición del papa Pablo VI y el 25 de enero de 1965 fue elevado al cardenalato. A su fallecimiento fue enterrado en la catedral de Málaga.



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