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Diptongos



Un diptongo es una cadena sonora que consiste en la articulación de dos vocales, una a continuación de la otra,[1]​ sin interrupción y produciéndose una transición suave en las frecuencias sonoras que caracterizan los timbres de cada una de las dos vocales. Fonológicamente dos vocales articuladas de esa manera forman parte de la misma sílaba.

En un diptongo los formantes acústicos tienen una transición suave desde un punto del área vocálica a otro, lo que les da su naturaleza de diptongos. Esto corresponde a una articulación en que la lengua se mueve entre distintos puntos durante la emisión del diptongo. Los dos puntos extremos de la articulación son percibidos como las dos vocales que forman el diptongo. En el espectrograma de un hiato no se observa la zona de transición, razón por la que fonéticamente son diferentes.

Si bien la mayor parte de las lenguas del mundo tienen en su repertorio diptongos fonéticos, existen algunas lenguas que carecen por completo de diptongos. La calidad de las vocales que pueden formar diptongo varía de una lengua a otra.

Un hiato es en cierto modo lo opuesto a un diptongo, ya que es un contacto de dos vocoides (sonidos de tipo vocálico) que no forman sílaba; es decir, es la pronunciación separada de dos vocales, en que cada vocal pertenece a una sílaba distinta. En muchas lenguas es frecuente que lo que es un hiato en pronunciación formal se convierta en diptongo en pronunciación informal.

Cuando se analiza el espectrograma de los diptongos, y para analizar su articulación, se muestra que las propiedades de ambas vocales son modificadas, especialmente porque existe un tiempo de transición de una vocal a la otra. En muchas lenguas una de las vocales es dominante y puede ser fonéticamente algo más larga que la otra, y puede ocurrir que la otra vocal pierda fuerza en su articulación.

Cuando hay vocales juntas en una misma palabra, podemos estar ante 3 casos distintos: diptongo, hiato o triptongo.

En español dos vocales en contacto se articulan como diptongo cuando:

Si bien los diptongos más frecuentes son los primeros (cianuro y terapeuta son ejemplos), también aparecen con recurrencia aquellos formados por dos vocales cerradas, como en el caso de ruiseñor o ciudad.[2][3]​ En el caso de los diptongos formados por una vocal abierta y otra no tónica, existe una subclasificación en la que se pueden separar entre diptongos crecientes y decrecientes. Los primeros se dan cuando la vocal cerrada antecede a la abierta y los segundos cuando se da a la inversa. Por ejemplo, la palabra hiato es un diptongo creciente pues la vocal cerrada i aparece antes que la vocal abierta a en la secuencia ia, sin embargo, veinte es un diptongo decreciente, dado que la vocal abierta e precede a la vocal cerrada i en la secuencia ei.[4]

En algunas variedades de español existen más palabras con diptongo que en otras variedades, y así, en español de México, el Caribe, el Cono Sur y otros muchos lugares, es frecuente oír que palabras donde, según la escritura, concuerdan dos vocales abiertas, como en toalla o asear, se articulen como [ˈto̯aʝ̞a~ˈtu̯aʝ̞a] o [aˈse̯aɾ~aˈsi̯aɾ], mientras que en variedades más conservadoras se mantiene el hiato.

Se dice en español que dos vocales abiertas contiguas forman hiatos (aunque en algunas variantes dialectales dos vocales abiertas pueden formar diptongo como se ha descrito más arriba). Ejemplos de hiatos por tratarse de una vocal abierta y otra cerrada: tío, púa. Sin embargo, es común que esas mismas combinaciones actúen como diptongos en el castellano oral, por ejemplo en las 2 últimas vocales de línea, que se suelen considerar un hiato a partir de su escritura, pero que en la práctica se pronuncian generalmente como un diptongo. Sin embargo, según la Real Academia el uso oral de estas separaciones no afecta a la grafía estándar a partir de la edición de 2010, cuando se llegó a un consenso.[5]

Al unirse una vocal fuerte (e, a, o) y una débil (i, u), siempre y cuando la débil no sea tónica (p.ej. Caín), se forma un diptongo.[1]​ (Los términos "fuerte" o "débil" aluden a la posición de los órganos articulatorios). Dependiendo de la secuencia de las vocales en la sílaba, se puede hablar de dos subtipos de diptongos:

