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Garganta la Olla



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Garganta la Olla (conocida en la Edad Media como Ad Fauces) es un municipio español de la provincia de Cáceres, Extremadura. Pertenece a la comarca de la Vera y al partido judicial de Plasencia.

El municipio tiene más de 1000 habitantes y se sitúa al oeste de su comarca, protegido por la sierra de Tormantos, una estribación de la Sierra de Gredos. Las localidades más cercanas por carretera son Jaraíz de la Vera y Cuacos de Yuste. Suele situarse en Garganta la Olla la leyenda de la Serrana de la Vera.

Está situado en la comarca de la Vera, a pocos kilómetros del Monasterio de Yuste. Desde un punto de vista geológico, destacan como su nombre indica, sus gargantas.[cita requerida] Limita con los términos municipales de Piornal, Cabezuela del Valle, Pasarón de la Vera, Jaraíz de la Vera, Cuacos de Yuste y Aldeanueva de la Vera. Está rodeada por la sierra de Tormantos, proviniendo de allí el término Olla.[cita requerida]

La zona ya estuvo poblada desde antiguo, como lo demuestra la presencia de varios castros vettones. En tiempos visigodos existían dos monasterios de cierta fama, en la actualidad lamentablemente derruidos, el de San Martín de Tours y el de San Salvador.

La primera población del término se conoció como Ad fauces (de faux, faucis) que significa junto a las gargantas. En la actualidad, la población, que es de fundación altomedieval, se conoce como Garganta la Olla debiendo este apelativo a la orografía del lugar. Se encuentra en la confluencia de dos gargantas, la Mayor y la de San Blas. Es muy probable, que el nombre original de la garganta Mayor, fuera el de la garganta de la Olla, y que el pueblo fundado, en origen se llamara, el pueblo de la garganta de la Olla. Lo cual indicaría además que en algún tiempo, la región se conoció como La Olla.

Aguas abajo de la garganta Mayor, existen los restos de una población más antigua conocida como Carnaceas. Dado que el cambio de la población fue a una zona más elevada y segura, es posible que Carnaceas se tratara de alguna población ocupada por las tropas de Alfonso VI o fundada en la época, que posteriormente fue destruida por los almorávides. El término Carnaceas, se relaciona con el de carnicería, en relación a la matanza que tuvo lugar. Queda ahora la duda, si aquella población fue la original Ad fauces.

Entre Alfonso VI y Alfonso VIII, las tierras volvieron a pasar a manos cristianas, creándose en un feudo fronterizo bajo la titularidad de Fernán Rodríguez de Castro.

El municipio terminó siendo incorporado al reino de Castilla en algún momento de finales del siglo XII, por el rey de Castilla Alfonso VIII. Estas tierras fueron colonizadas por contingentes de colonos del Reino de Castilla, en su gran mayoría de las sierras de Ávila, localidad a la que en un principio perteneció. Se da el caso, que estos repobladores, ganaderos principalmente, tenían mayoritariamente un origen vasco-navarro, al igual que la mayor parte de las poblaciones repobladas en las sierras abulenses.

Respecto a la teoría del origen altomedieval de la población Garganteña, a partir de población de Caparra, hay que considerar dos detalles, por una parte que Caparra en esta época estaba casi desploblada, y por otra, que las tierras de Caparra pertenecían al reino de León.

La población formaba parte de lo que se conocía como el Sexmo de la Vera, asociación de pueblos para la administración común de bienes, que fue asignado a la Ciudad de Plasencia, bajo la forma del Sexmo de Plasencia. Dicha ciudad organizó la localidad, ejerciendo jurisdicción sobre ella. La presencia de algunos apellidos toponímicos castellanos, navarros y vascos (Curiel, Mayora, Lerga, Acedo, Carrondo, Redondo, Bolivar entre otros) parece apuntar que no se limitó a una mera organización de la población preexistente, sino que trajo pobladores de los reinos de Castilla y de Navarra.

