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Críticas al psicoanálisis



El psicoanálisis ha sido cuestionado desde distintos ámbitos y desde distintas disciplinas. Esta es la lista de algunas de esas críticas.

Karl Popper critica el psicoanálisis en su trabajo sobre la filosofía de la ciencia por basar su teoría en hipótesis no falsables y por replantear la evidencia cuando no confirma las hipótesis, recurriendo a lo infalsable. En su modelo de demarcación de la ciencia, Karl Popper tomó al psicoanálisis como ejemplo de pseudociencia, en contraste con la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Popper observó que mientras las condiciones de refutación de las hipótesis de Einstein estaban determinadas con precisión y Einstein estaba dispuesto a empezar de nuevo si la evidencia no las sustentaba, las teorías de Sigmund Freud eran infalsables y le permitían reinterpretar la evidencia para mantener las hipótesis pese a la falta de sustento empírico.[1]​ Aunque Popper calificaba al psicoanálisis como pseudociencia no sugería que el psicoanálisis no fuera racional o que no fuera valioso. Popper mismo declaró que el psicoanálisis «constituye una interesante metafísica psicológica (y no cabe duda de que hay alguna verdad en él, como sucede tan a menudo en las ideas metafísicas)».[1]

Adolf Grünbaum considera que el psicoanálisis solo es infalsable en la situación analítica por la relación circular que genera en las explicaciones sobre deseos inconscientes. Grünbaum considera que la teoría sí puede ser falsada y que resulta ser falsa.[2][3][4][5]

En los años sesenta, Hans Eysenck recopiló y criticó todos los estudios existentes sobre la efectividad del psicoanálisis. Llegó a la conclusión de que el tratamiento psicoanalítico no supone ninguna mejora sobre la tasa de remisión espontánea (sin tratamiento) de las neurosis.[6][7]

El psicoanálisis trataba de explicar el trastorno autista partiendo de la premisa de que era causado por el estilo de crianza de los padres. Esto hizo que se crearan centros en los que se apartaba a los niños autistas de sus padres,[8]​ y además, se provocaban serios problemas de autoinculpación en los padres y las madres. Además, el término de autismo, así caracterizado, se volvía difuso, sin límites claros, de manera que se abusó de él en el diagnóstico, convirtiéndose casi en una moda.

De entre todos los psicoanalistas que trabajaron el autismo, sobresale Bruno Bettelheim, creador del término "madres nevera" para referirse a la supuesta frialdad de las madres que provocaban el autismo a sus hijos. Bettelheim se vio envuelto en diversas polémicas, entre ellas la acusación de diagnosticar autismo a niños sanos con el fin de internarlos en sus centros. También fue acusado de falsificación de credenciales y de abusos físicos y sexuales a sus pacientes infantiles.[9][10][8]

Las investigaciones científicas posteriores han evidenciado la base neurológica y hereditaria del autismo, demostrando la falsedad de los presupuestos psicoanalíticos acerca de este trastorno: no es el estilo educativo de los padres el que provoca el autismo en los niños, sino que tiene una base biológica.[11]

Actualmente, las guías de buena praxis en el tratamiento del autismo[12][13][14]​ han reemplazado los presupuestos psicoanalíticos por tesis científicas basadas en datos experimentales, y desaconsejan las terapias psicodinámicas.[15][16]

La periodista Karin Obholzer, en su libro The Wolf-Man: conversations with Freud's patient sixty years later sostuvo que hay una gran divergencia entre la evolución de los casos clínicos tal como Freud los relata en sus textos y los casos reales. Ella investigó el caso de Serguéi Pankéyev. Pankéyev sufría de una grave neurosis y pesadillas recurrentes que le impedían valerse por sus propios medios. Freud interpretó los sueños del paciente, concluyendo que estaban relacionados con un trauma sexual de su infancia. Según Karin Obholzer, Freud dijo que tras un largo tratamiento Pankéyev se curó. Posteriormente volvió a enfermar y tuvo un nuevo tratamiento con Freud, ahora totalmente arruinado tras la Gran Guerra y la Revolución Soviética. Karin Obholzer sostiene que no solamente Pankéyev nunca se curó sino que siguió siendo tratado por otros psicoanalistas hasta su muerte y su estado durante ese transcurso empeoró considerablemente y que Pankéyev cobraba un sueldo mensual a cargo de la Fundación Sigmund Freud con el propósito de mantenerlo oculto en Viena para que el fraude no se hiciera público.[17]

