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José Segundo Decoud



¿Qué día cumple años José Segundo Decoud?

José Segundo Decoud cumple los años el 14 de mayo.


¿Qué día nació José Segundo Decoud?

José Segundo Decoud nació el día 14 de mayo de 1848.


¿Cuántos años tiene José Segundo Decoud?

La edad actual es 175 años. José Segundo Decoud cumplirá 176 años el 14 de mayo de este año.


¿De qué signo es José Segundo Decoud?

José Segundo Decoud es del signo de Tauro.


José Segundo Decoud Domecq (Asunción, Paraguay; 14 de mayo de 1848 - Ibídem; 3 de marzo de 1909) fue un político, periodista, diplomático, senador y ex militar paraguayo, es considerado uno de las ilustres figuras del liberalismo en su país, fue el fundador y precursor de la ideología de la ANR-Partido Colorado del cuál fue rector de su acta constitutiva y primer vicepresidente de la misma.

Hijo de Juan Francisco Decoud y María Luisa Concepción Domecq, José Segundo nació en Asunción el 14 de mayo de año de 1848 durante la presidencia de don Carlos Antonio López.

Todos sus familiares eran opositores al régimen de López, el fusilamiento de sus tíos Teodoro y Gregorio por traición a la patria obligó a su familia al exilio, cursó junto a su hermano Juan José, sus estudios secundarios en el Colegio del Uruguay, que era en ese entonces, un calificado centro educacional del Plata. Seguidamente cursó leyes en la Universidad de Buenos Aires.

Según refiere Carlos Zubizarreta “Decoud militaba en la oposición al gobierno de los López, y como lo hicieran otros de sus conciudadanos, se enroló en la Legión Paraguaya de la que se retiró avergonzado apenas conocido el texto del inicuo Tratado de la Triple Alianza”.

Se registra su participación en los términos de la capitulación de Uruguayana, el 18 de septiembre de 1865. Esta acción fue ejecutada por otros miembros de la Legión como su padre el comandante Juan Francisco Decoud, Benigno Ferreira y Jaime Sosa Escalada.

Terminada la guerra y con la anuencia de los plenipotenciarios aliados José María Paranhos y José Roque Pérez, comenzaron los fervorosos trabajos electorales que llevarían años después a la fundación de los partidos tradicionales y al establecimiento del primer gobierno provisorio. El primer intento fue la creación del Club del Pueblo, cuya acta de fundación lleva la fecha del 26 de junio de 1869.

La primera comisión directiva estuvo compuesta por:

Rufino Taboada, Manuel Valle, Juan B. Careaga, Ezequiel Román, Eustaquio Aranda, Vocales.

Juntamente con Juan José, Facundo Machaín, Juan Silvano Godoy y Cayo Miltos, José Segundo Decoud fue la expresión más brillante de los intelectuales de la época, con destacada actuación en el campo de la política, del periodismo, del derecho y de las letras.

Su nombre aparece como articulista y redactor de “La Regeneración”, que circuló bajo la dirección de Héctor Francisco Decoud, en Asunción, desde octubre de 1869 hasta septiembre de 1870 y propició la candidatura de Cirilo Antonio Rivarola.

Colaboró en otros diarios como “La Reforma” y “La Opinión Pública”. Activo comunicador, sus escritos aparecieron publicados en todos los diarios circulantes después de la guerra, tanto de Asunción como de Corrientes y Buenos Aires.

Publicó otros trabajos: la traducción del inglés al español de “La Ciencia del gobierno” de José Alden. “Recuerdos históricos” y “La amistad. Cuestiones Políticas y Económicas”, editada en 1876; “El patriotismo” en 1905, son, obras que lo distinguen por su capacidad narrativa y su agudo sentido de observación de la realidad sociopolítica de su país, pero fue en la política donde se reveló con mayor pujanza.

Sus primeras participaciones las hizo en carácter de convencional para la elaboración de la Constitución de 1870 y como secretario del primer gobierno de posguerra, el Triunvirato. A seguir fue ministro del Interior y de Instrucción Pública.