En 1340, Alfonso IX, la cedió a los infantes de la Cerda, como agradecimiento por el reconocimiento que le hicieron como monarca en Almendral. La ciudad de Plasencia, se negó a perder su jurisdicción sobre la población imponiéndoles pagos por el aprovechamiento de los recursos de la localidad, con tal virulencia, que los naturales se quejaron a los infantes de la Cerda y amenazaron con la despoblación. Estos a su vez lo hicieron al rey de Castilla, que por entonces era Enrique II, el cual amonestó a la ciudad. Más tarde perteneció al Marqués de Villena. D. Diego López Pacheco marqués de Villena, perdió la posesión del término, que paso de nuevo a la corona, como motivo de haber apoyado a Juana la Beltraneja en la batalla de Toro. Quedando los marqueses como meros administradores de justicia civil y criminal a través de personas nombradas por ellos para el cargo. Esta situación se prolongó hasta el siglo XIX.

Plasencia, por su parte, intentó recuperar su jurisdicción sobre Garganta hasta finales de la edad media. Ocupó terrenos del término, que fueron recuperados por la población gracias a diversos pleitos ganados entre los años 1490 y 1493. La ciudad tuvo que repartir los terrenos que había ocupado entre los garganteños y pagar los gastos de los pleitos. Es de destacar que en 1492 se dio incluso un enfrentamiento armado entre los dos bandos; la ciudad por una parte y los que apoyaban el señorío por otra. Estos últimos organizados en lo que llamaron "Guerrilla de San Martín" y apoyados por tropas del conde de Oropesa, plantearon combate sirviéndose como protección de las murallas del antiguo monasterio de San Martín y resultaron vencedores. Hasta el año 1772 merced a una executoria, consiguió el distrute del aprovechamiento integral de tierras y pastos.

No parece que fuera especialmente dañada durante la Guerra de independencia, ni que se rebelara, como hicieron otros pueblos de la zona contra las tropas de Napoleón. Tampoco es de destacar que se viera afectada por las guerras carlistas.

A la caída del Antiguo Régimen la localidad de constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura que desde 1834 quedó integrado en Partido judicial de Jarandilla[1]​que en el censo de 1842 contaba con 360 hogares y 1972 vecinos.[2]

Durante la guerra civil, la población cayó bajo el control del bando nacional, no registrándose confrontaciones armadas en la zona, si exceptuamos las posteriores relacionadas con la lucha del maquis.

A lo largo del siglo XX, fue perdiendo población por emigración en un proceso que aún no ha parado y que ha supuesto la reducción del número de habitantes a la tercera parte de los que eran en el siglo XIX. La mayoría de los emigrantes se trasladaron a las grandes ciudades (Madrid, Bilbao y Barcelona) y en el extranjero a Holanda, quedando una numerosa comunidad de garganteños y descendientes en Eindhoven.

En 1982 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico

La siguiente tabla recoge la evolución demográfica de Garganta la Olla desde 1996 a 2006 según los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística español.

Según el último padrón municipal (2011), los datos de la población garganteña desglosados son los expuestos en la imagen de la derecha:

Población total: 1023 - Hombres: 541 - Mujeres: 482

     Población de derecho (1900-1991) o población residente (2001) según los censos de población del INE.[3]      Población según el padrón municipal de 2017 del INE.

Garganta la Olla goza de una situación geográfica envidiable, en cuanto a naturaleza se refiere, rodeada por gargantas naturales y montañas. Cabe destacar las piscinas naturales, entre las que sobresalen los charcos de "las pilatillas", divididas en "pilatillas de abajo" y "pilatillas de arriba", "el calderón" (dominado por una bella cascada), el charco de "la valentina", y por último y como charco más cercano a la localidad, el charco "tinajón", lugar frecuentado antiguamente por las mujeres del pueblo para lavar las ropas. Aparte, el pueblo está protegido por una estribación de la sierra de Gredos conocida como la Sierra de Tormantos, cuyo pico más alto se encuentra a 1664 m sobre el nivel del mar (en comparación con los 600m a los que se encuentra la localidad). Este pico más alto, se corresponde con el conocido como "canchal negro". Además, cabe destacar dentro de la sierra de Tormantos, la ermita de San Salvador, que data de la edad media y de la que aún hoy se conservan ruinas, así como más partes de la Garganta, como la chorrera de Mayo, la chorrera de Pivilla, y el "nacedero", lugar de nacimiento de la garganta. El pueblo es muy rico en senderos, caminos y rutas naturales, entre las que destacan la ruta hacia la ermita de San Salvador, y la subida hacia la cueva de la Serrana de la Vera, esta última realizada en agosto, durante los festejos de Día de la Serrana de la Vera.

