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Consenso manufacturado



El consentimiento manufacturado es uno de los sesgos cognitivos del falso consenso y se da en sociedades democráticas en las cuales existe de facto y encubiertamente control sobre la opinión pública.[1]​ A diferencia de otros métodos de control social (represión, autoritarismo, etc.) en este caso es la publicidad y, más abiertamente, la propaganda, quien consigue que los votantes de una sociedad democrática sean espectadores y consientan ser conducidos por la intelligentsia gobernante,[1][2]​ todo ello sin necesaria intencionalidad y bajo la apariencia de un consenso democrático.

La expresión hace referencia a la expresión "fabricación de consentimiento" («manufacture of consent», en inglés) del periodista e intelectual estadounidense Walter Lippmann, el cual en sus ensayos sobre la democracia mencionaba que la toma de decisiones debía reservarse a la élite de "hombres responsables".[3]​ Posteriormente fue incorporada como parte del título de un libro de Noam Chomsky y Edward S. Herman en 1988, Los guardianes de la libertad (Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media, como título original). En el libro se introduce el modelo de propaganda de los medios de comunicación.

El control de la opinión pública no es necesariamente intencionado o dirigido, sino que es un fenómeno cooperativo y emergente asociado a la discriminación de la información publicable de la que no lo es, afectando al interés público.[4][5][6]




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