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Enriquillo



Enriquillo era el apodo de un cacique taíno que se rebeló contra los españoles; este era conocido por los indígenas como Guarocuya o Huarocuya, mientras que su nombre español era Enrique Bejo. Nació a orillas del lago Jaragua (hoy lago Enriquillo) y era parte de la familia real de Jaragua, su tía Anacaona fue reina de Jaragua y su padre Magiocatex fue príncipe heredero que murió en el año 1504.

Su padre murió en una redada española contra una protesta pacífica de indígenas en Jaragua y el huérfano fue criado en un monasterio en la actual capital de República Dominicana, Santo Domingo. Uno de sus mentores fue Bartolomé de Las Casas; fue encomendado a don Francisco de Valenzuela, pasando al hijo de este, Andrés de Valenzuela, tras su fallecimiento. Su rebelión o guerrilla cubrió un período comprendido entre 1519 y 1533.

La mayoría de los historiadores concuerdan en que Enriquillo y el cacique Guarocuya eran la misma persona (ver Sued Badillo). En tal caso, Enriquillo pertenecía a la alta aristocracia del cacicazgo de Jaragua. Guarocuya era sobrino de Anacaona, hermana del cacique de Jaragua Bohechío y su eventual sucesora cuando Bohechío fue muerto. Anacaona estaba casada con Caonabo quien era el cacique del reino vecino de Maguana. Una minoría de historiadores difieren alegando que Guarocuya fue capturado y ahorcado, mientras que Enriquillo triunfó en su alzamiento. La mayoría de los historiadores creen que ambos rebeldes fueron la misma persona, y que los reportes de la muerte de Guarocuya son idénticos a las versiones más verificables sobre la muerte de Anacaona. Esto brinda la posibilidad de que las historias hayan sido confundidas. También ha sido documentado que Enriquillo estaba casado con la mestiza Mencía, nieta de Anacaona.

Las buenas relaciones entre Cristóbal Colón y los taínos nativos de La Española no duraron mucho, y muy pronto una parte de los indígenas se enfrentaron a la llegada cada vez mayor de españoles a sus tierras. En la primera mitad del siglo XVI ocurrieron varias revueltas, la más famosa de estas en 1522.

A pesar de estar bajo el sistema de encomiendas, en el cual los naborías taínos estaban sujetos a la autoridad de un patrón español, Enriquillo tuvo un buen trato por parte de su encomendero Francisco de Valenzuela, este fue un trato de como un Noble Español trata a otro Noble Nativo.

Según la historia, Enriquillo poseía un corcel y sabía leer y escribir el castellano. Era conocedor de sus autos, fueros o derechos como súbdito de la corona y aún era reconocido como cacique o nitaíno por los otros indígenas. Por ello, servía de capataz para el encomendero y por este tiempo los taínos ya eran denominados "mansos" por los españoles pues ya no había rebeliones.

Sin embargo, cuando falleció el viejo encomendero, su hijo, Andrés, trató a Enriquillo como una mera posesión. Trató de amedrentarlo burlándose de él, trató a Doña Mencía, su esposa, de forma violenta y le desposeyó de su corcel, el cual era reconocimiento de su nobleza taína.

Al tratar de recurrir a los tribunales locales y no recibir justicia, fue azotado frente a todos los otros taínos para dejar claro quién era el amo y quién era el esclavo. Al tratar una vez más de recurrir a otro tribunal de más alto nivel, sus solicitudes fueron denegadas y hasta se le amenazó de muerte.

Según la historia, Enriquillo se quitó la camisa, que representaba su vida en el mundo de los españoles y llevándose a su esposa Mencía y a otros, huyó a las sierras que le habían servido de tierra de recreo.

Comenzó su alzamiento con un gran grupo de taínos en la sierra de Bahoruco y pudieron continuar con la rebelión gracias a su conocimiento de la región. Derrotaban a todas las expediciones enviadas a subyugarlos al contar los españoles con muy pocas fuerzas. Los españoles confiaban que acabarían con los taínos tal como lo habían hecho antes.