En español pueden ocurrir diptongos fonéticos con dos vocales abiertas o medias. Este fenómeno es muy común en todos los dialectos del español. Aunque según la escritura son hiatos, actualmente son pronunciados como diptongos por la mayoría de los hispanohablantes [cita requerida] de América:

Estos diptongos, llamados diptongos homogéneos, están formados por la unión de las dos vocales cerradas (i, u):[1]

La Real Academia distingue tres supuestos:[6]

La Real Academia Española (RAE) dice que los vocablos cuento (cuen.to) y cruento (cru.en.to) demuestran que la función de la tilde no es la de marcar qué palabras forman hiato y cuáles diptongo. De ser esa su función, deberíamos escribir *cruénto. Del mismo modo se han de escribir sin tilde tanto miel (palabra monosilábica en la que el énfasis cae en el grupo vocálico ie) como riel (palabra bisilábica en la que el énfasis cae en la vocal e).

Por lo dicho, debe quedar claro que la tilde no marca el énfasis sino algo distinto: El acento ortográfico, para la RAE, marca solo en qué sílaba ha de recaer el énfasis. Así ocurre en las palabras batería (ba.te.rí.a), hastío (has.tí.o) y confíe (con.fí.e). La tilde nos sirve para no decir *ba.te.ria , *con.fie o *has.tio.

La palabra huir es formalmente tanto un monosílabo como un bisílabo para la RAE, pero en el norte de España se pronuncia de forma muy generalizada en dos sílabas *hu-ír (bisílaba). E igualmente el vocablo, rehuir, que formalmente puede ser tanto un bisílabo como un trisílabo para la RAE, se suele pronunciar en tres (por lo menos en el norte de España): *re-hu-ír. La RAE no ve la necesidad de la tilde, por entender que todas esas pronunciaciones son válidas y que debe regir un principio de economía (con la idea de no llenar de tildes antiestéticas un texto).

En latín clásico solo existían tres diptongos decrecientes AU, AE~Æ, OE~Œ [au̯, ae̯, oe̯] en palabras nativas y en préstamos griegos se daban también EU, EI (Eurōpa, Eirenē). En latín arcaico habrían existido seis diptongos decrecientes /*ai, *au, *ei, *eu, *oi, *ou/ aunque muchos de estos monoptongaron: /*eu, *ou/ > /ū/ (*leuks > lūx 'luz',*louksna > lūna 'luna'), mientras que otros sufrieron abertura del elemento semivocálico /*ai, *oi/ > [ae̯, oe̯]. Incluso se encuentran algunos casos de /*oi/ monoptongado en /ū/ (*oinos > ūnus 'uno', *poinicos > pūnicus 'púnico, cartaginés' junto a *poi > pœ 'fenicios, cartagineses').

La tendencia monoptongante del latín clásico en los diptongos crecientes, en gran parte continuó en latín tardío. En las lenguas romances los viejos diptongos del latín clásico Æ, Œ monoptongan en latín tardío en /*ɛ/ y /*e/ respectivamente. Además el diptongo AU tiende a monoptongar en prácticamente todos las lenguas protorromances (solo en occitano e iberromance occidental quedan formas residuales que no experimentaron monoptongación.

Sin embargo, la pérdida de diferencia de la distinción fonológia entre vocales largas y breves que se dio en el protorromance, hizo aparecer nuevos diptongos en las lenguas romances (ver reducción y estabilización del vocalismo tónico), esto se dio fundamentalmente en sílabas tónicas. A diferencia del español, muchas lenguas romances carecen de diptongos crecientes, existiendo solo diptongos decrecientes.

Existen muchas lenguas donde los contactos vocálicos se resuelven siempre en hiatos, en esas lenguas pueden existir fonológicamente fonemas como /w, j/ pero nunca son alófonos vocálicos de /i, u/. Un ejemplo es el náhuatl clásico donde dos vocales en contacto siempre se resuelven como hiato así ēi 'tres' se articula como [(j)eː.(j)i] o tlahtoa 'hablar' se resuelve como [tɬ͡aʔ.to.(w)a]. Tampoco el turco admite diptongos en ningún caso.



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