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Motín de subsistencias



El motín de subsistencias, o motín del pan, es una forma de protesta popular común en Europa desde el siglo XV al siglo XIX, en la que una multitud pretende asegurarse el abastecimiento suficiente de alimentos básicos (fundamentalmente pan) a un precio asequible. Se siguió produciendo en algunos países durante la primera mitad del siglo XX, y ha tendido a desaparecer, al menos en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial. También se ha producido en las regiones colonizadas por los europeos y los ha habido, por ejemplo, en Marruecos en 1981, contra el aumento del precio del pan. Los motines de subsistencias son la respuesta popular a la crisis de subsistencias.

Las crisis de subsistencias eran los periodos de escasez de alimentos producidos por las malas cosechas, que al no poder recurrir a eficaces sistemas y medios de transporte ni disponer de acceso a mercados integrados de dimensión, como mínimo, nacional, producían hambrunas. Estas hambrunas producían a su vez sus propias consecuencias: por un lado desnutrición, enfermedades, mortalidad catastrófica por encima de la ordinaria, ya muy elevada; y por otro lado descontento y estallidos sociales y conflictos que se extendían al ámbito político, militar e incluso ideológico.

Son propias de la época preindustrial -en la terminología marxista, modos de producción precapitalistas: esclavismo, feudalismo, modo de producción asiático- en la que predominaba la agricultura y la ganadería. Los ciclos económicos, en esas circunstancias, se reducían a los ciclos naturales (fundamentalmente ciclos climáticos) y a la mejor o peor adecuación de los sistemas productivos a ellos (mediante el aprovechamiento intensivo o extensivo de las tierras de cultivo, rudimentarias mejoras técnicas, etc.). La disminución de los rendimientos (ley de los rendimientos decrecientes) producida por el aumento de la presión de una población creciente sobre un medio ambiente limitado puede explicar la mayor parte de esas crisis de subsistencia, siguiendo el esquema que propuso Malthus (la llamada trampa malthusiana).

Los motines de subsistencias toman formas variadas, según se produzcan en zonas productoras de alimentos, o en los mercados y ciudades donde se venden al público. En las zonas productoras suelen ser motines para impedir la exportación de los bienes de subsistencia fuera de la comarca, por miedo a que quede desabastecido el mercado local. Típicamente se juntan consumidores de la zona, usualmente con muchas mujeres y niños, y expulsan a los tratantes de grano que intentan comprarlo para llevárselo a otras regiones. En los mercados y ciudades, era habitual que si se temía el desabastecimiento, o los precios aumentaban a unos niveles tenidos por intolerables por los consumidores, la multitud se organizase para exigir que se obligase a los harineros a poner en venta lo que hubiese en sus almacenes. Otras veces se exigía el llamado justiprecio: la multitud asaltaba la tahona y vendía el pan al precio que considerase tradicional o razonable.

En el Antiguo Régimen y durante el siglo XIX era común que la multitud exigiese a las autoridades locales que participasen en el motín y lo sancionasen, que se pusiesen del lado del pueblo y reconociesen su derecho al abastecimiento. Hay que tener en cuenta que el abastecimiento de alimentos era una de las principales responsabilidades de los poderes públicos en esa época. Por otra parte, muchos de los grandes motines de subsistencias europeos de los siglos XVIII y XIX se produjeron como reacción a los efectos de las políticas de creación de mercados nacionales interiores, liberalizados, que acababan con las formas tradicionales de control de precios y abastecimientos.

Los amotinados por la carestía o falta de subsistencias del siglo XX, muchas veces vinculados a la acción de los movimientos sindicales contra la carestía, tendieron a dejar de lado la noción de justiprecio, o de buscar la mediación de las autoridades, y dedicarse al saqueo. Algunos historiadores consideran que eso marca un cambio en las relaciones entre las clases populares y las autoridades, de lo que E.P. Thompson denominó la economía moral de la multitud.

El componente de la crisis de subsistencias y su derivación en protestas sociales (urbanas o rurales, con componentes ideológicos, políticos, antifiscales, particularistas, etc. -"según los diferentes tipos de estructuras sociales, y las causas de tal coyuntura ... no se producen aisladamente y no pueden comprenderse sin ... la colaboración de otros grupos sociales [además de los campesinos]"-) está muy presente en las revueltas de los años centrales del siglo XVII (como la La Fronda y otras en la crisis del siglo XVII, que se detecta desde Francia hasta Rusia y China).[1]

Ya en la sociedad industrial siguen existiendo componentes preindustriales en los movimientos sociales que impiden analizarlos de un modo simplificado, como mera traslación mecánica y determinista de las relaciones de producción y de la lucha de clases entre capitalistas y obreros.[7]



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