Estas buenas nuevas no tardaron en circular por todas partes y muchos taínos se les unieron en la sierra de Bahoruco. Les favorecía que la isla ya no era un punto clave de la colonización, pues los españoles estaban enfocados en la conquista de los pueblos Azteca e Inca.

Ya que los españoles no podían controlar la rebelión, y la colonia era presa del pánico, se firmó un tratado llamado paz de barrio-nuevo dando a los taínos, entre otras concesiones, el derecho a la libertad y propiedad. Sin embargo, esto trajo pocas consecuencias inmediatas, ya que para esta fecha, la población pura taína estaba declinando rápidamente a causa de las enfermedades traídas desde Europa. El propio Enriquillo sucumbió trágicamente a la tuberculosis años más tarde.

Trece años de insurrección del cacique del Bahoruco costaron a la monarquía española más de 40 000 pesos oro. Asaltos, incendios, correrías, muerte de españoles y un peligroso ejemplo para los esclavos, que ya para fines de la década de 1520 sumaban miles en la parte sur de la isla, dedicados a la producción de caña de azúcar. Su estilo de lucha y el método que aplicó de guerra irregular, fue expresión de astucia, paciencia y prudencia; el eficiente servicio de información y abastecimiento que organizó en la región, en las altas montañas de la sierra, le hicieron invencible. Un verdadero jefe militar, gran capitán, capaz de enfrentar y vencer a los representantes de la nación más poderosa del mundo en ese entonces. Su resistencia obligó al rey de España a comisionar a Francisco de Barrionuevo para poner fin, por vía de la negociación o de la fuerza, al largo conflicto que intranquilizaba la colonia.

Enrique del Bahoruco, como se le conocía originalmente, recibió a Barrionuevo, en su primera entrevista, portador de una carta de Carlos y, en la Isla Cabritos, del lago Comendador, hoy lago Enriquillo. Minado por la tuberculosis, “de baja estatura, de complexión física robusta, con rostro severo y feo, picado de viruelas, astuto y callado”, según lo describe Barrionuevo, el capitán invicto, negoció y aceptó parte de los ofrecimientos del monarca español. Esos acuerdos nunca llegaron a ejecutarse a plenitud; el Cacique asumió a partir de ese momento una actitud pacífica. Nunca bajó de la sierra y aunque se habla de una visita a Santo Domingo acompañado de su esposa, nada confirma ese hecho. Convirtiéndose por el éxito de sus negociaciones en el “Libertador de los quisqueyanos”.

Según una antiquísima tradición, el cacique Enriquillo se asentó en el área que es hoy la provincia de Monte Plata, y residió en el yucateque (pueblo) de Boya donde falleció. La tumba del Libertador se convirtió en lugar de peregrinación por parte de los nativos y por esta razón los españoles decidieron construir sobre su tumba la iglesia de Agua Santa de la comunidad de Boya en la Provincia de Monte Plata, para dislocar el verdadero lugar del santuario de semejante líder. También se afirma que el Cacique murió alrededor de 1536 de unos 40 años de edad.

Ahí descansan sin ninguna honra oficial los restos del Libertador de Quisqueya, a pesar del Decreto 6885 del 29 de septiembre de 1950, aparecido en la Gaceta Oficial No. 7193 del 18 de octubre de 1950, que consagra del 27 de septiembre como Día del Héroe de Bahoruco.

Enriquillo nunca creyó en la sinceridad de los conquistadores, así lo dijo al padre Remigio. Sabía, por propia experiencia, que los blancos europeos eran responsables de la desaparición de su raza. Educado por ellos, sabía cómo pensaban y actuaban. Esa convicción lo convirtió en una de las más grandes figuras militares del siglo XVI en las tierras americanas, solo por detrás de Lautaro y Pelantaro en el sur del continente.



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