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Síndrome purpúrico



El síndrome purpúrico, también llamado púrpura a secas, se caracteriza por la aparición de manchas cutáneas de color rojo o púrpura que no desaparecen al aplicarles presión. Se debe a sangrado subcutáneo e incluye la presencia de petequias (lesiones menores de 3 mm de diámetro) y equimosis (lesiones de un diámetro mayor de 2 cm). Las lesiones de tamaño intermedio representan la púrpura propiamente dicha, que puede ser palpable (lo que en general indica la existencia de vasculitis) o no palpable.[1]​La púrpura suele asociarse con un trastorno de la hemostasia primaria y tiene como causa subyacente una gran variedad de enfermedades. Entre las infecciosas se destacan el tifus y la meningococemia. La presencia de lesiones purpúricas en un niño, en particular si es un recién nacido, requiere una evaluación diagnóstica urgente.[1]

Dentro de los mecanismos fisiopatológicos del síndrome purpúrico, las causas subyacentes se pueden dividir en:

Las púrpuras no trombocitopenicas pueden ser causa de:

La púrpura trombocitopénica puede ser causa de:

El diagnóstico, que es principalmente clínico, cobra real importancia en el momento de encontrar la causa subyacente de la púrpura. Entre los exámenes utilizados se destacan:

El tratamiento es orientado a resolver a la patología de base que origina el síndrome purpúrico




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