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Galeón San José



¿Dónde nació Galeón San José?

Galeón San José nació en Usurbil.


El San José fue un galeón del Imperio español, construido en 1698 por el duque Arístides Eslava y la familia Eslava, en el astillero de Mapil en Aginaga (Usurbil), Guipúzcoa, España, por Pedro de Aróstegui, con las especificaciones de Francisco Antonio Garrote.[1]​ Zarpó en 1706 junto con otros barcos para el mar Caribe y llegó a Cartagena de Indias después de un mes de navegación.

En 1708 junto con el San Joaquín y otros barcos de la flota española zarpó de Cartagena de Indias hacia Portobelo. El San José fue cargado con lingotes, monedas de oro y plata, además de otras mercancías; todo con un valor total de 11 millones de Pesos en la época. La flota fue atacada por barcos ingleses y se hundió con su cargamento en la Batalla de Barú (en la península de Barú, actual mar de Colombia).[2]

El galeón fue encontrado el 27 de noviembre de 2015 por investigadores del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), personal de la Armada Nacional de Colombia y de Dirección General Maritíma (DIMAR), en las costas cercanas a Cartagena de Indias. El hallazgo fue anunciado por el presidente colombiano Juan Manuel Santos.[3]​ Hay planes de crear un museo en Cartagena con los restos que se extraigan del hallazgo arqueológico.[4]

El galeón San José, nave capitana de la Flota de Tierra Firme, partió junto al San Joaquín, nave almiranta y diez buques de carga desde Cádiz el 10 de marzo de 1706 con destino a Cartagena de Indias. A sabiendas de la presencia de buques ingleses hostiles –se desarrollaba la Guerra de Sucesión Española– el rey Felipe V ordenó que se le brindara una fuerte protección representada en 26 navíos. En mayo arriba el galeón a Cartagena, con la idea de dirigirse a Portobelo, para recoger una gran cantidad de oro, plata, y otros objetos valiosos que provenían del Virreinato del Perú. Sin embargo, su partida a Portobelo se dilataría por dos años. El 2 de febrero de 1708, su capitán, el general José Fernández de Santillán, por fin resuelve partir acompañado de la flota de protección.

En Portobelo se discutió bastante tiempo si era seguro que el galeón zarpara de regreso a Cartagena. Según estaban advirtiendo desde Cartagena, un grupo de naves inglesas estaban merodeando el área. No obstante y a pesar de que la mayoría se negaba a salir, el capitán Fernández determinó que lo más conveniente era zarpar, entre otras razones para no perder la ayuda ofrecida por el general francés Abraham Duquesne, que se ofreció a escoltar en su regreso a España. Además, Fernández consideraba que el galeón y la flota que lo acompañaba estaban suficientemente blindados para repeler el ataque de los ingleses.

Consciente del riesgo, el capitán Fernández zarpó hacia Cartagena el 28 de mayo del mismo año, acompañado por 16 barcos entre los que se destacaban las naves militares San Joaquín, con 64 cañones, y Santa Cruz, de 55 cañones, pero que contaba por el momento con 44. Cabe destacar que el San José era el más emblemático de la flota y contaba con 64 cañones. Estos 2 barcos junto con el San José eran las naves que, por su poderío ofensivo, transportaban la mayor parte de las mercancías.

Mientras que en Portobelo, los españoles realizaban sus diligencias, el capitán inglés Charles Wager era informado por varios espías de los movimientos de los españoles. En aquel tiempo estos colaboradores clandestinos infestaban las colonias españolas que se ubicaban en la costa Caribe y servían como elemento esencial para los ingleses en sus fines de desestabilizar al imperio español. Wager contaba con una flota bien armada y se dirigió a la ruta por la que el San José debía pasar para llegar a Cartagena de Indias.

"La emboscada" de Wager tuvo lugar muy cerca a las Islas del Rosario, a unas 30 nmi del puerto de Cartagena. El navío Kingston, dotado de 60 cañones abrió fuego contra el San Joaquín, mientras el Expedition de Wager arremetió contra el San José. La idea principal de Wager era apoderarse del navío, y así hacerse con el preciado cargamento. Sin embargo, y después de hora y media de intercambio de fuego, el San José sufrió una explosión que lo llevó al fondo del océano. De los 600 tripulantes del San José solo sobrevivieron 11.[5]

A partir de 1980 varias empresas y buscadores de tesoros intentaron sacar del mar el tesoro valorado en 10 000 millones de dólares estadounidenses.[6]​ El 25 de octubre de 2011, una corte en Washington declaró al galeón como propiedad del Estado colombiano.[7]

La empresa Sea Search Armada (SSA) había presentado a finales de marzo sus argumentos para un recurso de apelación contra la República de Colombia, ante la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia en el que continúa reclamando sus derechos sobre el tesoro del galeón San José, hundido en costas colombianas en 1708.

