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Congreso Constituyente de 1856



Congreso Constituyente de 1856 fue un órgano electo para la redacción de la Constitución de México. Fue convocado el 16 de octubre de 1855 por Juan Álvarez y sus sesiones se llevaron a cabo del 14 de febrero de 1856 al 5 de febrero de 1857, esta última siendo la fecha en que se promulgó la Constitución Política de la República Mexicana de 1857.[1]​ La convocatoria del Constituyente tuvo su antecedente directo en el Plan de Ayutla, el cual, además de desconocer el gobierno de Antonio López de Santa Anna, planteó la convocatoria de un congreso extraordinario que permitiera el establecimiento de una república democrática como forma de gobierno.[2]

Estuvo formado por una mayoría de liberales moderados, un activo grupo de diputados liberales y otros conservadores. La Comisión redactora del Nuevo Proyecto de Constitución estuvo integrado por:

El texto de la Constitución de 1857 no satisfacía prácticamente a nadie y los conservadores la rechazaron por irreligiosa e inmoral, y por estar plagada de principios filosóficos abstractos, ajenos al pueblo mexicano. El Congreso Constituyente se reunió del 18 de febrero de 1856 al y para el 5 de febrero de 1857 sería promulgada. El Constituyente trabajó con la intención de reconocer plenamente los Derechos del Hombre dentro del Texto Constitucional como lo consigna Emilio O. Rabasa en su obra “El pensamiento político del Constituyente de 1856 – 1857” de la siguiente manera:

Con el triunfo de la revolución de Ayutla, llegó al poder una nueva generación de liberales. Entre ellos, Benito Juárez, Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Miguel Lerdo de Tejada y Guillermo Prieto. Una junta nombró presidente a Ignacio Comonfort. También convocó a un Congreso que trabajaría en una nueva constitución. El equipo de Comonfort preparó algunas leyes que promovieron cambios importantes. El propósito principal de las Leyes de Reforma era separar la Iglesia y el Estado. El artículo 3° consagró la libertad de enseñanza, además de acotar la necesidad de reglamentar las profesiones que necesitan de título para su ejercicio, para evitar el ejercicio indebido o la usurpación de profesiones. La corriente liberal sentó las bases de la separación entre la escuela y la iglesia, así la libertad de enseñanza proclamada en la constitución de 1857 rompió con el monopolio que el clero ejercía en el plano educativo para abrir paso a escuelas laicas y la construcción sistema educativo público. El laicismo, principio elemental que salvaguarda la autonomía de las actividades humanos, que debe mantenerse en la escuela y la sociedad, sugiere que en la enseñanza pública no debe incorporarse la enseñanza o práctica de culto alguno. En una sociedad global el laicismo debe superar cualquier posición beligerante en torno a las creencias religiosas pero está obligado también a mantener una convicción firme en la defensa del conocimiento científico y del respeto a quienes no profesan ninguna religión. El conocimiento de la época requiere que en igualdad de circunstancias se exponga ante los alumnos el mapa religioso, antiguo y actual, y que cada una de esas opciones sea tratada con respeto y objetividad. El laicismo implica afirmaciones más que negaciones, inclusiones más que exclusiones, su base es clara: la educación debe estar sustentada en los resultados del conocimiento científico y en el resguardo de los valores democráticos y éticos que comparte la humanidad. La Constitución de 1857 se convirtió en la máxima ley que regiría sobre los destinos del país; ninguna otra ley podría estar por encima de ella.

Algunos miembros fueron:

Liberales:

Conservadores



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