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Conflicto territorial en el mar de la China meridional



Se conoce con el nombre de conflicto territorial en el mar de la China Meridional a la reivindicación de islotes y archipiélagos por parte de la República Popular de China (o China continental), la República de China (o Taiwán), Vietnam, las Filipinas, Malasia y Brunéi, de la zona meridional del mar de la China, también denominada de otras maneras según el punto de vista que se lo considere.

Estos islotes y archipiélagos no están habitados, a pesar de la presencia de bases militares que, por otro lado, junto con el comercio, son el eje central del conflicto en cuestión.

China reivindica la línea que en los años cuarenta delimitó el antiguo gobierno nacionalista chino y que todos los países vecinos rechazan. Dentro de esta línea se encuentran las islas Paracelso, pero sobre todo las islas Spratly, la mayoría islotes de rocas que hoy están en manos de varios países con enfrentamientos militares. La importancia de esta reivindicación es que si fuera aceptada internacionalmente convertiría el mar de la China Meridional en aguas territoriales chinas, y no internacionales como son ahora. Y esto le permitiría a China controlar la navegación de los barcos. Esto implicaría tener el control sobre la mitad del total de toneladas que se mueven en el mundo.[1]

Los otros estados de la zona son completamente contrarios a esta reivindicación, que hasta el 17 de febrero del 2016 era estrictamente diplomática. Por ejemplo, la zona que reivindica la China choca con Singapur en su talante comercial. China, en concreto, mantiene sesenta y un conflictos abiertos con los estados vecinos. Es importante remarcar que hay unos cuántos con los Estados Unidos, por unos islotes que allí poseen, y este hecho puede determinar la gravedad del conflicto. Los norteamericanos se han otorgado el papel de defender la libre circulación de barcos por la zona.

La mitad del tránsito comercial mundial pasa por este corredor, como también la mayor parte del petróleo que consumen los países asiáticos. Si China convirtiera este mar en aguas internas, en vez de aguas internacionales cómo son ahora, su poder sobre el comercio de todo el mundo sería inmenso. Las islas Paracelso, al norte, se las disputan unos cuántos países, sobre todo Vietnam y las dos Chinas, pero la presencia militar china es indiscutible. No pasa esto mismo en las Spratly, con la enorme dificultad que ello significa, donde varios países —Vietnam, China continental, Taiwán, Filipinas, Malasia y Brunéi— controlan las islas, islotes y escollos, haciendo que la situación sea todavía mucho más complicada y volátil en términos militares.

El martes 12 de julio del 2016, según informa la prensa, la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya resolvió que no había «base legal» en cuanto a la reclamación de la China en la disputa sobre el control del área sobre la que China cree tener derecho (en el mar de la China Meridional), después de una reclamación interpuesta en 2013 por parte de Filipinas sobre la disputa del arrecife Scarborough, que la China ubica dentro de su espacio marítimo. La sentencia dio la razón a Filipinas y, según relataba el diario Ara, «advierte que China está interfiriendo con los derechos de pesca de Manila en el arrecife Scarborough, generando serios riesgos de colisión con los barcos de su vecino».[2]

Sin embargo, el gobierno chino respondió rechazando la sentencia, diciendo que no reconocía la legitimidad del tribunal porque no tiene en cuenta elementos históricos. Según informaba el diario Ara, la prensa china reprochaba una campaña de los EE. UU. contra la emergencia de China. Las Filipinas, empero, reaccionaron reclamando a China «contención» en cuanto a sus acciones en el mar de la China, mientras que Japón advirtió al gobierno chino que el tribunal es «vinculante» y la sentencia «definitiva».



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