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Elecciones presidenciales de Rusia de 1996



Las elecciones presidenciales de Rusia de 1996 se realizaron el domingo 16 de junio de 1996 y una segunda vuelta el miércoles 3 de julio del mismo año. El resultado fue la victoria del, en ese momento, presidente de Rusia, Borís Yeltsin, quien se presentó como independiente. Yeltsin venció en segunda vuelta al candidato del Partido Comunista, Guennadi Ziugánov, al obtener el 54% de los votos frente al 40% de su contrincante. Su investidura tuvo lugar el 9 de agosto. Análisis y declaraciones posteriores afirman que las elecciones fueron fraudulentas, con el fin de favorecer a Yeltsin.[1]

Desde diciembre de 1995, tras las elecciones legislativas, el Partido Comunista de la Federación de Rusia, principal partido de oposición a Yeltsin, había logrado ser el partido mayoritario en la Duma Estatal, el parlamento ruso. El 9 de enero de 1996, rebeldes chechenos tomaron miles de rehenes en Daguestán y la respuesta de Yeltsin fue vista como un fracaso. La economía rusa, en crisis desde hacía un lustro, continuaba disminuyendo y muchos trabajadores no habían recibido sus salarios en meses.[2]

La valoración pública del presidente Yeltsin estaba un su punto histórico más bajo, y figuraba en el quinto lugar entre los candidatos presidenciales con solo un 8% de apoyo, mientras que el líder del Partido Comunista, Guennadi Ziugánov, tenía un 21%. Cuando Ziugánov se presentó en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) en febrero de 1996, los líderes de los países occidentales lo recibieron y los medios de comunicación de alcance mundial lo trataron como el probable próximo presidente de Rusia. Esta tendencia sembró el miedo en los oligarcas rusos, que temían que la sustitución de Yeltsin por el líder comunista pondría en peligro sus millonarias fortunas recientemente adquiridas. Como resultado, en Davos, el oligarca y multimillonario Borís Berezovski se reconcilió con el magnate de los medios de comunicación, Vladímir Gusinski, para así juntos, hacer frente común contra Ziugánov en las próximas elecciones de junio.

Antes de abandonar Davos, cenaron con Mijaíl Jodorkovski (propietario del gigante petrolero Yukos y de Bank Menatep) y con Vladímir Vinográdov; allí se forjó el llamado «Pacto de Davos». De vuelta en Moscú, se unieron al pacto los oligarcas Vladímir Potanin, Aleksandr Smolenski, Mijaíl Fridman y Piotr Aven. Tras una serie de reuniones, se decidió dejar al cargo de la nueva organización de campaña para la reelección de Yelstin a Anatoli Chubáis, responsable de la privatización de la economía rusa años atrás.[2]

Entre tanto, el 15 de marzo de 1996, la Duma Estatal aprobó una ley que condenaba y declaraba ilegal el Tratado de Belavezha, firmado por Yeltsin y los presidentes de la RSS de Ucrania y la RSS de Bielorrusia. Este movimiento de la Duma tenía una gran importancia, ya que en ese tratado se había firmado la práctica disolución de la Unión Soviética. Debido a esto, Yeltsin consideró incluso cancelar las elecciones, sin embargo, la falta de lealtad del ejército a su persona hizo que Yeltsin fuera persuadido por Chubáis, Pável Grachov y Anatoli Kulikov para no cancelarlas.[2]

Con un apoyo irrisorio, Yeltsin recurrió a diversos medios para tratar de darle la vuelta a la situación: el uso de grandes cantidades de dinero, el control de los medios de comunicación, «oscuras acciones» para interrumpir la campaña y la manipulación en el recuento de votos fueron algunos de ellos. La ley electoral de Rusia limitaba los gastos de campaña de cada candidato a tres millones de dólares (USD). El Partido Comunista cumplió con el límite, simplemente porque ni siquiera tenía los recursos financieros suficientes como para excederlo. En cambio, se estima que la campaña de Yeltsin gastó entre 700 y 2000 millones de dólares. Esta enorme cantidad de dinero procedió de donaciones de oligarcas y otros grupos comerciales con intereses. Una suma aún mayor fue puesta a su disposición indirectamente por Occidente: El Fondo Monetario Internacional, presionado principalmente por Estados Unidos, concedió un préstamo de 10.200 millones de dólares a Rusia en febrero de 1996, lo que permitió al gobierno gastar grandes sumas de dinero para pagar deudas atrasadas y los salarios y pensiones de millones de rusos, que recibieron el dinero poco antes de las elecciones.[2]

A mediados de 1996, todos los principales medios de comunicación, tanto electrónicos como impresos, apoyaban a Yeltsin, ya que eran propiedad o estaban controlados por oligarcas o el Estado. Los medios se llenaron de mensajes a favor de Yeltsin y contra Ziugánov; se insistió en que de resultar Ziugánov elegido, Rusia «volvería a los tiempos de Stalin y el Gulag», miedo que era reforzado por incesantes documentales de televisión que recordaban las represiones de la era estalinista. Los medios de comunicación también dejaron caer que si los comunistas tomaban el poder, Yeltsin daría un golpe de Estado al que seguiría una guerra civil.[2]​ El equipo de campaña de Yeltsin también empleó otras tácticas, como la cancelación de reservas hoteleras a nombre de miembros de la campaña rival, la emisión de falsas invitaciones a conferencias o ruedas de prensa en momentos equivocados o la publicación y distribución de supuestos «programas extremistas comunistas» que resultaron ser falsos.[2]

La primera ronda electoral tuvo lugar el 16 de junio de 1996. Dos días después, Yeltsin nombró al exgeneral Aleksandr Lébed, que había obtenido el 14,7% de los votos y la tercera plaza, secretario del Consejo de Seguridad de la Federación de Rusia y consejero de Seguridad Nacional;[3]​ como contrapartida, Lébed apoyó a Yeltsin en la segunda vuelta de las elecciones. Entre tanto, Yeltsin sufrió un grave ataque al corazón y desapareció de los medios. Su estado se mantuvo en secreto hasta el 3 de julio, día de la segunda vuelta electoral. Durante el intervalo de tiempo, el equipo de campaña de Borís Yeltsin mostraba entrevistas en los medios que nunca se produjeron y mensajes de radio grabados previamente.[2]

Se ha alegado que la victoria de Yeltsin no fue legítima, debido al fraude electoral cometido por su parte. En efecto, los resultados en algunas repúblicas de Rusia, como Tartaristán, Daguestán o Baskortostán, sufrieron cambios muy extraños entre la primera y segunda vuelta.[4]​ Sin embargo, también se ha alegado que aun así, estas repúblicas es poco probable que tuvieran una influencia significativa en el resultado final.[5]

En una reunión con líderes de la oposición en 2012, el entonces presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, dijo que «casi no hay duda de que quien ganó no fue Borís Nikoláievich Yeltsin».[2][6]



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