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Shima



Shima (島?) hace referencia a uno de los elementos que integran un jardín japonés. En concreto se usa para designar a las rocas del jardín y al recinto que las contiene, y finalmente por extensión a todo el jardín.

En Japón, los jardines son considerados tesoros culturales y suelen estar declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. La particularidad de los jardines japoneses reside en su significado cultural inusual, y son un reflejo de las corrientes estéticas, religiosas y sociopolíticas de cada etapa en la que se van desarrollando.

Encontramos jardines en las casas privadas de Japón, en los parques de las ciudades, en los templos Budistas o capillas Sintoistas, y en lugares históricos tales como viejos castillos. Muchos de los jardines japoneses más famosos en Occidente, y así mismo dentro del propio Japón, son los jardines Zen. También es destacable la tradición de la Ceremonia del Té, la cual ha generado jardines japoneses refinados en un grado sumo de cualquier otro estilo, que evocan la simpleza rural.

Ya encontramos jardines en la era Heian, como arte importado de China, y seguirán desarrollándose durante las eras Kamakura, Muromachi, Momoyama y el periodo Edo hasta los jardines de la actualidad.

A pesar de que no se puede entender un jardín japonés separando los elementos que lo componen, sí que es necesario saber por qué se utilizan los diferentes elementos y qué papel juegan en la visión global del jardín.

Siguiendo las indicaciones del Sakuteiki, el primer tratado escrito sobre el diseño de jardines japoneses, para crear un jardín japonés se debe entender y recrear la esencia de los paisajes japoneses. Esto da lugar a un vínculo entre naturaleza y jardín, pero entendiendo la naturaleza de una forma global, donde juegan un papel fundamental el agua, las rocas, la orografía, la orientación y el tiempo. Todo ello con un alto nivel estético donde el equilibrio de formas y colores y su organización en el espacio son fundamentales para alcanzar la armonía y el equilibrio.

Así encontramos distintos elementos que integran los jardines japoneses:

Aparte de estos elemento, un jardín típico japonés puede contener, de forma real o simbólica, los siguientes elementos:

A menudo, el objetivo de la estética japonesa a la hora de diseñar los jardines, es tratar de ocultar la intervención del ser humano, hasta el punto de crear un ambiente más natural que el de la propia naturaleza. Se busca evocar a la naturaleza, no someterla, y por ello se evitan los ángulos rectos y muy marcados o formas antinaturales.

En este aspecto se asemejan a los jardines ingleses diseñados por los paisajistas del siglo XVIII, donde trabajan con la naturaleza para conformar los jardines, permitiendo el curso natural de los ríos, el desarrollo de especies autóctonas, repoblando laderas y cumbres para obtener bosques... Diseñan el paisaje con la finalidad de componer escenas mediante elementos tales como árboles, lagos, pequeñas construcciones como templetes, puentes o esculturas. Así, desde cada punto del jardín se puede observar una escena diferente, tal y como ocurre con los jardines japoneses, cuya composición permite obtener múltiples perspectivas distintas

Por el contrario, encontramos casos totalmente opuestos dentro de los jardines occidentales, y el mayor ejemplo es Versailles, cuyos jardines exhiben líneas y ángulos muy rectos, con grandes vistas, y donde la intervención en su diseño y construcción así como el mantenimiento que requiere este jardín es obvia en sus fuentes, parterres, las formas de los arbustos y prácticamente todos los elementos que integran el conjunto. Sin embargo, al igual que ocurre en los jardines japoneses, sí que son un reflejo inconfundible de la estética y la monarquía absolutista instaurada por Luis XIV, ya que los jardines son un símbolo de poder, de un mundo ordenado, del triunfo del hombre sobre la naturaleza, a la que ha conseguido someter.



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