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Emperador Daigo



Daigo Tennō (醍醐天皇?) (6 de febrero de 88523 de octubre de 930) fue el 60.º emperador de Japón, según el orden tradicional de sucesión.[1]​ Reinó entre 897 y 930.[2]​ Antes de ser ascendido al Trono de Crisantemo, su nombre personal (imina)[3]​ era Príncipe Imperial Atsuhito (Atsuhito-shinnō).[4]

Fue el hijo mayor de su predecesor, el Emperador Uda. Su madre fue Fujiwara no Taneko, hija del Ministro del Centro, Fujiwara no Takafui.[5]

El Emperador Daigo tuvo 21 Emperatrices, Consortes Imperiales y concubinas, y tuvo 36 hijos.[6]

En 897, asume el trono a la edad de 12 años, tras la abdicación de su padre, el Emperador Uda. Es nombrado como Emperador Daigo.

Su reinado duró 34 años y fue uno de los pocos reinados de la era Heian en donde el emperador gobernó de manera directa sin la regencia del clan Fujiwara, aunque él mismo formaba parte del clan.

En 901 ocurre el incidente de Sugawara no Michizane, este suceso se conoce muy poco ya que el propio emperador ordenó que todos los diarios y registros del suceso fuesen quemados.[6]

En el 905, ordenó a Ki no Tsurayuki la compilación de la antología poética Kokin Wakashū, una colección de poesía waka.

También durante su reinado, ordenó la construcción de varios salones en el palacio de Daigo-ji, tales como el salón Yakushi.

Al finalizar su reinado, sucedieron varias calamidades como una severa inundación en Japón en 929;[7]​ en 930 una tormenta severa azota el Palacio Imperial y se incendia tras la caída de rayos, provocando la muerte de varios burócratas y cortesanos, este suceso se creyó que era una maldición hecha por el espíritu de Sugawara no Michizane.[8]

En 930, el Emperador se enferma, y temiendo que iba a morir pronto abdica a la edad de 46 años, a favor de su hijo, el Emperador Suzaku. Una semana después de su abdicación, se recluye a un templo budista y asume el nombre de Hō-kongō, justo después en el mismo día fallece. Fue enterrado en los alrededores del Daigo-ji.

Kugyō (公卿) es el término colectivo para los personajes más poderosos y directamente ligados al servicio del emperador del Japón anterior a la restauración Meiji. Eran cortesanos hereditarios cuya experiencia y prestigio les había llevado a lo más alto del escalafón cortesano.





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