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Martín Chambi Jiménez



¿Qué día cumple años Martín Chambi Jiménez?

Martín Chambi Jiménez cumple los años el 5 de noviembre.


¿Qué día nació Martín Chambi Jiménez?

Martín Chambi Jiménez nació el día 5 de noviembre de 1891.


¿Cuántos años tiene Martín Chambi Jiménez?

La edad actual es 133 años. Martín Chambi Jiménez cumplió 133 años el 5 de noviembre de este año.


¿De qué signo es Martín Chambi Jiménez?

Martín Chambi Jiménez es del signo de Escorpio.


Martín Chambi Jiménez (Coasa, Puno, 5 de noviembre de 1891[1]​- Cuzco, 13 de septiembre de 1973)[2]​ fue un fotógrafo peruano. Es considerado como pionero de la fotografía de retrato.[3]​ Reconocido por sus fotos de testimonio biológico y étnico, ha retratado profundamente a la población peruana y su patrimonio.

Martín Chambi buscó siempre saber más de su oficio, aprender de sus mayores en Arequipa (donde muy joven conoció a los hermanos Vargas), en el Cusco, en Lima o en el extranjero.[cita requerida]

Martín Chambi Jiménez nació en una familia de campesinos quechuahablantes a finales del siglo XIX. Sus padres fueron Félix Chambi y Fernanda Jiménez.[4]​ En su condición de indígena y desheredado, la pobreza y la muerte del cabeza de familia hace emigrar al joven Martín Chambi, con solo catorce años, a buscar trabajo en las multinacionales que explotan las minas de oro de Carabaya en la selva a orillas del río Inambari.

La fortuna hace que sea allí donde traba su primer contacto con la fotografía, aprendiendo sus rudimentos de los fotógrafos ingleses que trabajan para la Santo Domingo Mining Co. Ese encuentro fortuito con la nueva técnica prende en él la chispa que le decide a buscarse el sustento como fotógrafo. Para ello emigra en 1908 a la ciudad de Arequipa, donde la fotografía está muy desarrollada y donde descuellan figuras de fotógrafos notables que venían tiempo marcando un estilo propio y manejando una técnica impecable.

El contexto social y cultural en que se desarrolló fue el óptimo, pues una ola creciente de interés turístico e histórico y de investigaciones arqueológicas (la ciudadela de Machu Picchu fue descubierta oficialmente en 1911), así como la llegada al sur de los beneficios modernos de la tecnología (motocicletas, automóviles, vuelos aéreos, nuevas carreteras), fueron, indudablemente los acicates visuales de su inquieto espíritu observador. Chambi fue uno de los protagonistas de la denominada Escuela de Fotografía Cusqueña. Expuso en vida por lo menos diez veces, tanto en el Perú como fuera de él.

Muchos críticos aseguran que dividió su trabajo en dos grupos: el de índole comercial, que incluía los retratos por encargo, en estudio y exteriores así como los grandes retratos grupales y el otro de carácter personal, que incluía su registro antropológico, básicamente retratos de la etnia andina y registro de tradicionales locales, también estarían sus numerosas vistas urbanas del Cuzco y sus vistas de restos arqueológicos. Si bien esta parte de la obra es cuantitativamente menor, se distingue por haber sido realizada con notable persistencia y continuidad.

Las tomas famosas en las que capta instantes cruciales de la vida moderna de la antigua capital del Tahuantinsuyo (por ejemplo, el primer vuelo aéreo a cargo de Velasco Astete) estarían, más bien, en el punto intermedio de ambas modalidades.

El investigador peruano Jorge Heredia, radicado en Ámsterdam, Holanda, asevera que la obra del fotógrafo ha sido revalorada desde fines de los años 1970 con resultados muy diversos, quizá tan heterogéneos como la naturaleza del mismo legado, cuya densidad, agrega, permite destacar cualquier punto de apoyo para todo tipo de presentación.

Heredia también afirma que el artista puede ser tomado como un fotógrafo documental al pie de la letra y también puede acercársele a cierto formalismo o ser considerado sin más como un llano producto artístico, así como hizo el pictorialismo en su época.

Se dice que tuvo un claro sentido práctico como profesional de la imagen. Esto lo indican especialistas en la materia como el cineasta José Carlos Huayhuaca, autor del libro Martín Chambi, fotógrafo, quien sentencia que este era un hombre con los pies en la tierra, aunque no al punto de hacer cosas por razones monetarias, pues de lo contrario se hubiese quedado en Arequipa, donde tenía más posibilidades que en el Cuzco. Una de las etapas de su vida pocas veces mencionada en detalle ha sido su labor de reportero gráfico para el diario La Crónica y la revista Variedades (1920-1927),[5]​ publicaciones peruanas que ilustraron muchas de sus páginas durante el Oncenio de Augusto B. Leguía con fotografías inéditas de Chambi, todas ellas muy sugestivas, nítidas y perfectamente concebidas.

Acontecimientos, curiosidades, hechos singulares, noticias en suma, era lo que el lente puneño, adoptado por el Cuzco, reveló en el trabajo diario, y no solo para la capital limeña, sino también para la ciudad cosmopolita de Buenos Aires, donde colaboró en el diario La Nación.

