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Encaje de bolillos




El encaje de bolillos es una técnica de encaje textil que consiste en entretejer hilos que inicialmente están enrollados en bobinas, llamadas bolillos, para manejarlos mejor. A medida que progresa el trabajo, el tejido se sujeta mediante alfileres clavados en una almohadilla, que se llama "mundillo". El lugar de los alfileres normalmente viene determinado por un patrón de agujeritos en la almohadilla, también conocido como "picado".[1]

El encaje de bolillos se puede realizar con hilos finos o gruesos. Tradicionalmente, se hacía con lino, seda, lana y posteriormente con algodón. También con hilos de metales preciosos. Hoy en día también se realiza con una gran variedad de fibras sintéticas, con alambres u otros filamentos.

Entre los elementos de diseño que se pueden realizar hay tejidos (tela), redes , trenzas, puntillas, cuadros y rellenos, aunque no todos los tipos de encaje de bolillos incluyen todos esos elementos.

Muchos tipos de encaje se inventaron durante la época de apogeo del bordado (aproximadamente entre 1500 y 1700) antes de que las máquinas bordadoras automáticas estuvieran disponibles.

La aparición de la máquina de bordar diseñada por John Heathcoat en 1806 al principio sirvió de acicate a los artesanos para que inventaran diseños más complicados que las máquinas no podían realizar, aunque finalmente la mecanización dejó sin trabajo a los artesanos casi completamente. La reaparición del bordado es un fenómeno reciente y, en general, es considerado como un hobby (afición, en castellano), aunque sigue habiendo gremios de artesanos que se reúnen periódicamente en lugares como Devonshire (Inglaterra) y Orange County (California). En los pueblos europeos donde el encaje fue una vez una industria importante, en especial, Bélgica, Inglaterra, España y Francia, las encajeras todavía enseñan su arte y venden sus mercancías, aunque su clientela ya no es la misma, de la nobleza más rica se ha pasado al turista curioso.

Algunos estilos de encaje muy conocidos son:


El pueblo de Camariñas daba nombre a los encajes de bolillos que se hacían en toda Galicia (España), y que actualmente vuelven a cobrar auge en la región con el apoyo del gobierno autonómico.

Se empleaba el hilo de lino, que se cultivaba abudantemente en Galicia. En la catedral de Toledo, en la primera mitad de siglo XVI, aparecen compras de hilo gallego, lo que parece indicar que se exportaba al resto de la península.

Es este un encaje del tipo guipur donde las hojas constituyen los elementos básicos de la decoración. Se forman rosas, estrellas, helechos sobre un fondo enrejado hecho con trenzados con virgulitas y cruzados a veces muy complejos que forman vilanos o milanos.

Cuando se utiliza como fondo el punto de gasilla (medio punto, punto de espíritu) se superponen las hojitas de guipur, creando piezas en relieve. Pero también las hay que están hechas solamente con hojas de guipur, sin ningún tipo de fondo.

Aunque en Cataluña se confeccionaba encaje desde el siglo XVI es a partir del siglo XIX cuando el encaje artesano catalán adquiere un gran prestigio. Diversas empresas de encaje ubicadas en Barcelona o en los pueblos de alrededor realizan trabajos de gran calidad. En Cataluña muchas empresas se especializaron en la realización de piezas en blonda, un encaje realizado en seda y los diseños se caracterizaban por los elementos florales. Esta es la técnica que se utiliza para la realización de las mantillas. Una de las grandes empresas de encaje fue la Casa Fiter de Barcelona, fundada en 1845 que participó en numerosas exposiciones internacionales.

Uno de las técnicas propias de Cataluña es el ret fi o encaje de Arenys, una técnica derivada de la blonda realizada en algodón y de color blanco, con diseños geométricos o de dibujos simples. Esta técnica se aplicaba frecuentemente en la indumentaria religiosa: albas, roquetes.

En el siglo XIX el centro más importante de producción en España de blondas, una variante de encaje de bolillos realizada con hilo de seda, se situaba en Almagro, siendo muy renombrado por sus mantillas. Allí, gran número de fábricas manufactureras rivalizaban entre sí, bien por la colección de dibujos, bien por el número, el gusto artístico o el punteado.

El encaje de bolillos y la blonda constituyen una tradición transmitida de madres a hijas y bien conservada en esta villa y algunos otros municipios del Campo de Calatrava, con la que aún se confeccionan sus renombradas mantillas. Existe en Almagro un Museo de Encaje y Blonda de propiedad municipal.



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