Según Muriel Gardiner, Freud y otros psicoanalistas sostuvieron económicamente a Serguéi Pankéyev porque él no tenía otro modo de sobrevivir en la dura posguerra. Ella asegura que otros psicoanalistas volvieron a tratar a «El hombre de los lobos» posteriormente ante otras recaídas en su grave neurosis. Todos esos tratamientos posteriores fueron publicados, incluso las memorias de Serguéi Pankéyev, lo que desmentiría el supuesto ocultamiento al que se refiere Karin Obholzer.[18]

El antropólogo Bronisław Malinowski, como resultado de su investigación de campo en las islas Trobriand, criticó la tesis freudiana acerca de la inmutabilidad del complejo de Edipo, al mismo tiempo que su origen biológico. Freud había propuesto la existencia del complejo en todas las sociedades humanas en su obra Tótem y tabú. Malinowski intentó refutar esta percepción, rechazando el modelo darwiniano evolucionista sobre el cual Freud fundamentó su ensayo antropológico.[19]​ La controversia no fue directamente con Freud, sino que se desarrolló entre Malinowski y Ernest Jones.[20]

Fundamentó su postura estudiando la estructura matrilineal de los trobiandeses la presencia de las madres en la vida de los niños era bastante reducida (dado que las mujeres eran quienes llevaban a cabo las actividades económicas) y que los padres tampoco poseían un papel importante en la sociedad, ni se les reconocía su papel en la procreación. Las funciones de uno y otro progenitor pues, eran realizados por las hermanas mayores y por los tíos maternos de los niños. En esta constelación desarrollaban, generalmente, fantasías sexuales hacia sus hermanas, en tanto que odio hacia los tíos maternos.[21]​ El libro en el que Malinowski expone sus resultados de campo y su crítica a la inmutabilidad del Edipo se titula Sexo y represión en la sociedad primitiva.[19]

La crítica de Malinowski no niega la existencia del complejo como conflicto nuclear del sujeto, sino la universalidad de la disposición del complejo de Edipo al que se refería Freud (en el que la madre era objeto de deseo sexual y el padre de odio por parte del niño), modelo éste que asociaba con la sociedad austríaca. Por su parte, Malinowski sostenía que pueden existir múltiples variantes en dependencia de las relaciones de parentesco que imperen en cada sociedad particular.[22]​ Esta hipótesis es compartida con distintas corrientes actuales del psicoanálisis que consideran el Edipo, tal como lo describió Freud, el característico de su época y sociedad, y que la estructura edípica puede mantenerse aunque roten los lugares y funciones de quienes ocupan esos lugares (familias monoparentales, familias con padres del mismo sexo y otras versiones modernas de las familias).[cita requerida]

Alan Sokal y Jean Bricmont, en Imposturas intelectuales, sostienen que Jacques Lacan utilizó el lenguaje matemático en su teoría del psicoanálisis de manera incorrecta y totalmente fuera de contexto para aparentar un carácter científico.[23]

Otros autores, sin embargo, explican que el uso por parte de Jacques Lacan de un lenguaje matemático significó no el intento de demostrar matemáticamente las afirmaciones del psicoanálisis, sino una representación simbólica de algunas de tales afirmaciones, con la intención de transmitir la estructura misma en su funcionamiento y vaciada de las argumentaciones de las llamadas "novelas" de cada sujeto.[cita requerida]

La respuesta de Sokal es que tal uso simbólico de conceptos matemáticos, muy probablemente desconocidos por la gran mayoría de los lectores de Lacan, es de dudosa utilidad.[23]

