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Anunnaki



Los anunnakis (antigua transcripción acadia por el sumerio Anunna, que significa si "Hijos de Anu"[1]​) son un grupo de deidades sumerias y acadias identificadas en los textos con los anunnas y los igigis, dioses menores.

Originalmente pertenecían al panteón de la ciudad de Nippur. Se mencionan también en Lagash y en Eridú. En esta última ciudad los anunnas eran cincuenta.[2]

Según la mitología mesopotámica, los anunnas eran, inicialmente, los dioses más poderosos y vivían con Anu en el cielo. Posteriormente, sin que se haya establecido un motivo claro de este cambio, fueron los igigis los considerados como dioses celestes mientras el término anunna se empleaba para designar a los dioses del inframundo, especialmente a siete dioses que hacían la función de jueces en el inframundo.[3][4]

En el mito de Atrahasis se afirma que, antes de la creación del ser humano, los dioses tenían que trabajar para vivir. Entonces, los anunnas lograron que una categoría de dioses inferiores, los igigis, trabajaran para ellos, hasta que se rebelaron y se negaron a seguir trabajando, entonces decidieron exterminarlos. Enki creó a la humanidad para que esta asumiera la responsabilidad de realizar las tareas que los Igigi habían abandonado y a través del "culto" suministrarían el alimento y oro a los dioses.[5]

En el poema Enûma Elish, fue Marduk quien creó la humanidad y después dividió a los anunnas entre el cielo y la tierra y les asignó tareas. A continuación, los anunnas, agradecidos a Marduk, fundaron Babilonia y edificaron un templo en su honor, llamado Esagila.[6][2][7]

En el Poema de Gilgamesh, la morada secreta de los anunnas estaba en el Bosque de los Cedros.[8][9]

En la versión sumeria del Viaje de Inanna a los Infiernos, los anunnas ejercen una labor de jueces del inframundo y condenan a muerte a la diosa Inanna en su enfrentamiento contra su hermana Ereshkigal.[10]

La reinvención del término de los «anunnas» a través de su forma acadia, «anunnaki», surgió en 1964, tras la publicación del libro Mesopotamia antigua: retrato de una civilización muerta, del asiriólogo Adolph Leo Oppenheim, quien popularizó este concepto.[11]

El azerbayano Zecharia Sitchin publicó una decena de libros conocidos como Crónicas de la Tierra a partir de los años 1970. En ellos, supuestamente quedaban traducidas tablas sumerias de escritura cuneiforme y textos bíblicos en su escritura original.[12]

En el libro El 12.º planeta narra la llegada de los anunnakis a la Tierra procedentes de un supuesto planeta llamado Nibiru hace unos 450 000 años: seres altos de unos 3 metros de altura de piel blanca, cabellos largos y barba, quienes se habrían asentado en Mesopotamia y que, por ingeniería genética, aceleraron la evolución del Neanderthal a Homo Sapiens aportando su propia genética, por la necesidad de tener trabajadores esclavos.

Según los escritos de Sitchin, la tecnología y poder de los anunnakis aún no habría sido superada, planteando que podían efectuar viajes espaciales y manejar la ingeniería genética hace 450 000 años, y que habrían dejado sus rastros en toda la Tierra con tecnología aún desconocida, por ejemplo, en la construcción de pirámides (egipcias, mayas, aztecas y chinas), en el círculo megalítico de Stonehenge, en el "puerto espacial de Baalbeck", en las líneas de Nazca y en Machu Pichu.

Las suposiciones de Sitchin han sido descartadas por una inmensa mayoría de científicos, historiadores y arqueólogos, que están en desacuerdo con su "traducción" de textos antiguos, equivocada en muchos casos -cuando no directamente inventada- y su comprensión errónea de la física.[13]



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