Fue casa de lenocinio en el siglo XVI. Su fachada fue pintada en su momento de un característico color azul para distinguirla del resto de edificaciones.[5]

Al igual que en el resto de municipios de la comarca de La Vera, en Garganta la Olla destaca, como fiesta religiosa, su Semana Santa. Ésta, empieza el Domingo de Ramos con la bendición de estos en la ermita del santísimo Cristo del Humilladero por parte del cura, a lo que le sigue una procesión que concluye con una misa en la Iglesia de San Lorenzo. Aparte, se realizan procesiones el Jueves Santo y el Viernes Santo. El Sábado Santo, se celebra de una forma distinta a como se hace en otros municipios, lo que da lugar a uno de los acontecimientos turísticos más llamativos del pueblo: la Quema del Judas. Tras la habitual misa del gallo y la procesión del encuentro, la plaza municipal se despeja para dejar paso a un muñeco de más de dos metros de alto lleno de petardos, el cual será explotado en mitad de la plaza.

En cuanto a las fiestas patronales, hay que destacar las fiestas de Visitación. La Visitación de Nuestra Señora a Su Prima Santa Isabel (2 de julio). esta fiesta está caracterizada por la presencia de orquestas, puestos ambulantes, el tradicional baile de las italianas, y los festejos taurinos al estilo tradicional de La Vera. En agosto, se conmemora la festividad de San Lorenzo: una semana cargada de actividades culturales y deportivas, así como orquestas y actuaciones.

Por otro lado, hay que destacar el Día de la Serrana de la Vera, festejo que lleva celebrándose desde el año 2010 y que está formada por una ascensión a la cueva de la Serrana, un Mercadillo Medieval, un museo rotatorio de campesinos y, por último, una recitación del romance de la Serrana y una obra de teatro que narra desde que ésta es rechazada hasta su apresamiento.

Además, también son importantes en el pueblo el entierro de la sardina ( miércoles siguiente a la semana de carnaval), en el que se hace una procesión con la figura de una sardina, y posteriormente se reparten gratuitamente sardinas y pan en la plaza, que pueden ser cocinados en las hogueras dispuestas en este mismo lugar. Y la romería de San Martín, que tiene lugar la semana siguiente a Semana Santa, en la que los habitantes, trasladan al Santo desde el pueblo a la ermita de San Martín, situada a pocos kilómetros de la localidad, para pasar el en el campo.

La población es muy rica en cuentos y leyendas, como ya apuntara Don Miguel de Unamuno. Una de esas leyendas alcanzó fama ya en el siglo XVI y dio lugar al Romance de la Serrana de la Vera, que escribieron Luis Vélez de Guevara en 1613 y Lope de Vega en 1617. Como obra literaria, parece que ambos deformaron el mito de la Serrana, dándole una apariencia real, cuando parece ser que el personaje nunca existió, sino que se trata de un ser mitológico que incluso se identifíca con un centauro. Varias son las leyendas con motivo religioso como la muy conocida leyenda de los Siete Obispos Mártires, según la cual, en tiempos de la invasión islámica, siete obispos se refugiaron en un monasterio San Salvador donde fueron encontrados por los musulmanes y asesinados. Antes de morir uno de los obispos enterró las sagradas formas a unos metros de la cabecera de la iglesia, de donde brotó una fuente que aún sigue manando. Este monasterio dio lugar con posterioridad y ubicado a menos altura al monasterio de Yuste.