SSA apeló la decisión tomada por la Corte federal de Estados Unidos en 2011, cuando esta resolvió con un fallo favorable a los argumentos de Colombia al propugnar la prescripción e improcedencia de la acción judicial presentada por SSA. La empresa estadounidense recurrió a la corte de su país después de que el Estado colombiano se negara, según su relato, a cumplir la orden dictada en 2007 por la Corte Suprema de Colombia, que concedía a la compañía la mitad del tesoro, una vez que éste se rescatara de las profundidades.

El San José, hundido en un combate por navíos ingleses, era un barco insignia de la Armada española del siglo XVIII, que llevaba en su bodega varias toneladas de doblones, barras de oro y de plata, así como toneladas de joyas y piedras preciosas.

El Congreso de Colombia adoptó la ley 1675 de 2013, por medio de la cual "se reglamentan los artículos 63, 70 y 72 de la Constitución Política de Colombia en lo relativo al patrimonio cultural sumergido", estableciendo mecanismos para el rescate de los naufragios históricos que se encuentren en mares colombianos, lo cual incluye también entre ellos, al galeón San José.

La posición del gobierno español es que se trata de un "barco de Estado", y no de titularidad privada, lo cual hace que esté protegido por la inmunidad soberana. «La inmunidad soberana sobre el buque implica que ningún Estado pueda tomar una decisión unilateral sobre lo que afecte al buque sin la conformidad del Estado de bandera». En este sentido, el derecho internacional señala que los barcos de guerra tienen inmunidad soberana, es decir, gozan de una especie de extraterritorialidad como si fueran un pequeño espacio de territorio de su Estado de origen allá donde estén. Especialmente si han sido hundidos en combate. El San José, hundido tras una emboscada realizada por una flota británica en el siglo XVIII, llevaba en su bodega todo tipo de objetos valiosos, ejemplos del arte y la tecnología de esa época, una enorme colección de monedas acuñadas en América en cantidad de varias toneladas, barras de oro y de plata, así como toneladas de joyas y piedras preciosas.

La opinión pública, europea y americana, hasta hace pocos años, consideraba el patrimonio subacuático como «tesoros ocultos» en estos casos y aceptaba que vinieran a pertenecer a quienes los encontraban, pero desde 1985 con la Ley de Patrimonio Histórico y la Convención de la Unesco sobre el Patrimonio Subacuático se declaró estos pecios como un bien de interés general de las sociedades, los Estados, las Naciones y la Humanidad entera. La Convención enuncia principios tales como que el patrimonio acuático no será objeto de explotación comercial y, muy especialmente, la preferencia por la conservación «in situ» de este tipo de restos arqueológicos, y desde luego respeta el principio de inmunidad soberana de los buques de guerra, sin embargo, Colombia no forma parte de la convención de la UNESCO, por lo que no está obligada a respetar la soberanía del barco como española, sino que por encontrarse en su territorio puede disponer del mismo.

Por otra parte, el enorme tesoro que se imagina en las tripas del barco ha hecho pasar a un segundo plano que el San José fue, además, la sepultura de cerca de 600 marineros españoles. Desde España se ha apelado a la significación moral que supone acceder a un yacimiento donde perecieron cientos de hombres.

El Consejo de Estado de Colombia conoció del caso, en razón a diferentes polémicas que se suscitaron alrededor del afamado tesoro. Mediante sus sentencias, esta corporación judicial se pronunció aseverando que se considera tesoro todos los restos que se encuentren dentro del barco, toda vez que los mismos no tengan ninguna marca o signo distintivo. En caso de poseer uno de esos símbolos, se considerará cómo patrimonio cultural, y en razón a ello, debe ser conservado.

La Universidad Nacional de Colombia, hace poco emitió un concepto en el cual recomendó al Gobierno Nacional el estudio previo de la zona, antes de cualquier modificación del territorio. El mismo sigue en análisis aunque se ha parado la exploración.[8]

En 2018, a raíz de esta situación se creó el Observatorio del Patrimonio Cultural Subacuático Común y Compartido, para evitar conflictos similares en el futuro.[9]

Gabriel García Márquez relata el hundimiento del San José en las primeras páginas de El amor en los tiempos del cólera y también Cien años de soledad, aunque nunca explicite la localización (transparente) de la intriga en Cartagena de Indias. Alude a ese evento cómo testigo del papel de la ciudad cómo el centro de la exportación de oro y piedras preciosas de Latinoamérica, después de haber sido, según él, el primer mercado de esclavos en las Américas.



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