Arkady Plotnitsky (profesor de la Universidad de Purdue de teoría literaria) ha señalado que también Sokal y Bricmont se equivocan en su libro, puesto que «algunas de sus aseveraciones concernientes a objetos matemáticos y especialmente sobre los números complejos son incorrectas».[24]

El filósofo Mario Bunge, en su modelo de demarcación de la ciencia, sostiene que el psicoanálisis es un ejemplo de pseudociencia porque carece de consistencia externa. Mientras las diferentes disciplinas científicas interactúan apoyándose las unas en las otras, tanto en sus aspectos teóricos como empíricos, el grave problema del psicoanálisis, consistiría en que se trata de una disciplina aislada del resto del conocimiento, que no interactúa con disciplinas obviamente pertinentes, tales como la psicología experimental, la neurociencia cognitiva y las ciencias biológicas. Según Bunge, el psicoanálisis es incluso incongruente con los descubrimientos de estas disciplinas.[25][26][27]

Sin embargo, el presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Andrés Rascovsky, aclara que la opinión de Bunge es parte de «una línea» de epistemólogos y filósofos, que no coincide con la de otros colegas, como el epistemólogo argentino Gregorio Klimovsky. Según Rascovsky, «con Freud, fue justamente el psicoanálisis el que bregó por un campo científico en medio de una psicología ideologizada». Y explica: «No necesariamente el desarrollo de la ciencia de la subjetividad pasa por el empirismo, por ciencias duras, como dice Bunge. No podemos reducir el psiquismo humano a una combinación biológica ni a una química».[28]

Jacques van Rillaer recopiló ejemplos sobre la forma en que Freud y otros psicoanalistas descalifican a sus críticos empleando argumentos de autoridad y falacias ad hominem.[29]​ Según Van Rillaer el psicoanálisis es considerado una pseudociencia por la psicología cognitiva, la psicología evolucionista, la biología molecular, la neurobiología y la psiquiatría actual. Le critican el hecho de que se basa en teorías obsoletas e hipótesis que carecen de apoyo empírico. Ejemplo de ello son sus construcciones metapsicoanalíticas: el complejo de Edipo, el complejo de castración, la Envidia del pene o la Pulsión de muerte, no poseen base empírica o científica.[30]

El filósofo Paul Ricoeur sostuvo que el psicoanálisis puede ser considerado un tipo de interpretación textual o hermenéutica. Como los críticos culturales y los estudiosos literarios, Ricoeur sostuvo que los psicoanalistas gastan su tiempo interpretando matices del lenguaje. Clasificó al psicoanálisis como una hermenéutica de la sospecha.[31][32]​ Con esto quiso decir que el psicoanálisis busca el engaño en el lenguaje, y que así desestabiliza nuestra usual confianza en los significados claros y obvios.[33]

Sobre la posibilidad de «procesos de represión de recuerdos», Elizabeth Loftus argumenta que no existe tal represión y que la memoria es perfectamente manipulable, e inclusive falsos recuerdos pueden ser implantados. Estos procesos de implantación de falsos recuerdos, a pesar de la seguridad plena del paciente, son factibles mediante charlas con médicos psiquiatras y/o psicoanalistas, o profesionales de la hipnosis.[34]​ Por otro lado descarta recuerdos denominados «reprimidos» durante el primer año de vida, dado que el hipocampo (que tiene un rol en la creación de memorias) no ha madurado lo suficiente para formar y almacenar memorias duraderas que puedan ser recuperadas en la adultez.[35]

El síndrome del falso recuerdo que postula la fundación de la falsa memoria (FMSF) y la hipótesis de Loftus de la posible implantación de falsos recuerdos por parte de psicoanalistas fue muy cuestionado durante la década de los '90 y ha suscitado muchas controversias.[36][37][38][39]​ Carece, por el momento, de reconocimiento científico y no aparece ni en el CIE-10 ni en el DSM V.[40][41]

Catherine Meyer argumenta que la persistencia del psicoanálisis, entre otras causas, es debido al fuerte poder de lobby o grupos de presión que tienen las diferentes asociaciones psicoanalíticas.[42]



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