Otras hacen referencias a seres fantásticos (mitología extremeña); entre ellos a los duendes, los cuales imponían juramentos que de no cumplirse acarreaban la infertilidad. El duende o duendes de Garganta la Olla, ha sido descrito por los que lo han visto e incluso se cuenta que a principios del siglo XX varios vecinos de Garganta persiguierona uno de ellos, cuando impuesto el juramento a una mujer, intentaron acabar con él para evitar la maldición (a este duende se le conoce como el de San Martín, porque fue en dicho paraje donde se le vio). El duende o los duendes se corresponden con un ser de aproximadamente unos 40 centímetros de altura, con cuerpo de forma humana, de un color verde especialmente brillante por la noche y que cuando es descubierto, huye muy rápidamente a cuatro patas, y esto es todavía más extraño, no en línea recta sino en zig zag.

En relación con la mitología romana o prerromana, existe también una leyenda que versa sobre una especie de ninfa o dama encantada. Según esta, por San Juan se aparece una mujer de gran belleza que sale de las aguas de la Garganta Mayor. Dicha mujer propone al hombre que la encuentra que la libere de su hechizo. Para liberarla, tiene que amarla. Por otra parte, le da a elegir entre su amor o tres puñales de oro y piedras preciosas de gran valor. A los hombres, les termina venciendo la codicia sobre el amor y eligen los tres puñales. La mujer se los da y vuelve a sumergirse en las aguas. Pero la codicia les lleva a la ruina, porque a la mañana siguiente, aparecen con los tres puñales clavados en la espalda.

Otro ser fantástico de la zona es una especie de serpiente peluda y que algunos describen además con cuernos, que llaman el bastardo. Es de gran tamaño y solía acudir por las noches a robar la leche de las vacas, las cabras e incluso se atrevía con las mujeres lactantes. La mordida de este animal suele ser mortal; además se defiende pegando fuertes golpes con la cola (este mito con el nombre femenino de bastarda, también se encuentra registrado en ciertas regiones de Aragón). Lo más probable es que se trate de la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), culebra que puede alcanzar hasta dos metros y medio de tamaño, a la que se le habrían asignado características mítico-mágicas.

También las hay que hacen mención al diablo. De estas leyendas una de las más conocidas es aquella que dice que se apareció con forma de mujer enlutada a un cabrero en la sierra. El cabrero la invitó a calentarse al fuego y el diablo se sentó. En medio de la conversación, el cabrero se agachó a azuzar la llama y descubrió horrorizado las patas de cabra que le asomaban a la mujer por debajo de las faldas. Dicho hecho se repitió con otros dos vecinos del pueblo, quien aseguraban haber visto a la diabólica criatura en la sierra de Tormantos. Otra historia trata sobre un cabrero, que cogió un chivito recién parido a cuestas, y cada paso que daba notaba que iba pesando más y más; al girar la cabeza descubrió horrorizado que a quien cargaba no era al chivito, sino al diablo.

Aunque aquí las hemos descrito como leyendas, los vecinos del pueblo dan testimonios con nombres y apellidos de las personas que han visto o les han narrado sobre dichos seres.

Si bien, hay leyendas más mundanas como la de los aparecidos. Dado que las huertas seguían turnos de riego, a algunos les tocaba por orden regar por las noches. Otros más avispados, se disfrazaban de fantasmas y asustaban a los que les tocaba el turno, para de esta forma poder regar ellos más.

Existían varias fiestas relacionadas con los solsticios, una de ellas que se ha perdido, consistía en hacer una pequeña figura que representaba al diablo y que era quemada por la noche. Afortunadamente se conserva la Quema del Judas, en la que cada Sábado Santo de madrugada se hace explosionar en la plaza del pueblo a un espantajo relleno de petardos y fuegos artificiales.

El mito más famoso de Garganta es el de la Serrana de la Vera: se trata de una hermosa mujer con apariencia de cazadora o de amazona de fuerza sobrehumana y ciertas características sobrenaturales que vive en los montes y lleva a los hombres con los que se cruza a su cueva para matarlos (a menudo después de emborracharlos o haberles hecho el amor) y guardar los huesos en la cueva.

Posee cierta relación con la tradición de las "serranillas" medievales, a lo que se añadirían otros componentes míticos para forjar el mito actual de la Serrana. A raíz de este mito surgieron numerosas obras literarias, destacando el Romance de La Serrana de la Vera:

siete leguas de Plasencia,

habitaba una serrana

alta, rubia y sandunguera.