De esa época en adelante estuvo firmemente relacionado con la administración pública. Fue ministro de Culto e Instrucción Pública y luego de Relaciones Exteriores en el gobierno de Cándido Bareiro (1878-1880). Ocupó el ministerio de Hacienda en el mandato de Juan Gualberto González (1890-1894). Fue nuevamente ministro de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Emilio Aceval.

La renuncia impuesta del presidente Juan Gualberto González, concuñado de José Segundo, dio lugar a que se pensara que sería substituido por este. La situación política era manejada por intrigantes del gabinete: las presiones sufridas por Decoud por parte de Rufino Mazó, Eusebio Mongelós y Rufino Careaga, en representación de los hombres fuertes, Juan Bautista Egusquiza y Bernardino Caballero, forzaron su apartamiento, dando lugar a que la presidencia recayera en manos de Marcos A. Morínigo.

La gestión diplomática de Decoud se dio con la designación como ministro plenipotenciario ante los gobiernos de Brasil y Uruguay.

Hombre de fuertes principios liberales, fue fundador en el año 1887, al lado de Bernardino Caballero y otros más de la Asociación Nacional Republicana, entidad a la que dedicó muchos años de su talento como hombre probo y capaz.

El Paraguay no obtuvo el provecho suficiente de uno de los hombres mejor dotados para el ejercicio de gobierno. Su ilustración y buenas intenciones se extraviaron en medio de la anárquica marea que arrasó con la nación paraguaya en los primeros años de su reorganización.

Luego de numerosos intentos que se remontan a la época colonial, el 24 de septiembre de 1889, a sólo 19 años de concluida la guerra, se creó la Universidad Nacional de Asunción. La figura señera de José Segundo Decoud figura entre los que delinearon el proyecto del funcionamiento de la primera institución de estudios superiores.

Luego de una larga labor de servidor público debió hacer frente a una acusación promovida por Juan Silvano Godoi, en el seno del Senado, de pretensiones anexionistas con la Argentina y traición a la patria. Manuel Domínguez lo defendió con altura, obteniendo la absolución del celebrado político. Refiere sobre el punto el historiador Carlos R. Centurión que la discusión suscitada como consecuencia de la acusación contra el canciller Decoud, constituye una de las páginas más bellas y ardorosas de la antigua vida parlamentaria en el Paraguay.

En 2014, el historiador y diplomático Ricardo Scavone Yegros recopiló la mayor parte de sus escritos publicados, con un estudio crítico.

Puso fin a su vida, en Asunción el 4 de marzo de 1909. La carta de despedida a su esposa, según la conserva su nieto Francisco Legal, dice:

