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Carlota Joaquina



Carlota Joaquina Teresa Cayetana de Borbón y Borbón (en portugués Carlota Joaquina de Bourbon e Bourbon); (Aranjuez, 25 de abril de 1775 - Palacio de Queluz, 7 de enero de 1830)[1]​ fue una Infanta de España por nacimiento, y reina de Portugal y de Brasil a través de su matrimonio con el rey Juan VI.[1]

Carlota Joaquina fue la hija primogénita del rey Carlos IV de España y de su esposa, la princesa María Luisa de Parma.

El 8 de mayo de 1785, con apenas diez años de edad, fue casada con el príncipe Juan de Portugal, segundo hijo de María I. Durante sus primeros años en Portugal, circularon muchos rumores en la corte que decían que Carlota Joaquina nunca podría llegar a tener hijos porque era muy débil, enfermiza y pequeña de estatura. Incluso se llegó a decir que la corte portuguesa iba a anular el matrimonio y a mandar a Carlota Joaquina de regreso a España para que el príncipe Juan pudiera casarse con otra princesa, aunque finalmente no sucedió así.

En 1788, al morir el heredero de la corona portuguesa José, Príncipe de Brasil, Juan pasó a ser el primero en la línea de sucesión.[1]​ Por locura de la reina María, su madre, el príncipe Juan recibió la regencia del reino a partir de 1792.[1]​ Con ello, Carlota Joaquina se convertía en princesa consorte-regente de Portugal. Este cambio en los acontecimientos convenía al carácter ambicioso y a veces violento de Carlota. En la corte de Lisboa se inmiscuiría frecuentemente en asuntos de estado, procurando influir en las decisiones de su marido.[1]​ Las ambiciones de la española desagradaban a la nobleza portuguesa y llegaron a oídos del mismo pueblo; más aún, las desavenencias conyugales de Carlota Joaquina empezaron a tomar carácter político. Juan VI descubrió en 1806 que Carlota Joaquina urdía una revuelta palaciega para tomar el poder, por lo que la expulsó del Palacio Real de Mafra y la envió bajo libertad vigilada al palacio de Queluz, en las afueras de Lisboa.[1]

En 1808 Juan VI dispuso la huida, rumbo a Brasil, de la familia real portuguesa; escapaban así de la invasión de Portugal por el ejército de Napoleón Bonaparte. Arribados a Río de Janeiro instalaron allí la corte; esto, empero, no terminaría con las intrigas y ambiciones de Carlota Joaquina.[1]

Entre 1808 y 1812, Carlota Joaquina pretendió reemplazar a su hermano Fernando VII como regente de España en tanto durara la prisión de este y la usurpación del trono español por parte de José Bonaparte. Alegaba Carlota ser la única integrante de la familia de Carlos IV que no estaba apresada por los franceses. Su cercanía al virreinato del Río de la Plata provocó la creación de un partido carlotista en Buenos Aires, el cual pretendía valerse de Carlota Joaquina para conseguir la independencia del territorio del Río de la Plata, más tarde la Argentina. En efecto, Carlota Joaquina aspiraba también a aprovechar la invasión napoleónica de España para asegurarse un trono para sí misma en América del Sur; una vez más alegaba la prisión de su padre y hermano en Francia y acariciaba la ambiciosa idea de escapar a las limitaciones que le imponía su esposo portugués.[1]

En estos planes contaba con el apoyo del almirante Sidney Smith, comandante de la estación naval británica en el Atlántico Sur pero finalmente la interferencia de la diplomacia británica encabezada por Lord Strangford y la política expansionista de su esposo hicieron fracasar el proyecto. Juan VI determinó que, si su esposa era proclamada regente de España, entonces el propio rey portugués tendría derechos sobre el Virreinato del Río de la Plata como esposo de la regente. Esta insinuación de Juan VI hizo que el plan perdiera todo apoyo en Buenos Aires, donde no se deseaba caer bajo dominio portugués. Por otra parte, la ocupación francesa en España hacía que Gran Bretaña rechazara la existencia de una regente española en Buenos Aires en contraposición al restaurado Fernando VII.[1]

En 1820, una revolución ocurrida en Oporto exigió la vuelta de la familia real portuguesa a la metrópoli. Juan VI y Carlota Joaquina regresaron a Portugal al año siguiente, pero su hijo y heredero Pedro de Braganza no sólo decidió quedarse en Brasil, sino que en 1822 proclamaba la independencia de dicho país asumiendo el trono como emperador Pedro I de Brasil. El rey Juan VI falleció súbitamente en marzo de 1826.[1]​ Hay quienes creen que fue envenenado, sospechándose de la reina Carlota Joaquina o de su hijo Miguel, en una conspiración para ocupar el trono.

Carlota Joaquina falleció víctima de un cáncer de útero.

De su matrimonio con Juan VI, Carlota Joaquina tuvo nueve hijos, a saber:




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