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Mikaël



Michael (también conocida como Mikaël, Encadenado: la historia del tercer sexo y Deseo del corazón) es una película muda alemana realizada en 1924, dirigida por Carl Theodor Dreyer, director destacado por otras películas mudas como La pasión de Juana de Arco (1928), El dueño de la casa (1925) y Páginas del libro de Satán (1921). Junto a Anders als die Andern («Diferente de los demás») (1919) y Geschlecht in Fesseln («Sexo encadenado») (1928), Michael es ampliamente considerada un hito del cine mudo gay.

La película se basa en la novela Mikaël de Herman Bang, de 1904. Esta es la segunda adaptación cinematográfica del libro, pues la primera fue la sueca Vingarne rodada ocho años antes por Mauritz Stiller. Sin embargo Michael sigue más fielmente el argumento del libro de Bang que la primera adaptación.


Un famoso pintor llamado Claude Zoret (Benjamin Christensen) se enamora de uno de sus modelos, Michael (Walter Slezak), y por un tiempo ambos viven juntos felizmente.

Zoret es considerablemente mayor que Michael y por ello, éste empieza a distanciase de él, aunque Zoret no se da cuenta en absoluto. Cuando una condesa arruinada (Nora Gregor) acude a Zoret, aparentemente a encargarle un retrato pero con la intención real de seducirle y estafarle su dinero, encuentra que Michael es más receptivo a sus avances, se lía con él y le usa para robar a Zoret. Cuando el pintor descubre lo que está pasando se hunde y su trabajo lo acusa terriblemente. Para colmo Michael vende el retrato que Zoret le había pintado y regalado, y también roba y vende los bocetos que Zoret había hecho en su estancia con él en Argelia, al principio de su amor. En su desesperación Zoret empieza a trabajar en su obra maestra, un cuadro de gran escala de un hombre tumbado en la playa, usando Argelia como fondo, que representa a un hombre que lo ha perdido todo.

Tras finalizar el cuadro, Zoret cae gravemente enfermo. Charles Switt (Robert Garrison) permanece junto a él en su lecho de muerte. Switt siempre ha amado a Zoret y ha estado junto a él, nunca criticó a Michael porque sabía que Zoret lo quería y no hubiera hecho algo que le hiriera. Switt envía un mensaje a Michael, diciéndole que Zoret se estaba muriendo y que viniera enseguida, pero la condesa se lo impide. Las últimas palabras de Zoret, que sirven también como prólogo de la película son: «Ahora puedo morir en paz, porque he visto el verdadero amor».



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