“Benigna mía: ¡Qué dudas terribles afligen mi espíritu! ¡Haber pensado tanto en una solución y luego vacilar en el último instante! Un frío sudor, sombrío como el anuncio de una inminente desgracia, recorre mi cuerpo aterido y experimento la insondable sensación de hallarme en los umbrales de dos mundos. Pasajeros de la vida, en fin, ese es nuestro destino. Nuestro albedrío solo puede alargar una agonía por años o beber la copa en un instante. He ahí, en pocas palabras, la cruel duda que se apodera de mí. Y solo yo debo tomar la decisión. Pasaran por mi retina, como un caleidoscopio mágico, los lejanos recuerdos de la juventud. Las cruentas batallas contra la tiranía en la guerra grande. Nuestro amor, santificado ante el altar. El nacimiento de nuestros hijos. Mis desvelos por la cosa pública. Y debo confesarte un pecado. Te sacrifiqué a ti y a mi adorada familia, ante el altar de la Patria. Todos mis afanes se centraron en ella y postergué a los míos. ¿No es hora que yo, finalmente, me sacrifique? ¿Que beba de la copa de la amargura? ¿Que en un acto terriblemente sublime, pague la culpa de haberos olvidado? Nunca escuché de tus labios ningún reproche, solo alguna que otra velada advertencia sobre los que se decían mis amigos, al menos, a quienes yo tenía por tales, que nunca me comprendieron, y que más bien me vilipendiaron. Jamás acepté el despojo de la nación. Por eso no acumulé fortuna. Mientras tanto, otros, cubiertos bajo el palio de mi entrega total a la República, forjaron inmenso patrimonio poniendo el pueblo en almoneda. Decían por ahí que mi honestidad me tornaba peligroso, porque mientras yo sabía el abordaje consumado contra el Tesoro público, no me complicaba con nadie, lo que me permitía ser juez de todos ellos. Y alguna vez podría sentarlos en el banquillo. Sacaron a luz mi ambición. ¿Acaso mi ambición no estaba colmada con creces, habiendo servido a mis compatriotas desde 1864 hasta la víspera? Tantos años trabajando por la Patria, ¿no refutan acaso la falsa imputación? Dicen mis detractores que yo fundé la Asociación Nacional Republicana para mi provecho. Pero ¿quienes son los favorecidos? Los que tienen opulentos palacios en Asunción y grandes estancias en la campaña y puertos en el litoral que compiten con el capitaleño, pero con un tráfico reconocidamente ilegal. ¿Y los beneficiarios de los grandes empréstitos, como los Gill, Bareiro y el Gral. Caballero? ¿Y sus conmilitones? ¿Y los que fundieron varios bancos? A todos ellos les digo: ¡Vade retro, Satanás! Con mi casa hipotecada y mis compromisos que, por honor, trabajosamente voy pagando y que me matan de a poco cada día. No faltan los que me llaman “traidor a la Patria”, por haber participado de una cruzada americana para libertarla de un tirano. En Grecia y Roma se llamaba “Pater Patri” (Padres de la Patria) a quienes la liberaron de sus tiranos. ¡Oh, tiempos; oh, costumbres! Con esa propaganda han enviciado el corazón de los paraguayos y solo la Providencia sabe las pruebas que el destino depara a nuestros hijos! Recuerdo que siendo don Juan G. González, presidente de la República, deliberó un cenáculo republicano para buscar al sucesor hacia fines de su mandato. Se barajaron nombres. Y surgió el mío. No faltó un Agustín Cañete, amanuense de López, quien osó impugnarme. Fue la única ocasión que lo vi veraz a Caballero: “Yo mismo lo hubiera combatido a López, si no fuera porque vigilaba de cerca a mi madre y mis hermanas y las hubiera victimado si yo daba un paso semejante”. Esto lo dijo en privado. Pero por la prensa periódica usó el infundio de Cañete para subalternizarme. ¡Oh, hombres de López! ¡Todos cortados por la misma tijera! La injusticia melló mi espíritu. Y seguí al servicio de los gobiernos republicanos que vinieron después. Yo no permití ya que nadie me hablara de candidaturas. Solo les advertí una y mil veces que el Partido Nacional Republicano se reformaba, o su caída sería una mera cuestión de tiempo. Y vino 1904. Y con él, todo lo que debimos soportar. El partido triunfante me invitó a formar filas. Y yo lo rechacé, porque voy a morir republicano, aunque terroríficamente desengañado de sus hombres. Benigna mía: Quise escribirte una carta íntima y personal, y de nuevo cometo el error de hablarte de la cosa pública. Es que llevo el amor a mi Patria en el corazón y solo se extinguirá cuando este deje de latir… que es igual a decir pronto. Los ciudadanos de la antigüedad clásica preferían la muerte a una vida estéril y truncada por las bajas pasiones de los hombres. He concebido así la idea de una inmolación, como un sacrificio personal ante el ara sagrada de la Patria. ¡Ojalá que este holocausto cierre la nómina de los que habiéndole entregado toda su vida, sucumben también ofreciéndole su propia muerte! ¡Que los muertos entierren a sus muertos! Hoy, 3 de marzo de 1909. Adiós… José Segundo Decoud”

publicado en: "Una relación compleja, Paraguay y Brasil 1889-1954" de Francisco M. Doratioto, © Edit. Tiempo de Historia, Asunción, 2011



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