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Hechizos



El hechizo es un acto mágico que pretende producir efectos sobre la realidad mediante procedimientos sobrenaturales, como el uso de conjuros. Es de carácter litúrgico o ritual. Cuando el objetivo del hechizo es adivinar el futuro se denomina sortilegio, y cuando busca someter la voluntad de otra persona u objeto o influir en ellos, encantamiento, maldición (si es con mala voluntad) o bendición (si es para protección). Es componente sustancial de muchas religiones paganas y también forma parte de algunas religiones monoteístas, mientras que otras como el cristianismo prohíben explícitamente su práctica.

El hechizo procede de las creencias mágicas del Neolítico y viene practicándose desde entonces, a veces de manera abierta y otras clandestina. Era común en sociedades paganas, constituyéndose en actos oficiales de masas promovidos por las autoridades; una actividad que está bien documentada en numerosas fuentes históricas e incluso sobrevive aún en algunas zonas, como las de religión vuduista o chamánica originarias. [1]

Debido a los numerosos registros escritos del antiguo Egipto que se conservan, existen ejemplos completos de hechizos de esta época.[2]​ En particular, el proceso de embalsamiento y enterramiento, involucraba el uso de numerosos hechizos, que se conservan en el Libro de los Muertos.

Desde la Edad Media, el hechizo fue comúnmente perseguido bajo la acusación de brujería, sobre todo en las naciones que tenían al Cristianismo por religión de Estado. Aun así, de esa época se conservan los encantamientos de Merseburg.

Hoy en día su práctica se considera jurídicamente bajo el amparo de la libertad de creencias protegida como derecho fundamental por la mayor parte de legislaciones democráticas, si bien ello no impide que se persigan las estafas de importancia cometidas por supuestos "brujos" o "brujas" basándose en la credulidad o deseo de creer de muchas personas.

Típicamente, el hechizo consiste en una representación simbólica del efecto que se pretende conseguir bajo la invocación de una deidad. En sus orígenes y en algunos casos de la cultura popular, es un acto instantáneo sin una forma común. Tanto es así que supuestamente puede ejecutarse incluso de manera involuntaria, como ciertas formas de mal de ojo.

No obstante, en las creencias paganas desarrolladas adquirió y mantiene una estructura general que consta de seis partes:

Puede observarse con facilidad el paralelismo existente entre esta estructura y la liturgia de las religiones monoteístas más modernas, que probablemente se deriven de la misma. Un ejemplo claro sería la misa cristiana. El hechizo se hallaría, pues, en los orígenes de la liturgia sagrada de numerosas creencias contemporáneas.

Cuando el objetivo del hechizo y los medios empleados son considerados inmorales, ilegales o perniciosos por la sociedad donde se realiza, se le denomina de magia negra. Si por el contrario la sociedad considera inocuos sus objetivos y medios, es calificado como de magia blanca. En la actualidad, numerosas religiones neopaganas como la Wicca han recuperado la utilización de los hechizos y los reivindican. A nivel popular, mucha gente los practica en privado aunque pertenezca nominalmente a religiones que los aborrecen, normalmente siguiendo las instrucciones de libros esotéricos o medios similares. También se realizan en consultas privadas, por lo común a cambio de un precio. Los objetivos que se pretenden alcanzar suelen englobarse en la popular trilogía salud, dinero y amor, como los amarres de amor, aunque también son relativamente frecuentes los de venganza u odio.[4]

Con toda probabilidad, el concepto de hechizo surge por la necesidad de asociación causa -> efecto propia de la mente humana milenios antes de que apareciera el método científico. Que al arrojar semillas surgiera una planta o al practicar el coito con una mujer naciera un bebé debió ser interpretado sin duda como un suceso sobrenatural durante miles de años. En ausencia del método científico, se establece una relación directa acto menor -> suceso mayor aparentemente mágico, que se va envolviendo en una liturgia hasta que pierde su sentido originario y, por asociación, surgen relaciones nuevas de carácter supersticioso que conforman nuevos hechizos.

Básicamente, la magia en la literatura puede dividirse en tres clases: magia "de varita", hechicería "de escuela" y hechicería en la naturaleza.

La magia de varita, tal como su nombre indica, requiere de una varita mágica para ser llevada a cabo. Este tipo de magia siempre se acompaña de unas palabras mágicas (conjuros) y de unos movimientos predeterminados con la varita. Un ejemplo sería Harry Potter. En el cuento árabe anónimo Ali Babá y los cuarenta ladrones, incluido en Las mil y una noches: ¡ábrete Sésamo! y ¡ciérrate Sésamo! eran los conjuros o contraseñas utilizados para abrir y cerrar el portón de la caverna del tesoro.

La hechicería de escuela se basa en la manipulación de la magia mediante una serie de fórmulas, generalmente en un idioma arcano o simplemente especial, para conseguir unos efectos, por ejemplo, crear fuego, manipularlo, etc. Pero no siempre tiene que ver con los elementos, también puede producir efectos sobre las personas, convocar seres de otros mundos, teletransportarse, sanación, protección... Un ejemplo de este arte sería la usada en Memorias de Idhún, otra novela muy famosa, que es manipulada por el idhunaico arcano, o en la saga Dragonlance.

La hechicería en la naturaleza es un encauzamiento de las fuerzas naturales para conseguir los efectos deseados, tal como sucede en los hechizos de amor.[5]​ Los practicantes de esta clase de magia no necesitan manejar ningún idioma especial para usarla, aunque si suelen conocer profundamente la naturaleza para saber como aplicar mejor la energía, con menor trabajo y mejores efectos. La fuerza necesaria para este tipo de hechizos puede provenir de muy distintas fuentes. Una ilustración de este tipo de magia puede hallarse en la serie Crónicas de Belgarath, en la que los hechiceros manipulan la magia mediante la Voluntad, expresada por la Palabra, y en la que el aprendizaje de magia consiste, en su mayor parte, en el estudio de la naturaleza, así como en la trilogía de L. J. Smith, El Círculo Secreto (The Secret Circle), donde un aquelarre de jóvenes brujos y brujas usan elementos naturales tales como plantas y cristales para llevar a cabo conjuro y rituales. También en Embrujadas, las tres hermanas que tienen poderes mágicos.



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