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Confidencias de un ruletero



Confidencias de un ruletero es una película mexicana de cine de comedia dirigida por Alejandro Galindo de 1949 y protagonizada por Adalberto Martínez "Resortes", Lilia Prado, Julio Villarreal y Conchita Gentil Arcos.[1][2][3][4][5][6]

La película constituyó el primer papel protagónico de la actriz Lilia Prado.[7]

Lauro Escamilla y Cejudo es un taxista —llamado coloquialmente en la época "ruletero"— en la Ciudad de México. Tiene una madre y un hermano obrero, y una hermana a la que éste riñe por celos. Un pasajero muere en su taxi y Lauro deja el cadáver en la avenida Ámsterdam 240, en la colonia Condesa, ya que el pasajero le había indicado dicha dirección. El taxista halla un broche caro en su auto, intenta venderlo en una casa de empeño y es detenido por la policía. Mimí, dueña del broche perdido y de un salón de belleza, lo exculpa del robo. Luego, lo persigue por el bosque de Chapultepec hasta que lo aborda y le pide que le informe sobre el muerto que bajó y a cambio de la información le da dinero. Luego va al salón de baile Smyrna con su vecina Rosa a bailar, la que intenta darle celos con Luis, un cliente del lugar.

Confidencias de un ruletero fue rodada en los Estudios Azteca a partir del 18 de abril de 1949 y fue estrenada en el Cine Orfeón el 16 de diciembre de ese mismo año.[2]​ La producción corrió a cargo de César Santos Galindo y de Cinematográfica Azteca. La asistencia de dirección fue de Winfield Sánchez. El guion fue del director Galindo según un argumento suyo y de Gunther Gerzso, quien también hizo la escenografía. La edición fue de Carlos Savage, la dirección musical de Raúl Lavista, con participación de boogies y guarachas de Leopoldo Olivares, la fotografía de Domingo Carrillo, el sonido de Rodolfo Benítez y Enrique Rodríguez, el vestuario de Pablo Rubio y el maquillaje de Noemí Wallace.[1][2]

La revista Cinema Reporter destacó el humor de la película y el realismo de la trama. "Se muestran tipos mexicanos, costumbres mexicanas con sabor nuestro, sin mixtificación ninguna. Todo lo que ocurre en estas magníficas y sensacionales Confidencias de un ruletero ha ocurrido... o le puede ocurrir a cualquiera".[8]​ Emilio García Riera destacó que la película luce a la Ciudad de México en diferentes paisajes.



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