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Oreopithecus



Oreopithecus bambolii, literalmente ‘mono montañés de Bamboli’, es una especie extinta de primate hominoideo que vivió durante el Mioceno. Sus fósiles han sido hallados en Italia, especialmente en Toscana y Cerdeña y en el este de África. De momento se han encontrado los restos de como mínimo 50 individuos en las minas de Montebamboli– sitio de donde recibe la denominación taxonómica, Baccinello, Montemassi, Casteani, y Ribolla, haciendo de Oreopithecus uno de los fósiles de simio mejor representados.

El peso de Oreopithecus bambolii se estima entre 30-35 kg. Este simio tenía un hocico corto, los huesos nasales elevados, el neurocráneo pequeño y globular, plano orbital vertical, y huesos faciales gráciles. Las crestas cortantes sobre sus molares sugieren una dieta especializada en hojas. La parte baja de su cara muy robusta, con una gran zona para la inserción del músculo temporal, indica un fuerte aparato masticador. Sus dientes son pequeños comparados con el tamaño de su cuerpo. La falta de diastema, un espacio entre el segundo incisivo y el primer premolar indican que el Oreopithecus tenía caninos de un tamaño comparable con el resto de la dentición. En muchos primates los caninos pequeños se correlacionan con una reducida competencia entre los machos por las hembras, además de un menor dimorfismo sexual. Su hábitat parece haber sido pantanoso, y no la sabana ni el bosque. La anatomía postcraneal de Oreopithecus muestran adaptaciones tanto para el desplazamiento suspensorio, así como para el bipedalismo (o bipedación, aunque es improbable que simios como el Oreopithecus alcanzaran la bipedestación). Las estructuras relacionadas con la locomoción suspensoria incluyen un tórax ancho, tronco corto, un índice intermembral alto, dedos largos y esbeltos, y una movilidad excesiva entre las articulaciones. A la vez, este simio también posee adaptaciones para el desplazamiento bípedo tales como la presencia de una curvatura lumbar, a diferencia de otras especies del mismo período. Los fósiles de Oreopithecus han sido datados en cerca de ocho millones de años, los cuales presentan una temprana e inusual apariencia para la postura bípeda (al marchar, aunque no parecen haber podido mantenerse parados por tiempos prolongados tal cual ocurre en la bipedestación humana). No se sabe como de adaptados estaban para la postura bípeda, pero sus brazos y dedos parecen mostrar adaptaciones para trepar y nadar, el hecho de que su hábitat fuera el de zonas pantanosas y frecuentemente inundables quizás explique la hipótesis de Hardy según la cual el actual patrón de las líneas del vello en el Homo sapiens, característiamente hidrodinámico, se debería a paleoancestros que vivieron en ambientes frecuentemente anegados (Véase: Hipótesis del simio acuático).

Otra pieza de evidencias incluyen los canales semicirculares del oído interno. Los canales semicirculares, particularmente en la coclea, sirven como órganos sensoriales para el balance y el control de los reflejos para la estabilización del cuerpo. El oído interno tiene tres canales a cada lado de la cabeza, y cada uno de los seis canales incluye un conducto membranoso que forma el circuito lleno de endolinfa. Los cilios de las células en los conductos de la ampolla recoge las vibraciones de la endolinfa causada por el movimiento, los cuales registran el movimiento de la cabeza. Estos responden al vaivén de frecuencias mayores a 0.1 Hz y envían la señal al nervio vestibulococlear permitiendo la estabilidad del cuerpo. Los huesos de los canales semicirculares permiten estimar la longitud del conducto y su orientación con respecto al plano sagital.

Durante el desplazamiento bípedo, la rotación de la cabeza humana tiene un rango de frecuencias comprendidas entre los 1-3 Hz en el plano horizontal. En otras especies, los canales semicirculares de animales ágiles tienen una longitud de arco más grandes que los animales más lentos. Por ejemplo, el trepador rápido Tarsius bancamus tienen canales semicirculares mucho más grandes que el trepador lento Nycticebus coucang. Los canales semicirculares de los gibones que se desplazan por braquiación son más grandes que aquellos que los de los primates arbóreos o de los grandes simios con cuadrupedismo terrestre. Como regla empírica, el tamaño del arco de los conductos decrece con la masa del cuerpo y consecuentemente ralentiza el movimiento angular de la cabeza. el tamaño del arco se incrementa con una mayor agilidad, y por lo tanto con los movimiento más rápidos de la cabeza. Los humanos modernos tienen grandes arcos en sus canales anteriores y posteriores, lo cual refleja un mayor movimiento angular a lo largo del plano sagital. Los canales laterales tienen arcos de tamaño pequeño, correspondientes a un reducido movimiento de la cabeza de un lado a otro.

