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Clasicismo



Clasicismo es la denominación historiográfica de un movimiento cultural, estético e intelectual, inspirado en los patrones estéticos y filosóficos de la Antigüedad clásica (simplicidad, unidad, sobriedad -decorum-, racionalidad, armonía -equilibrio de las proporciones, concordia oppositorum-, mímesis -imitatio naturae-,[3]​ "el hombre como medida de todas las cosas" -homo omnium rerum mensura est-), que se desarrolló de forma simultánea a los distintos estilos artísticos y movimientos literarios[4]​ de la Edad Moderna.

Viaje del Parnaso, de Miguel de Cervantes.

L'art poëtique, de Nicolas Boileau.

Molière como Julio César, de Nicolas Mignard.

Se expresó en todos los dominios del arte, desde la literatura y la música en sus distintas manifestaciones hasta las artes visuales llamadas "bellas" o "mayores" (arquitectura, pintura y escultura) y las llamadas "decorativas" o "menores" (mobiliario, moda). Aparece junto con el Manierismo, que a su vez dio paso al Barroco y este al Rococó; siendo renovado a través del Neoclasicismo y atacado por el Romanticismo.[5]​ Siguió siendo la tendencia dominante en las artes y el pensamiento occidentales durante los siglos XVIII y XIX, en su vertiente institucionalizada en las academias (el academicismo), mientras que durante el siglo XX tanto el mercado del arte como el ámbito institucional acabaron asumiendo el rupturismo de las vanguardias.

Fundación y Estatutos de la Real Academia Española, 1715. En la ilustración, el lema de esa institución: limplia, fija y da esplendor.

Viage fuera de España, de Antonio Ponz.

Sello de los custodios de la Academia de la Arcadia.

Diccionario de la Academia Francesa de 1835. En la ilustración, el edificio del Instituto de Francia, sede de esa institución.

Como su propio nombre indica, el clasicismo se inspiró en los patrones del arte y el pensamiento del mundo clásico (la Antigua Grecia y la Antigua Roma). No obstante, el clasicismo de la Edad Moderna tiene sus orígenes más inmediatos en la continuidad de movimientos culturales surgidos en la Baja Edad Media: los valores del Renacimiento, junto a la búsqueda del conocimiento y la perfección que caracterizan al humanismo. El clasicismo asume todo ello y lo convierte en un nuevo canon que aspira a lograr la perfección absoluta a través del arte.

El Orfeo, de Monteverdi, la primera obra del repertorio operístico (1609, periodo del Barroco).

Representación del Orfeo y Eurídice de Gluck.

Haydn y Mozart, los principales compositores del clasicismo musical.

De hecho, se denomina también "Clasicismo" a una fase del Renacimiento italiano: el Renacimiento pleno del primer cuarto del siglo XVI, cuando convivieron las figuras de "los cuatro grandes" (Leonardo, Bramante, Rafael y Miguel Ángel) que hicieron pasar el centro del arte de Florencia a Roma (los tres últimos, mientras que el primero terminó sus días en Francia, que se abrió a la influencia italiana -escuela de Fontainebleau- como toda Europa -Renacimiento nórdico, Alto Renacimiento español-).[6][7]

El condottiero Gattamelata, de Donatello.

Andrea Doria como Neptuno, de Bronzino.

Carlos V y el Furor, de Leone Leoni.

Retrato mitologizado de Francisco I de Francia, de Nicoletto da Modena.

Representación pictórica de la destruida estatua ecuestre de Luis XIV, de Girardon.

Retrato de Madame Raymond de Verninac, de Jacques Louis David.

El clasicismo tuvo en el comienzo del siglo XVII una contradicción con el Barroco, inicialmente en el terreno de la pintura (los Carracci o Guido Reni frente a Caravaggio) y que con el paso de los años se extendió, como batalla de ideas, al terreno de la literatura, justo cuando los cánones barrocos la dominaban casi por completo. El clasicismo se impuso en el campo de las letras a finales del siglo XVII, quedando fijado en el ensayo de Boileau L'art poëtique (El arte poética), (1674).[8]​ En él, aboga por una literatura emocional que llegue a los sentimientos del lector/espectador, pero que lo haga a través de los filtros del intelecto. De esta forma, Boileau carga contra los excesos de lo que posteriormente se denominará Barroco y Rococó, y apuesta por la recuperación de la solemnidad clásica y de los valores de la armonía y el equilibrio que dominaron la literatura de la Antigüedad. Se busca la armonía y el equilibrio entre el fondo y la forma, el control consciente en el desarrollo de los temas y el sentido de orden racional y proporción formal.

El origen del término parece provenir del uso de la palabra classicus por Aulo Gelio en Noches áticas (siglo II), quien deriva su sentido inicial (la "primera clase de ciudadanos" que era llamada en primer lugar a votar en los comicios romanos) para denominar classicus scriptor a los escritores que considera excelentes. A comienzos de la Edad Media el término classicus se emplea en contraposición a modernus, para encomiar la simplicidad e intemporalidad de los antiguos "clásicos" frente a la afectación y trivialidad de los "modernos" del siglo V o VI. A lo largo de la Edad Media, la frecuente veneración de los "clásicos" convertidos en autoridades indiscutibles de la escolástica, añadió un nuevo significado que llegó a pasar incluso como etimología falsa: la de "clásico" como "estudiado en las clases" de las escuelas o colegios (los studia generalia) y por tanto sinónimo de "escolar"; es decir, lo digno de estudio y modelo para la juventud. La utilización de los términos "clásico" y "clasicismo" para designar al ideal estético y a la época llegará en los siglos XVI, XVII y XVIII.[9]​ El término francés classicisme parece haberse acuñado a posteriori por los románticos en su reacción contra las reglas académicas, apareciendo en primer lugar en Racine et Shakespeare de Stendhal (1823-1825) y algo después en el prefacio de Cromwell de Victor Hugo (1827).[10]

En el teatro, la llamada "batalla de Hernani" (28 de febrero de 1830) marcó el punto culminante del enfrentamiento entre las dos tendencias.



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