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Misioneros



Se llama misionero a aquella persona cuyo objetivo principal es el anuncio del evangelio mediante obras y palabras entre aquellos que no creen. Esa forma de misión propiamente tal es conocida como ad gentes, es decir, hacia las gentes, gentiles o no cristianos, y se desarrolla en lugares donde el evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, o en ambientes refractarios ubicados más allá de las propias fronteras donde se dificulta la prédica y aceptación del mensaje.

En la Historia del cristianismo, la idea de misión se aplica tanto a colectividades como a individuos e implica una forma de vocación, que se interpreta como un llamamiento positivo de Dios que «envia»,[1]​ para llevar un encargo o realizar un trabajo apostólico: la tarea de anunciar el evangelio, conforme al mandato final puesto en boca de Jesús de Nazaret en los Evangelios de Mateo y de Marcos:

La palabra «misión» se habría originado en la década de 1590, cuando la Compañía de Jesús (jesuitas) envió a algunos de sus miembros al extranjero,[2]​ ya que la vocación de la orden era «servir a Cristo en misión universal». Concretamente, entre 1581 y 1592, salieron de Lisboa 54 jesuitas con rumbo a la India, para seguir los pasos de Francisco Javier.[3]​ La palabra se popularizó a partir de la traducción latina del pasaje bíblico en el que Cristo envía a sus discípulos a predicar en su nombre, y condujo a la definición de las misiones como los asentamientos fundados en tal carácter.

La palabra «misión» tiene también el sentido de trabajo, tarea, quehacer o cometido.[4]​ Esta acepción más general permite además la concepción de un cierto carácter misionero en las personas, ministerios e instituciones, independientemente de su origen o de su condición religiosa o laical. El término, usado en sentido estricto en el marco del cristianismo, se puede utilizar también en sentido laxo para referir a otros credos o ideologías.[5]

En los evangelios sinópticos, Jesús de Nazaret se presenta a los hombres como el enviado de Dios por excelencia, por lo cual al acogerlo o rechazarlo se acoge o se rechaza al que lo ha enviado,[a]​ es decir, a Dios Padre.[1]​ La conciencia que Jesús tiene de su misión (término de donde deriva la palabra «misionero») se explicita en frases características: «Yo he sido enviado...», «Yo he venido...», «El Hijo del hombre ha venido...» para anunciar el evangelio,[b]​ para cumplir la ley y los profetas,[c]​ para llamar no a los justos sino a los pecadores,[d]​ para buscar y salvar lo que estaba perdido,[e]​ para servir y dar su vida en rescate de muchos.[f][1]​ Todos los aspectos de la obra de Jesús de Nazaret enlazan con esa misión, desde su primera predicación en Galilea hasta su muerte en la cruz.

La misión de Jesucristo aparece todavía en forma más evidente en el Evangelio de Juan. Allí, el único deseo de Jesús es hacer la voluntad del que lo ha enviado,[g]​ realizar sus obras,[h]​ y decir lo que aprendió del Padre,[i]​ y pide a los hombres que crean en su misión.[j][1]

La misión de Jesús de Nazaret se prolongó con la de sus propios enviados, los doce apóstoles, que tornaron en misioneros para curar,[k]​ y para anunciar el evangelio,[l]​ enviados «como ovejas en medio de lobos».[m]​ Además, Jesús envió delante de sí misiones más numerosas en discípulos.[n]​ La misión de los apóstoles enlazó con la propia misión de Jesús: «Como el Padre me envió, yo también os envío a vosotros» (Juan 20, 21).[1]​ Así, a todos los apóstoles se les atribuye haber muerto en ciudades o tierras de misión.

Entre las personalidades del siglo I, Pablo de Tarso amerita una mención especial por haberse constituido en el motor de construcción y expansión del cristianismo en el Imperio romano, merced a su talento, a su convicción, y a su carácter indiscutiblemente misionero.[6][7]​ Así había sido presentado el propio Pablo: como un instrumento de elección que llevaría el nombre de Jesús ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel.[o][1]

Pablo hacía generalmente sus viajes a pie (2 Corintios 11, 26).[8][9]​ El esfuerzo realizado por Pablo de Tarso en sus viajes es digno de mención. Si se cuenta únicamente el número de kilómetros de los tres viajes por Asia Menor, supera los 4 600 km según Josef Holzner.[10]

A lo anterior habría que añadir los viajes por tierras de Europa y por mar, los caminos difíciles, las diferencias de altitud, etc. De una forma muy vívida, Pablo mismo describió en el pasaje siguiente lo que estos viajes implicaron:

El teólogo protestante alemán Gustav Adolf Deissmann enfatizó el punto al comentar que sentía «indecible admiración» a vista del esfuerzo puramente físico de Pablo, que con toda razón podía decir de sí mismo que «azotaba su cuerpo y lo domaba como a un esclavo».[p][11]

El número de misioneros cristianos a lo largo de la historia es difícil de calcular. Una obra moderna recopila 2400 personalidades conocidas desde los inicios del cristianismo hasta el presente, que representan a la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, la Comunión anglicana, las Iglesias protestantes, pentecostales, independientes e indígenas, de los cuales cerca de un centenar fueron mártires.[12]

Algunos de los misioneros citados, particularmente los de los primeros siglos, son reconocidos y conmemorados además por otras denominaciones cristianas, como la Iglesia ortodoxa.

