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Servio Sulpicio Galba



Servio Sulpicio Galba (en latín, Servius Sulpicius Galba;[n. 1]Terracina, 24 de diciembre de 3 a. C. - Roma, 15 de enero de 69) fue emperador del Imperio romano desde el 8 de junio de 68 hasta su muerte. Fue el primero de los cuatro emperadores que ocuparon el trono de Roma durante el año 69, el conocido como año de los cuatro emperadores.

Tuvo una brillante carrera política, alcanzando el consulado en 33, siendo con posterioridad gobernador de Germania y procónsul de África (45-6). En 60 pasó a gobernar la Tarraconense, donde inició la rebelión contra Nerón incitado por Cayo Julio Vindex. Proclamado emperador, marchó sobre Roma con el apoyo de Otón, obteniendo el reconocimiento tanto del Senado como de los pretorianos.

Sin embargo, pronto perdió sus apoyos debido a su política de austeridad. Otón, desilusionado por no haber sido nombrado su sucesor, organizó un complot contra el emperador. Tras unos escasos siete meses de gobierno, Galba fue asesinado en el Foro, dejando el Imperio sumido en la guerra civil.

Galba concedió a la ciudad de Clunia el rango de colonia romana y el epíteto de Sulpicia, ya que fue proclamado emperador en ella. También fue el responsable de la creación de la Legio VII Galbiana, que sería durante siglos la única legión romana acantonada en la península ibérica.

Galba nació con el nombre de Servio Sulpicio Galba en las inmediaciones de Terracina. Según Suetonio:

Su abuelo paterno, un político modesto al que Suetonio dedica un extracto de su obra, predijo su ascenso al poder.[n. 2]​ Su padre era el cónsul Cayo Sulpicio Galba, hombre de físico poco agradable, mediocre oratoria y astucia legislativa.[n. 3]​ Su madre era Mummia Acaica, nieta del cónsul Quinto Lutacio Cátulo y bisnieta del militar Lucio Mumio. Fruto del primer matrimonio de su padre nació una niña llamada Servia y un niño llamado Cayo, que huyó a Roma tras malgastar su fortuna; posteriormente se suicidaría a consecuencia de la negativa del emperador Tiberio a asignarle una de las provincias anuales.[2]​ Tras su matrimonio con Achaica, su padre se casó con Livia Ocelina, quien le adoptó. En agradecimiento, el futuro emperador adoptó sus nombres pasando a llamarse Lucio Livio Ocela; solo renunciaría a los mismos tras su ascenso al trono.[3]

A pesar de que procedía de una familia noble y de gran fortuna, no estaba relacionado por adopción o nacimiento con los seis primeros césares, los miembros de la dinastía Julio-Claudia, que aún lo llevaban como sobrenombre por derecho propio, más que como título, aunque su esposa era bisnieta del triunviro Lépido, cuya esposa era hermanastra de Bruto, el asesino de César, quien se casó con la hija de Catón el Joven, Porcia, tatarabuela del emperador Nerón. Cuando observaron su precocidad, tanto César Augusto como Tiberio le auguraron que encontraría su lugar en la cima del Imperio.[n. 4]

Suetonio afirma que se cultivó en la ciencia de la jurisprudencia con considerable asiduidad. Se casó con una Lépida, con la que tuvo dos hijos; sin embargo tras la muerte de todos ellos se convertiría en célibe a pesar de las insinuaciones de Agripina, madre de Nerón. Mientras vivió Livia, Galba gozó de su favor. A su muerte, la esposa de Augusto le mencionó en su testamento, a pesar de lo cual no pudo recibir nada a consecuencia de la intervención del tacaño Tiberio.[4]

Designado para la pretura en 20, ocupó este cargo antes de lo que indicaba la tradición.[n. 5]​ Tras expirar su mandato se le envió a gobernar la provincia de Aquitania. Tras ello fue cónsul, sucediendo al padre de Nerón (su antecesor en el trono), Cneo Domicio Enobarbo y precediendo a Lucio Salvio Otón, padre de su sucesor en el trono.[5]

Calígula le envió a Germania a fin de sustituir a Getúlico, hombre del que sospechaba el emperador. Galba obtuvo renombre militar en este cargo al desempeñar una eficaz política castrense a través de la cual impuso una rigurosa disciplina entre sus hombres. Durante su regencia rechazó las invasiones bárbaras, que habían llegado hasta la Galia. Calígula quedó tan satisfecho que recompensó considerablemente a las tropas que había comandado el futuro emperador.[5]

Ya que rechazó tomar el Imperio tras la muerte de Calígula, a pesar de que muchos le instaron a hacerlo, disfrutó también del favor de Claudio, quien lo contaba entre sus compañeros más íntimos. Sirvió durante dos años como procónsul en África. Con una justa y severa política pacificó un territorio empobrecido a causa de los continuos ataques bárbaros y luchas intestinas.[6]

