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Sionismo cristiano



El sionismo cristiano, es un movimiento surgido en el seno del cristianismo principalmente evangélico, pero no circunscrito únicamente a esta denominación, que apoya la idea de un hogar nacional para los judíos desde antes de 1948 y continúa apoyando la existencia del Estado de Israel hasta la fecha (Ice, 1997).[1]

El sionismo cristiano es la creencia entre algunos cristianos de que el retorno del pueblo judío a Tierra Santa, y el establecimiento del Estado de Israel en 1948 fueron el cumplimiento de la profecía bíblica. El término empezó a ser usado a mediados del siglo XX, reemplazando al restauracionismo cristiano.[2][3]​El catolicismo tradicionalmente no prestó mucha atención al sionismo, pero el apoyo cristiano a dicho movimiento creció entre la comunidad protestante.[4]

Algunos cristianos sionistas creen que el regreso de los judíos a la Tierra de Israel, es un pre-requisito para la segunda venida de Jesús. La idea es habitual entre los protestantes, desde los tiempos de la reforma, los cristianos han apoyado activamente el regreso de los judíos a la Tierra de Israel, junto con la idea de que los judíos deben de convertirse al cristianismo para dar cumplimiento a la profecía bíblica.[5][6][7]

Las convicciones que sustentan este movimiento son consecuencia del resurgimiento del método de interpretación literal, en contraposición al método alegórico aplicado a la hermenéutica bíblica que había sido defendido desde los tiempos de Clemente de Alejandría y su discípulo Orígenes (Pentecost, 1984).[8]​ Tras siglos de dominación del método alegórico en el pensamiento cristiano, la reforma impuso que la Escritura debía entenderse bajo principios de interpretación textual similares a lo que se habían popularizado en el renacimiento, además de aplicar el principio de superioridad de la Biblia por encima de los dogmas eclesiásticos o la tradición apostólica, así se utilizó el axioma La Escritura se interpreta por la Escritura misma (Abreu, S/A).[9]

En consecuencia del mencionado cambio de método, la espiritualización de la escritura quedó limitada solo a aquellos casos donde ella misma refiere un simbolismo espiritual, de manera que aquellos pasajes de la escritura que representaban promesas específicas para la nación de Israel, definida como la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob, dejaron de ser aplicados a la Iglesia como Israel espiritual y comenzaron a ser aplicados nuevamente al pueblo, terrenal y físicamente conocido como Israelita o a lo que fundamentalmente sobrevive del mismo, generalmente identificado como la nación judía. Igualmente, dicha nación judía, tendría una conexión basada en la Biblia, ya no a una tierra prometida espiritual o celestial, sino al territorio antes conocido como Canaán, luego Reino de Israel, posteriormente Judea y Samaria y que se dio a conocer como Palestina tras la invasión romana que tuvo lugar debido a la segunda sublevación judía (132-135 d. C.) con la que el imperio optó por tratar de borrar la relación del pueblo judío con algún territorio del orbe (Cohn-Sherbok, 2003).[10]

Dicha interpretación daría por terminada, para los partidarios del sionismo cristiano, la doctrina del supersesionismo que plantea que la Iglesia Cristiana descrita en el Nuevo Testamento, reemplaza, representa, o se apropia del lugar que antes tuvo la nación de Israel en el plan divino (Benware, 2010).,[11]​ ya que de acuerdo a la pauta literalista, las promesas bíblicas dirigidas a Israel, se refieren a esta nación literalmente y solo aquellas dirigidas a la iglesia se refieren a ella. Ello deviene en un principio de división étnica o de identidad, según el cual Dios tendría propósitos específicos con el pueblo judío que difieren de su trato con la Iglesia como un todo, donde resalta particularmente, la promesa incondicional de poseer la tierra de Israel. En otras palabras, la iglesia cristiana no puede en ningún caso ser lo mismo que la nación de Israel, especialmente antes del retorno de Jesucristo, y que las promesas que Dios le hizo a Israel como nación fuerte, literalmente no caducan durante la existencia de la tierra.

Por otra parte, según Stephen Sizer, (2004),[12]​ el moderno sionismo cristiano se encuentra relacionado con la noción de dispensacionalismo, la cual representa, según Paul Benware (2010)[11]una economía distinguible en el ejercicio del propósito de Dios, en otras palabras, según esta perspectiva; la historia humana ha atravesado una serie de "mayordomías" o períodos administrativos de trato divino que culminarán en la Segunda Venida de Jesucristo. Las mencionadas mayordomías, también conocidas como "dispensaciones" tendrían una duración y unos términos de relación entre Dios y el Hombre que son diferentes, cuya cantidad exacta se encuentra sujeta a diversas opiniones. (La Mayoría de los dispensacionalistas reconoce siete "7" mayordomías de las cuales se habrían cumplido seis "6", restando solo la última)

La postura dispensacionalista, considera que la última mayordomía representa el cumplimiento final de las promesas hechas a Israel, por lo tanto le otorga un papel trascendental a la nación judía en los acontecimientos inmediatamente anteriores a la segunda venida de Cristo y un rol especial durante el milenio subsecuente a esa venida (Pentecost, 1984).[8]​ En consecuencia, los partidarios del Sionismo Cristiano, ven en el renacimiento de la nación de Israel como un estado moderno y ubicado las tierras ancestrales añoradas por los judíos, un evento de proporciones proféticas y una señal que anuncia el pronto regreso del Salvador. (Hayford, 2011)[13]

Según Sizer (2004),[12]​ que es un autor con una postura altamente crítica hacia el sionismo cristiano, este proclama no solamente que todo acto ejecutado por Israel está orquestado por Dios y debería ser condonado, apoyado e incluso ensalzado por todos, sino que los judíos liderarán el proceso ya que ello hará recaer la bendición divina sobre todo el mundo en la medida en que los países reconozcan y respondan a lo que Dios obre en y a través de Israel.