Patricio de Irlanda (ca. 377/390-461/464), misionero y santo patrono de Irlanda. Como todo trabajo apostólico característico de áreas de primera evangelización, su misión atravesó obstáculos duros que incluyeron robos, calumnias, falsas acusaciones y amenazas de muerte.

Bonifacio Winfrido, mártir (672/675-755), el «apóstol de los germanos», a quien Gregorio II invistió con el título de legatus apostólico, con el mandato de evangelizar a las Germanicae gentes que más tarde extendió Zacarías a toda la región de las Galiae. Murió bajo golpe de espada.

Los dos hermanos Cirilo y Metodio (siglo IX), nacidos en Tesalónica, fueron misioneros en Crimea y después en el Imperio de la Gran Moravia. Se los venera en las Iglesia ortodoxa y católica como apóstoles de los eslavos. Juan Pablo II los declaró patronos de Europa el 31 de diciembre de 1980.

Francisco Javier (1506-1552), llamado el «apóstol de la India», evangelizó la India, China y Japón, entre otros. Siempre entre enfermos, leprosos, salvajes, presos o pobres, con lenguas muy difíciles de aprender, se lo considera una figura exponencial del misionero. Canonizado en 1622.

Mapa de viajes de Francisco Javier, patrono de las misiones. Partiendo desde Lisboa, sus viajes se acercan a los 100 000 km, a pie o en embarcaciones molestísimas, con climas extremos en frío o calor, y entre peligros siempre.

Pedro Claver (1580-1654), quien convirtió esclavos por millares en Cartagena de Indias, fue canonizado en 1888. Declarado patrono de las misiones entre los negros el 7 de julio de 1896 por León XIII, y defensor de los derechos humanos en 1985.

Toribio de Mogrovejo (1538-1606), misionero español, arzobispo de Lima y organizador de la Iglesia católica en el virreinato del Perú. Canonizado en 1726.

Laurent-Joseph-Marius Imbert (1796-1839), obispo misionero francés en Asia, ejecutado por su fe en el Reino de Joseon (Corea). Canonizado en 1984.

Charles Martial Lavigerie (1825-1892), figura señera en la lucha contra la esclavitud en África, fundador de la Sociedad de los Misioneros de África (Padres Blancos).

Damián de Molokai (1840-1889), misionero belga que murió leproso entre los leprosos en el Reino de Hawái. Canonizado en 2009.

Calixto Caravario (1903-1930), sacerdote salesiano italiano, misionero en China donde murió asesinado a los 26 años. Canonizado en 2000.

Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de la congregación de las Misioneras de la Caridad, galardonada con el premio Nobel de la Paz en 1979. Canonizada en 2016.

Durante la conquista y colonización española y portuguesa de América, los misioneros eran los encargados de construir asentamientos en las zonas más alejadas de los centros cívicos de la época. También eran los encargados de evangelizar a los naturales de esas zonas. En la evangelización de Hispanoamérica, los jesuitas y religiosos de otras congregaciones a menudo defendieron los derechos de los nativos, frente a la corriente que tomaron muchos colonos hispanos. Fueron partidarios de perpetuar el idioma de los nativos, a la vez que les animaron a aprender español. Algunos grupos misioneros reconocidos son: Instituto del Verbo Encarnado, Cáritas, Carmelitas, Cartujos, Dominicos, Franciscanos, Hermanas de la Caridad, Misioneras de la Caridad, Hermanos de la Caridad Contemplativos, Jesuitas, Mercedarios, Misioneros Josefinos, Hermanos de las Escuelas Cristianas, Orden de los Hermanos Betlemitas, Misioneros Combonianos, Claretianos, Salesianos, y Padres Blancos.

Las denominaciones cristianas protestantes también cuentan con una larga historia misionera, entre las llamadas denominaciones históricas encontramos a los bautistas, metodistas, presbiterianos, anglicanos, luteranos etc. Los que más se han distinguido por su herencia misionera ha sido la denominación bautista.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene programas misionales activos y extensivos,[13]​ en 399 misiones a través de sus representantes conocidos como misioneros. Las misiones de tiempo completo, son para hombres solteros a partir de los 18 años, y para mujeres solteras a partir de los 19 años, hasta los 25 años, aunque también existen los matrimonios misioneros. Estas misiones se realizan, en el caso de los hombres, durante 24 meses y para las mujeres, durante 18 meses. Entre sus figuras se recuerda a:

En el caso de los Testigos de Jehová, la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower que imparte para su mejor preparación un curso de seis meses en el que se forma a ministros jóvenes de ambos sexos para el servicio misional en el extranjero. Este servicio misional consiste en la predicación pública del mensaje de la Biblia. Todos los testigos de Jehová dedican tiempo regularmente a predicar de casa en casa y en lugares públicos, pero los que participan en el servicio misional dedican la mayor parte de su tiempo a esta labor, no a tareas humanitarias o sociales; a no ser que se presenten situaciones de emergencia en la comunidad, en cuyo caso participan en programas de socorro organizados por los Testigos.

La Escuela Bíblica para Varones Solteros prepara durante dos meses a ancianos y siervos ministeriales solteros para asignaciones teocráticas especiales. También existen la Escuela del Ministerio del Reino, en la que los ancianos (pastores) y siervos ministeriales reciben instrucción periódica sobre sus responsabilidades organizativas, de enseñanza y de pastoreo en la congregación, la Escuela del Servicio de Precursor, que enseña a los evangelizadores de tiempo completo a ser más eficaces en la predicación, y la Escuela del Ministerio Teocrático, un curso semanal sobre oratoria bíblica para todos los testigos de Jehová.



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