En recompensa a los servicios que había prestado en África y Germania, fue recompensado con los ornamenta triunphalia y con un triple sacerdocio. Tras ello se retiró hasta que el emperador Nerón le ofreciera la provincia de Hispania Tarraconense (61).[7]

En este punto de su carrera, que tuvo tan buen comienzo, comenzó a dejarse dominar por la indolencia y la apatía. En este punto los historiadores barajan dos opciones, o Galba no deseaba llamar la atención de Nerón, o bien le pesaba demasiado su enfermedad y su edad. Tácito afirma que todos sus contemporáneos le contemplaban como un adecuado sucesor al trono hasta que fue proclamado emperador:

Mientras estaba en Clunia (que recibiría el apelativo de Sulpicia en su honor), en la primavera de 68 recibió informaciones que afirmaban que el emperador había cursado cartas con órdenes de asesinarlo; lo que pudo haberle decantado a unirse a la rebelión de Vindex cuando este solicitó su ayuda.[9]​ Antes de que Vindex cayera, Galba reclutó una legión de provinciales, la VII Galbiana, que, convertida en Gémina, sería con posterioridad la única de la Península, con sede en la actual ciudad de León. A ella se sumaba la única legión por entonces presente en Hispania, la VI Victrix. Además creó una especie de Senado con carácter consultivo, así como un cuerpo de jóvenes caballeros, los evocati, que debían prestarle servicios militares.[10]

A pesar de todos estos preparativos, cuando falleció Vindex estuvo al borde del suicidio; no obstante renunció a ello tras la llegada de noticias de la capital que informaban de la muerte de Nerón. Tras ello añadió a su nombre el título de César y, tras la derrota de sus posibles rivales al trono, el praefectus pretorioe Ninfidio Sabino, y los legatus Fonteyo Capitón (Germania) y Clodio Mácer (África).[11]

Durante su marcha y a su llegada a la capital imperial, se labró una reputación de avaro y ambicioso, debido a las impopulares medidas que aprobó con el fin de restaurar los fondos estatales, esquilmados por la generosidad de Nerón y los gastos derivados de las campañas en Armenia y Judea. Así, a pesar de ser extraordinariamente rico, se negó a pagar a la Guardia Pretoriana la recompensa prometida en su nombre.[12]​ Su avanzada edad había mermado sus energías, dejándole totalmente en manos de sus hombres de confianza. Tres de ellos - el senador Tito Vinio, con el que compartió su segundo consulado, el comandante pretoriano Cornelio Lacón, y su liberto Icelo Marciano - eran conocidos como los «tres pedagogos» a consecuencia de la influencia que ejercían sobre el emperador.[13]​ Sus políticas, así como la impunidad con la que permitía actuar a sus agentes le valieron el odio del pueblo y el ejército.[14]​ El mermado intelecto del emperador se decantó por creer que esta hostilidad se debía a la ausencia de un heredero, por lo que adoptó a Lucio Calpurnio Pisón Frugi Liciniano; esto decidió a Otón a iniciar su marcha sobre la capital.[15]

El 1 de enero de 69, dos legiones de Germania Superior se negaron a renovar el juramento de lealtad que les vinculaba a Galba, derribaron sus estatuas y exigieron la elección de un nuevo emperador. Al día siguiente las legiones de Germania Inferior nombraron emperador a su comandante, Vitelio. Esta rebelión hizo al emperador comprender la dimensión de su impopularidad y del descontento del pueblo con su administración. Por otra parte, los pretorianos se ponían cada vez más nerviosos al no ver más cerca sus donativa habituales.

Marco Salvio Otón, que por entonces se encontraba al frente de la provincia de Lusitania, había sido desde siempre uno de los más fieles adeptos de Galba. A pesar de ello, Otón estaba indignado con Galba cuando se enteró de que no le había nombrado como heredero; esta situación le impulsó a iniciar contacto con los descontentos miembros de la Guardia Pretoriana, quienes decidieron nombrarle emperador.

Galba fue asesinado en el Foro[n. 6]​ la mañana del 15 de enero de 69, por un soldado de la Legio XV Primigenia llamado Camurius,[n. 7]​ cuando contaba con 72 años de edad. Su sucesor, Pisón, fue asesinado tres días después. Plutarco afirma que el emperador ofreció el cuello a sus asesinos exclamando:

Esperando ser recompensados y ansiosos por obtener el favor de Otón, unas 120 personas se declararon autores del crimen, con cuyos nombres se confeccionó una lista. Cuando este escrito cayó en manos de Vitelio este ordenó ejecutar a todos los que figuraban en ella.[16]

Suetonio describe así la apariencia de Galba:

Y así su personalidad:




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