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Música docta



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Véase también: Portal:Música

La música culta o artística es una denominación general para aquellas tradiciones musicales que implican consideraciones estructurales y teóricas avanzadas, así como una tradición musical escrita. Se distingue así pues de otras grandes tradiciones musicales como son la música popular.

Es frecuente la utilización de «música culta» como sinónimo de música clásica occidental; aunque algunos autores[cita requerida] las diferencian al incluir en la música culta expresiones como la música contemporánea, las músicas artísticas india, china y japonesa, y algunas formas de flamenco, jazz, rock y de música experimental que no suelen encuadrarse dentro de lo que se entiende como música culta.

Además de las ya mencionadas, existen otras varias denominaciones para la música artística: música seria, música erudita, música docta,[cita requerida] música culta y música formal[cita requerida].

Es un sistema de escritura utilizado para representar gráficamente una pieza musical, permitiendo a un intérprete que la ejecute de la manera deseada por el compositor. El sistema de notación más utilizado actualmente es el sistema gráfico occidental que representa sobre un pentagrama una serie de signos. El elemento básico de cualquier sistema de notación musical es la nota, que representa un único sonido y sus características básicas: duración y altura. Los sistemas de notación también permiten representar otras características diversas, tales como variaciones de intensidad, expresión o técnicas de ejecución instrumental. No obstante, existen muchos otros sistemas de notación y muchos de ellos también se usan en la música moderna.

La música culta surge en Europa como expresión artística y cultural. Sus inicios escritos se remontan a la época medieval, pero toma reminiscencias de la música de otras culturas como Egipto, Mesopotamia y, sobre todo, la antigua Grecia ―no tomó nada de la música en la antigua Roma, ya que los romanos dieron poca importancia a la música― desde las que fue evolucionando a través de numerosas y heterogéneas épocas, hasta la época contemporánea.

A principios del siglo XIX varios países en América lograron su independencia, aunque la vida musical siguió siendo un reflejo de lo que sucedía en Europa, sobre todo en España. La más importante de todos es, sin duda, la intensa relación entre la música culta y la popular.

Antes de acabar el siglo XIX, varios compositores en distintos países comenzaron a escribir una música que se diferenciaba de los modelos europeos. Se trataba de pequeñas piezas para piano, muy relacionadas con los bailes populares. Ese fue el inicio del nacionalismo musical en América.

La complejidad de la estructura de estas músicas hace de ellas un arte de especialistas e imposible la transmisión por vía oral. Pero, en cada país incluyendo los de Europa, existe paralelamente una música de tradición oral. Es la música de las clases populares. Creada por ellos mismos y para ellos mismos, puede ser comprendida por todos y es posible para todos ejecutarla. Es música simple, a la vez en su estructura, su melodía y su ritmo lo que le permite ser conservada por medio de la memoria colectiva. Está generalmente constituida de un corto motivo rítmico-melódico que se repite constantemente, dando lugar a numerosas y delicadas variaciones. Esa música se caracteriza por una curiosa utilización de los instrumentos y de la voz, explotando todas sus posibilidades de emisión: el hablado, el grito, una voz ronca o muy agudas. Pero su objetivo no es el sonido puro o el virtuosismo, sino la transmisión de un mensaje. Es una música funcional porque tiene un significado para el pueblo que la crea.

Acompaña entonces los trabajos de la vida diaria, los acontecimientos propios a nuestra naturaleza (nacimientos, muertes); en fin, está presente en las celebraciones religiosas (música de transa para entrar en contacto con las divinidades en África etc.) Esta música de la vida, íntimamente ligada a los hábitos y creencias, expresa la identidad de un pueblo. Siendo en general culturas de auto subsistencia, la música es el único instrumento de su liberación.

El continente americano en su conjunto, no posee música culta propia; en cambio tiene una gran diversidad de músicas populares. Por otro lado, ha recibido la influencia exterior, trayendo consigo un amplio fenómeno de aculturación que ha hecho desaparecer la cultura propia en muchos lugares. A pesar de esto, los países andinos han conservado un recuerdo de las manifestaciones musicales ancestrales.

Tradicionalmente se ha considerado que la música culta es la que admira la gente culta (en otras palabras la elite cultural, económica y política). El sociólogo francés Pierre Bourdieu (1930-2002) estableció que la cultura se manifestaba ante todo como un instrumento útil concebido a conciencia para marcar diferencias de clase y salvaguardarlas; cada oferta artística estaba dirigida a una clase social específica, en tanto que era aceptada únicamente por esa clase. El gustos de las elites que apreciaba la «alta cultura» y la «música culta» en contraposición a los gustos mediocres típicos de la clase media o a los «gustos vulgares» venerados por las clases bajas. En esta visión la música culta se contrapone a la música popular.[1]

Para Zygmunt Bauman esta concepción ha perecido, en la actualidad se vive en una sociedad de consumo. En ella la cultura es un conjunto bienes o experiencias concebidas para el consumo. Hoy la cultura no consiste en prohibiciones sino en ofertas, que se corresponde bien con la libertad individual de elección, donde la música culta es tan solo un producto más de consumo. Hoy el individuo puede consumir música popular y música culta sin distinción de clases.[1]




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