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Chicas muertas



Chicas muertas es un libro de crónica y no-ficción de la escritora argentina Selva Almada, publicado en 2014 bajo la editorial Random House.[1][2][3]​ El libro narra los femicidios de Andrea Danne, María Luisa Quevedo y Sara Mundín en las provincias de Entre Ríos, Córdoba y Chaco, respectivamente, en la Argentina durante los años ochenta.[3][4]​ Asimismo, Almada intercala en el texto anécdotas personales respecto a la violencia de género, como la vez en la su padre intentó atacar a su madre y esta le clavó un tenedor a este en el brazo como defensa;[1][3]​ o el momento en el que ella, con trece años, se enteró del femicidio de Andrea Danne.[3][5]

El libro fue bien recibido por parte de la crítica,[2]​ fue finalista del Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón a la mejor obra de no-ficción de género negro,[2][6]​ y proyectó a Almada como escritora feminista.[5][7][8]

Almada escribió Chicas muertas tras una investigación que pudo realizar gracias a la beca que recibió por parte del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 2010,[5]​ en la que, teniendo como referencia las novelas de no-ficción A sagre fría y El empampado Riquelme (de Truman Capote y Francisco Mouat, respectivamente),[5]​ viajó a las provincias y lugares en los que acontecieron los femicidios, leyó los expedientes de los casos y entrevistó a cualquier persona que pudiese brindarle información respecto a los crímenes.[5]​ Sin embargo, en el momento en el que Almada se quedó sin presupuesto para continuar investigando, la escritora recurrió a una vidente para proseguir su investigación.[5]​ De su tiempo con ella, la autora comentó:[5]

Respecto a si la escritora quería visibilizar la violencia hacia la mujer en el libro desde un primer momento, Almada dijo:[7]

Almada en una entrevista, por su parte, comentó acerca de a cuándo fue que le empezó a interesar la violencia de género —tema presente en el texto—:[8]

Chicas muertas, fue en 2015 finalista del Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón a la mejor obra de no-ficción de género negro.[2][6]

Luisgé Martín para el diario español El País, dijo que la obra «además de útil, es literatura en estado de gracia»,[2]​ mientras que Cristián Alarcón, para el mismo medio, llamó «original y novedosa» a Almada y dijo que esta «ha seducido con un estilo entre poético y realista. Su literatura pone los pelos de punta».[2]

La revista española El Cultural llamó a Chicas muertas «una crónica tensa, exacta, que afronta con seriedad un tema aun más serio».[2]​ Por su parte, el diario argentino Página/12 dijo lo siguiente del libro: «Lejos de la crónica policial, ésta es una historia íntima, una suerte de negativo de la autobiografía de una mujer joven mirando a otras mujeres jóvenes, y cómo todas son vistas desde una sociedad donde la misoginia y la violencia contra ellas es aún hoy cosa de todos los días».[2]



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