Las medidas alométricas sobre el hueso del laberinto de BAC-208, un fragmento craneano que se preservó completamente, sin deformación en la región petrosa del hueso temporal sugiere que Oreopithecus se movía con una agilidad comparable con la existente en los grandes simios (póngidos). Sus canales semicirculares anteriores y laterales caen dentro del rango de lo grandes simios. Su relativamente arco posterior grande que implica que Oreopithecus era más capaz de estabilizar el movimiento angular de su cabeza a lo largo del plano sagital.

Algunos investigadores han sugerido que el extraordinario comportamiento locomotor de Oreopithecus requiere una revisión del consenso actual sobre el tiempo en el que se desarrolló el bipedalismo en el desarrollo histórico de los primates. El pie de Oreopithecus era más similar al de un ave y tenía una anatomía diferente al de los primeros ancestros bípedos del hombre. Su dedo pulgar estaba extendido por fuera de los 90 grados de los otros dedos. Todos los cuales eran más cortos y rectos que los de los modernos simios. El pie con parecido aviar, probablemente estaba asociado con una zancada corta. Algunos investigadores han relacionado Oreopithecus al primitivo Apidium del Oligoceno, un protosimio pequeño y arbóreo que vivió aproximadamente hace 34 millones de años en Egipto. Otros investigadores sugieren que Oreopithecus es un gran simio que se extinguió sin dejar descendencia, y que es un taxón hermano del europeo Dryopithecus, un género de primates del Mioceno que se asemeja a los grandes simios. Mientras que otros sugieren que Oreopithecus era un mamífero arbóreo. Por el momento, esta especie es una anomalía considerable, y podría representar la evolución independiente del bipedalismo de otra manera que el que llevó a humanos, y el cual se terminó algún tiempo después. Más descubrimientos fósiles podrían ayudar a establecer esta y otras cuestiones, tales como la ubicación taxonómica de Oreopithecus, la cual de momento es incierta. Algunos científicos lo ubican en la familia Hominidae justo antes de la separación de los orangutanes del resto de los grandes simios.

Oreopithecus evolucionó en aislamiento de otros animales al menos dos millones de años en las islas del Mediterráneo en las cuales se encontraba la Toscana de hoy en día. Una fase fría hace cerca de nueve millones de años transformó una isla tropical en una templada, una característica de los biomas de Europa en ese tiempo. Allí no había grandes depredadores y los simios no tenían ningún enemigo natural. Después, probablemente, durante la Edad de Hielo cuando el nivel del mar cayó en todo el mundo, emergió un gran puente que conectó las islas con tierra continental, trayendo nuevas especies, entre ellas grandes depredadores que hicieron del simio de los pantanos presas fáciles. Este extraño primate siguió la misma suerte que muchas especies de mamíferos que evolucionaron en aislamiento en Sudamérica, cuando era una isla aislada hasta que se unió a Norteamérica por un puente de tierra y muchas especies de mamíferos (en especial depredadores) procedentes de la región Holártica provocaron la extinción de sus posibles presas o de sus competidores meridionales.

En cuanto al origen del bipedalismo que caracteriza al Oreopithecus bambolii, en junio de 2007 un estudio (Cromptom,Holder y Thorpe) refuerza la tesis de su aparición temprana durante el Mioceno, quizás debido a un extendido período de sequías que afectaron al África, las sequías cuando no produjeron una desertización produjeron una disminución de los follajes arbóreos por lo que los individuos de primates que poseían la mutación ventajosa que les permitía andar sobre dos patas podían obtener más eficientemente sus nutrientes al poder acceder a las zonas extremas de las ramas en donde se ubicaban las frutas y las hojas. El Orepithecus bambolii sin embargo, habría logrado desarrollarse con este rasgo adaptativo luego en zonas perhúmedas.

Tal cual se ha indicado, el nombre binomial científico del género viene del griego "ōros" y "pithekos" que significan "mono de la montaña". El nombre específico "bambolii" se refiere a uno de los sitios donde se han hallado sus restos fósiles.

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