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Fermier général



Granja General (en francés: Ferme générale) es la denominación de la compañía privilegiada encargada de la recaudación de los impuestos en el reino de Francia desde el siglo XVII, que adquirió su forma definitiva durante el periodo final del Antiguo Régimen y el comienzo de la Revolución, entre 1726 y 1790.

Desde la Baja Edad Media, las monarquías autoritarias y absolutas tuvieron en la Hacienda un instrumento de centralización del poder; pero frente a la dificultad de gestionarla mediante una burocracia pública vieron en el arrendamiento de impuestos[5]​ un sistema que les aportaba considerables ventajas sobre el cobro directo, como la rapidez en el ingreso (o en su caso el ingreso anticipado) y la reducción de los costes en personal administrativo.

En la monarquía francesa, que contaba con fermes (del verbo affermer -"dar" o "recibir una concesión"-)[6]​ de arrendamiento de impuestos desde el reinado de Felipe IV "el Hermoso" (comienzos del siglo XIV);[7]​ fue el duque de Sully, uno de los principales consejeros de Enrique IV desde 1596, quien agrupó el conjunto de los arrendamientos de rentas reales en cuatro asientos generales o fermes para reforzar el control real.[8]

Durante las minorías de Luis XIII y Luis XIV aumentaron de tal forma los abusos que el ministro Jean-Baptiste Colbert se vio obligado a profundizar las reformas del duque de Sully.[8]​ A los impuestos que ya se cobraban Colbert añadió en 1680 la recaudación de los impuestos sobre la sal (gabelles), sobre las bebidas (aides),[9]​ sobre las mercaderías que entraban y salían del reino o de ciertas provincias (entrées y traites),[10]​ y los ingresos de los dominios reales, confiando la recaudación de las siete provincias del centro de Francia a una única sociedad de fermiers.[11]​ Mediante la ordenanza de julio de 1681 unificó los asientos del rey en un único asiento general. En 1691 se constituyó la Compagnie des fermiers généraux o Ferme générale. Se firmaba un arrendamento único por un periodo de seis años, firmado por el controlador general de finanzas, con una sola persona que actuaba como mandatario de los fermiers généraux.[8]​ A los seis años se había de realizar un nuevo arrendamiento, si bien la misma sociedad era la que se lo conseguía, y se perpetuaba en el tiempo.[11]​ Con el objetivo de reunir las cantidades necesarias, los fermiers se asociaban y solicitaban préstamos a socios capitalistas, a los cuales se cedía una parte del interés. Al mismo tiempo, creaban una disciplinada organización para obtener el mayor rendimiento de las percepciones. Se ha calculado que una quinta parte del total de los impuestos recaudados se quedaba en manos de los fermiers. En 1726 la reforma de Colbert, que se había planteado como un recurso temporal, se convirtió en estable.[8]

Había cuarenta fermiers généraux, excepto entre 1756 y 1780 que fueron sesenta. Al tiempo que consiguieron inmensas fortunas, se ganaron una pésima reputación de estarlo haciendo a costa del reino. Sus agentes, apoyados por la justicia y la policía real, eran vistos como exactores tiránicos por la población.[8]​ Su número osciló entre 20 000 y 25 000, en su mayoría soldados ya licenciados.[12]​ Por el contrario, un contrabandista como Louis Mandrin,[13]​ que se les enfrentaba, era visto como un héroe popular.

Anne Robert Jacques Turgot, ministro de finanzas de Luis XVI, intentó abolir la Ferme générale, pero no lo consiguió; siendo su abolición definitiva obra de la Asamblea Nacional Constituyente.[8]

Brigadier des Fermes du Roi.

La barrière Blanche,[14]​ de J. Palaiseau (1819).

Projet pour le siège de la Ferme générale de la rue de Bouloi, de Claude-Nicolas Ledoux (1785).

Et la garde qui veille aux Barrières du Louvre n'en défend pas les rois...

Barrière de Chartres,[15]​ actualmente rotonda del Parc Monceau.

Rotonde de la Villette,[16]​ de Ledoux.

Columnas de la barrière du Trône,[17]​ de Ledoux.

Uno de los dos pabellones de la barrière d'Enfer,[18]​ de Ledoux.

Sobre el plano de París de 1859 se dibuja el trazado del mur des Fermiers généraux (en azul) y las fortificaciones de Thiers (en rojo).

La ciudad de París se rodeó de un muro o cerca fiscal (el mur des Fermiers généraux)[19]​ de 24 km de circuito, que obligaba a someterse al control de los agentes de la Ferme génerale a cuantos quisieran entrar o salir. Se construyó entre 1784 y 1789. Sus 55 "barreras" (barrières)[20]​ actuaban como puertas de París.[21]

En 1784, desarrollando una idea de Lavoisier, los fermiers généraux obtuvieron del contrôleur général des finances Charles Alexandre de Calonne, la consturcción de ese muro, que permitiría hacer pagar los derechos de entrada a un mayor número de consumidores. El proyecto arquitectónico se encargó a Ledoux. La llegada al poder de Necker paralizó las obras el 23 de mayo de 1789. El día anterior a la toma de la Bastilla (14 de julio de 1789) los disturbios se habían centrado en la toma de las barrières, varias de las cuales fueron incendiadas, mientras que el muro fue parcialmente destruido. El primero de mayo de 1791 se abolieron los derechos de entrada en París.

Muchos de los que ejercieron de fermier général[22]​ tuvieron gran importancia no sólo en la vida económica, sino también en la vida política, social y cultural de la Francia del Antiguo Régimen. Muchos actuaron como mecenas de las artes, algunos de ellos haciéndose retratar por pintores como Hyacinthe Rigaud;[23]​ y se ganaron fama de bons vivants[24]​ (particularmente vinculados a la gastronomía, como Louis de Béchameil y los Grimod de La Reynière). Fue muy frecuente que invirtieran sus inmensas ganancias en comprar dominios señoriales y ennoblecerse; y en destacar en la sociedad parisina edificando lujosas residencias (hôtel particulier) donde recibían visitas y alojaban prestigiosas reuniones ("salones"). Algunos se vieron involucrados en escándalos financieros, destacadamente el posterior al estallido de la "burbuja" del sistema Law (1720). Muchos de los fermiers généraux fueron perseguidos durante el Terror, sometiéndoles a juicios que les declaraban culpables de delitos castigados con la muerte en guillotina. Entre ellos estuvo el químico Antoine Laurent Lavoisier, guillotinado el 8 de mayo de 1794.[25]



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