Y es que su obra trasciende preocupaciones personales y llega a calar a fondo en el alma colectiva del pueblo. En su caso, el arte fotográfico no deviene verticalmente de parámetros indigenistas, como podría creerse, aunque aquel estímulo de reivindicación lo ayudó a tomar conciencia de su identidad cultural, sino que se enriquece verdaderamente de sí mismo, como artista que fue en el esfuerzo por captar lo singular de cada persona, situación o paisaje.

Tras disfrutar en vida del reconocimiento de la crítica, de la prensa y del público, sufrió un decaimiento de su salud y quizá también de su obra. Pese a ello, en 1958, al celebrar sus bodas de oro como profesional, su figura se renovó e incluso recobró presencia en los medios de comunicación en entrevistas y reportajes. Parte importante del archivo Chambi, estuvo bajo el cuidado de su hija Julia, y hasta el fallecimiento de esta el 15 de octubre de 2006, ha viajado por distintos países de Latinoamérica. La iniciativa de observar las reproducciones partió de las mismas instituciones y asociaciones extranjeras, como el Colectivo de fotógrafos de Uruguay; el Museo San Martín de Argentina; el Palacio de Bellas Artes de Chile y los Amigos de la Fotografía de São Paulo, Brasil.

El archivo cuyas placas se conservan bien por el clima seco del Cuzco y la atención de la familia, debería contar de todas formas con una inmejorable infraestructura que proteja el valioso material.

A pesar de sus declaraciones anteriores, el nieto del artista, reconoce, sin embargo, la necesidad de una sistematización digital del trabajo, para que así ya no se manipulen directamente las placas o las fotos.

solo después de su muerte, acaecida en 1973, su obra ha vuelto a ser estudiada, apreciada y admirada por todo el mundo, a partir de exposiciones internacionales, como la que se realizó a mediados de la década de los años 1990 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (España), o la más reciente, en noviembre de 2001, en París (Francia)en los sobrios ambientes del Instituto Cervantes.

Quedan en la memoria fotos notables como Víctor Mendívil con un campesino de Paruro (1932), Organista en la capilla de Tinta (1936), Orquesta de la familia Echave (Cuzco, 1931), así como la titulada Chicha y sapo, costumbres cusqueñas (1930), entre otras tomas.

Es necesario mencionar que, no obstante el esfuerzo del propio fotógrafo por difundir su obra (exposiciones en el interior, en Lima y fuera del país así lo comprueban), esta no logró quedar en la memoria de los hombres y mujeres de su país sino hasta hace pocos años, en que recién el nombre de Martín Chambi nos dice tanto como sus impresionantes imágenes.

Chambi nació en una aldea surandina en el seno de una comunidad campesina de tradiciones indígenas quechuas. En Chambi se dio la concurrencia afortunada de varias circunstancias históricas, siendo las principales,-sin entrar en detalle-, la llegada tardía de la revolución industrial a los Andes, con toda la secuela de encuentros de la modernidad con la tradición; el relativo auge económico local, motivado principalmente por el aumento del comercio, las mejoras de la comunicación y los servicios, y el consiguiente interés turístico creciente por el Cuzco;y la emergencia de programas sociales y políticos pro-indígenas surgidos desde los centros urbanos con su importante correlato de movimientos artístico-literarios que se permeaban en el quehacer cultural.

Mientras que Chambi se aprovechó con resolución, sagacidad y talento de la situación en que se encontraba, esta es totalmente irrepetible. Es más, Chambi fue un caso aislado. La posibilidad que tuvo de realizar su obra tal como la hizo fue tan excepcional como su ascenso social. Lo cual no quiere decir en absoluto que Chambi fuera el único fotógrafo en el Cuzco de aquel entonces, es más, parece que la efervescencia social, económica y cultural de aquellos días propició en el Cuzco el clima necesario para que una ola de fotógrafos desarrollaran obras peculiares; pero hasta el momento es el único que remonta de ese modo la escala social y también, un tanto injustamente, el único cuya obra ha sido ampliamente reconocida. La fotografía en el Cuzco de las primeras décadas del siglo XX fue un signo más de la pujante modernidad que empapaba la sociedad, conjuntamente con el ferrocarril, la motocicleta, el automóvil y el aeroplano, cuya llegada ha sido fielmente documentada por Chambi.

La fotografía en ese nuevo ambiente fue a su vez huella y marca, fue medio de registro y medio de darle forma a la inmigración, de uno mismo, de los demás, y también del ambiente en que se operaba. De hecho hubo un significativo encuentro de las formas de inmigración tradicionales, no solo las reinantes en el medio burgués que apoyaba a Chambi, sino también de las formas de los grupos menos favorecidos, los mestizos y los indígenas. Y todas estas imaginaciones a su vez se encontraron con las ventajas, limitaciones y demandas de la modernidad. Por sus características particulares, el fenómeno fotográfico mismo fue un escenario que influyó tremendamente en las formas de inmigración y dejó impreso estos encuentros, todos los choques, tropezones y magulladuras. Chambi casi lo único que hace es responder con habilidad tanto al estímulo de la cultura reinante como a la de sus orígenes; se alimenta de cultura para retroalimentar a su vez la cultura.



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