Con vara y media de pecho,

cuarta y media de muñeca,

con una trenza en el pelo

que a los zancajos le llega.


A uso de cazadora,

gasta falda a media pierna,

en la cintura correa

y en el hombro, la ballesta.


Cuando tiene gana de agua,

se baja pa la ribera,

cuando tiene gana de hombre

se sube a las altas peñas.


Pasa uno, pasan dos:

No ha pasado el que ella quiera.


Ha pasado un serranillo,

con una carga de leña,

y le agarró de la mano

para llevarle a su cueva.


No le lleva por caminos,

ni tampoco por veredas,

le lleva por altos montes

por donde nadie le vea.


Ya llegaron a la cueva,

le mandó cerrar la puerta,

y el serrano, muy astuto,

la dejó un poco entreabierta.


Al entrar en su escondrijo,

vio un montón de calaveras,

de hombres que había matado

aquella terrible fiera.


¡Tú alégrate, serranillo,

buena noche nos espera!

De conejos y perdices

le guisó una rica cena.


Bebe, serranillo, bebe,

agua de esa calavera,

que puede ser que algún día

otros, de la tuya beban.


Dime, serranillo, dime :

-¿sabes tocar la vihuela?

- Sí señora, si lo sé

y el rabel, si lo tuviera.


Tú tocarás el rabel.

Yo tocaré la vihuela.

Pensó dormir al serrano

y el serrano durmió a ella.


Apenas la vio dormida

salió corriendo hacia fuera;

pero pronto despertó

aquella maldita fiera.


Mucho rato va corriendo

sin atrás volver cabeza

pero cuando la volvió

como si no la volviera.


Vio de venir la serrana

saltando de piedra en piedra,

con una honda en la mano,

bramando como una fiera.


Puso una china en la honda

que pesaba arroba y media,

y con la fuerza que lleva

le ha quitado la montera.


Vuelve, serranillo, vuelve,

vuelve atrás por la montera,

que es de paño rico y fino ,

y no es razón que se pierda.


Si es de paño rico y fino,

así se estila en mi tierra;

mis padres me compran otra

y si no, me estoy sin ella.


Por Dios te pido, serrano,

que no descubras mi cueva;

que si acaso la descubres

puede ser que en ella mueras.


Que tu padre fue pastor,

Que tu madre fue una yegua,

Que tu padre comía pan,

Que tu madre comía hierba.


Tu padre será el caballo,

Tu madre será la yegua

Y tú serás el potrillo

Desde el año 2011 la localidad cuenta con un equipo de fútbol sala llamado «Garganta F. S.» el cual juega en la 1º división extremeña.
En la temporada 2011-2012 el equipo jugó su primera temporada oficial quedando en quinto puesto, lo que no les valió para quedar en puestos de play-off de ascenso.
En la temporada 2012-2013 el equipo jugó en la misma categoría que la temporada anterior.

Históricamente, ha contado con equipos amateur de balonmano y el ciclismo está comenzando a tomar parte dentro de las actividades deportivas del pueblo gracias, sobre todo, al gran número de senderos naturales y caminos rurales de los que la localidad dispone.[cita requerida]

LÓPEZ ORTIGO, FLORENCIO, "ESTUDIO HISTÓRICO Y CULTURAL DE LA VILLA DE GARGANTA LA OLLA", 1989

CALLE CALLE, Francisco Vicente, "Una versión diferente de "La Serrana de La Vera": el capítulo titulado "Allá en Garganta la Olla", de la novela de José Herrera Petere Cumbres de Extremadura", en XXXI Coloquios de Extremadura, 2003, pp. 95-108. http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=803674

CALLE CALLE, Francisco Vicente, Judas Iscariote: vida, leyendas, iconografía, "La Quema", www.bubok.com, 2009.

CARO BAROJA, Julio. Ritos y mitos equívocos. Marciano Curiel, Cuentos .

Página web del Ayuntamiento de Garganta la Olla Archivado el 23 de julio de 2020 en la Wayback Machine.



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