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Golpista



Un golpe de Estado (calco del francés coup d'État) es la toma del poder político de un modo repentino por parte de un grupo de poder de forma ilegal, violenta o a la fuerza, generalmente se realiza por militares o con apoyo de grupos armados.

Se distingue de los conceptos de revuelta, motín, rebelión, putsch (en alemán), revolución o guerra civil. Usualmente estos términos se utilizan con poca propiedad o con intenciones propagandísticas, y en el transcurso de los hechos y procesos históricos, se suelen combinar entre sí.

Latinoamérica atravesó por un sinnúmero de golpes de Estado, muchos de ellos agrupados con base en periodos definidos dentro del proceso de transformación social, económica y política del continente. Así, las dictaduras personalistas tuvieron auge desde la creación de las repúblicas latinoamericanas, en la mitad del siglo XX y con la afirmación de la Guerra Fría, se instauraron dictaduras en América del Sur mayoritariamente institucionales.[1]

El concepto de golpe de Estado comenzó a ser empleado en Francia en el siglo XVII, para referirse a una serie de medidas violentas y repentinas tomadas por el Rey, sin respetar la legislación ni las normas morales, generalmente para deshacerse de sus enemigos, cuando el rey mismo consideraba que eran necesarias para mantener la seguridad del Estado o el bien común.[2]​ En este sentido original, el concepto era muy similar a lo que se denomina en la actualidad autogolpe, es decir, el desplazamiento de ciertas autoridades del Estado, por parte de la autoridad suprema.

El término se fue ampliando a lo largo del siglo XIX para significar la acción violenta de un componente del Estado, por ejemplo, las fuerzas armadas, con el fin de desplazar a la cabeza del mismo. El concepto se superpuso entonces, y a la vez se diferenció, del de "revolución", caracterizado sobre todo por estar principalmente organizado por civiles ajenos al Estado.

Ya en el siglo XX, en 1930 apareció el libro Técnica del colpo di Stato (Técnica del Golpe de Estado) de Curzio Malaparte, que impondría el uso generalizado del concepto, básicamente en su acepción moderna, a partir del análisis crítico de las acciones del fascismo y el nazismo. Malaparte aplica el concepto del golpe de Estado no solo a una operación ejecutada por integrantes del Estado, sino también por poderes civiles, que —mediante la desestabilización del gobierno a través de acciones orientadas a generar caos social— provocan su caída y acceden al poder.

Para Malaparte, la diferencia sustancial del concepto de golpe de Estado con los de «guerra civil» y «revolución» es esencialmente el uso de la sorpresa y la escasa duración relativa de las operaciones, «reduciendo "al mínimo el tamaño y la intensidad de la confrontación armada"».[2]

En 1962, Samuel Finer escribió otro libro importante para la conceptualización del golpe de Estado: The Man on Horseback: The Role of the Military in Politics (tit. trad. Los militares en la política mundial).[3]​ La edición original de Finner fue ampliada en 1975 (Peregrine Books) y en 1976 (Penguin Books); en 1988 se realizó también una edición publicada por Westview Press.

Finner, pensando en los militares, distingue cuatro niveles de presión sobre el Estado, de los cuales considera legítimo solo al primero:

En el curso del siglo XX, el golpe de Estado adoptó la forma típica de una acción de las fuerzas armadas desplazando por la fuerza al gobierno establecido. Sin embargo, sobre todo a partir del colapso de las dictaduras latinoamericanas, en la década de 1980, los golpes de Estado han ido adoptando formas más complejas y menos evidentes, mediante técnicas de desestabilización económica ("golpes de mercado") y generación de climas de caos social (saqueos, huelgas, etc.), que pueden ser agudizados mediante el uso de medios de comunicación de masas.

El concepto de "golpe de Estado" está emparentado con otros conceptos relacionados con trastornos del poder político, como los de revuelta, motín, rebelión, revolución o guerra civil. Estos términos se utilizan de ordinario con poca propiedad o con intenciones propagandísticas o de desinformación. En el transcurso de los procesos históricos, estos fenómenos no suelen presentarse en forma pura, sino combinados entre sí.

Varias constituciones del mundo[¿cuál?] poseen normas especiales para prevenir y castigar a los responsables de la comisión de golpes de Estado, a la vez de un régimen penal para sancionar los delitos contra la democracia.

Estas normas están básicamente orientadas a dos situaciones:

** Confirmados en el cargo consecuentemente mediante elecciones aparentemente libres.[10][11]
••• Gobernando temporalmente mediante una Junta militar.



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