Sin embargo, la mayoría de los sionistas cristianos, no consideran que todas las acciones de Israel como nación terrenal actual sean correctas, sobre todo considerando las quejas planteadas por los cristianos sobre el rechazo mayoritario que persiste en el Estado Judío hacia el proselitismo y la existencia de los grupos judíos mesiánicos, los cuales no se reconocen como judíos debido a su fe Jesús como mesías, estos últimos serían ejemplos de lo que para el cristianismo en general, incluyendo los grupos sionistas, es incorrecto en cuanto a Israel.

Lo dicho puede corroborarse tomando como ejemplo las iniciativas del partido Shas, para penalizar la labor de los misioneros (Sela, 2007),[14]​ así como las diatribas legales a que se han visto sometidos los llamados judíos mesiánicos.

Sizer define el sionismo cristiano sobre la base de siete postulados:

Este movimiento religioso hunde sus raíces en la Reforma Protestante, en cuyo seno la Biblia fue enseñada dentro de un contexto histórico contemporáneo, atribuyéndosele un significado literal. La escatología puritana, que llegó a ser dominante en el protestantismo estadounidense ya para finales del siglo XVII (piénsese en Jonathan Edwards y Cotton Mathers), asumió un carácter postmilenarista, enseñando que la conversión de los judíos traería consigo la bendición futura para toda la Humanidad.

En Gran Bretaña, donde el dispensacionalismo maduró, el sionismo cristiano produjo figuras tan influyentes como Lord Shaftesbury, Lord Arthur Balfour y Lloyd George (la propia reina Victoria asumió el título de Protectora de los Judíos). Balfour trabajó estrechamente con el líder sionista Haim Weizmann (que llegaría a ser el primer presidente del Estado de Israel) para producir lo que se conocería como la Declaración Balfour. Considerada como la primera gran declaración de apoyo al sionismo realizada por una potencia mundial, proclama de forma un tanto insincera que

En una fecha tan temprana como esa los sionistas cristianos privilegiaron los derechos de los judíos sobre los de los palestinos —en realidad, ignoraron completamente los derechos de los nativos.

Aunque el sionismo cristiano cuenta con reductos de poder en otros lugares —en Holanda y Escandinavia, por ejemplo, así como entre muchos sionistas de los países del Tercer Mundo—, su centro real lo constituye sin duda Estados Unidos, a donde fue llevado desde Inglaterra a mediados del siglo XIX por John Nelson Darby, personaje descrito por Sizer como el padre del Dispensacionalismo y que hizo de la idea de un Israel renacido la piedra angular de su teología apocalíptica. Darby, dice Sizer,

Darby predicaba que Dios tiene dos pueblos distintos y separados: la Iglesia —su pueblo divino— y los judíos —su pueblo terrenal. Aunque ambos funcionan como una unidad, en realidad, tal como ya indicamos, los judíos asumen un papel de liderazgo a través de Israel. Por el contrario, los dispensacionalistas ven dos tipos muy distintos de dispensa al final de los tiempos. Mientras que los cristianos disfrutan de la Segunda Venida y la salvación del Milenio, los judíos, sus supuestos aliados, padecen un destino muy diferente: en el Armagedón dos tercios de los judíos mueren y el tercio restante se convierte al cristianismo, condición necesaria para la Segunda Venida. El dispensacionalismo tiene poco de teología amistosa con los judíos. A pesar de ello, las tres principales clases de dispensacionalismo —el Apocalíptico (preocupado por el Fin de los Tiempos, el Mesiánico (atareado evangelizando judíos para Jesús), y el Político (empleando medios políticos para defender y bendecir a Israel)— comparten los mismos postulados: compromiso con la literalidad bíblica, una escatología futurista y la restitución de los judíos a Palestina.

Varios dispensacionalistas han jugado un papel básico en la definición del moderno sionismo cristiano. William E. Blackstone, que predicaba que los judíos gozaban de un derecho bíblico sobre Palestina y pronto serían devueltos a esa tierra, apoyó económicamente a Darby y trabajó estrechamente con Louis Brandeis, el miembro judío de la Corte Suprema y pionero líder sionista estadounidense que en cierta ocasión proclamó: Tú [Blackstone] eres el Padre del Sionismo puesto que tu trabajo precede al de Herzl. Cyrus Scofield, cuya Biblia de Referencia Scofield, publicada en 1918, ha sido descrita como la Biblia del fundamentalismo estadounidense, jugó un papel clave en la fundación del Seminario Teológico de Dallas, el principal brazo académico del dispensacionalismo (desde donde Lindsay predica).

La independencia de Israel en 1948 y su arrolladora victoria en la Guerra de los Seis Días de 1967, premonitorias del Armagedón, pusieron en acción a los sionistas cristianos, pero solamente con la elección en 1976 del presidente Jimmy Carter —un cristiano renacido—, que coincidió con la elección en 1977 de Menahem Begin como Primer Ministro de Israel, comenzaron a fusionarse verdaderamente en serio como una fuerza política organizada dentro del sistema político estadounidense, una tendencia que quedó consolidada por la ulterior elección de Reagan y por la emergencia de la Mayoría Moral de Jerry Falwell. No solamente el lobby judío sionista de los USA tenía un campeón en la Casa Blanca, sino que sionistas cristianos, incluidos el Fiscal General Ed Meese, el Secretario de Defensa Casper, el Secretario de Interior James Watt y, desde luego, el propio Reagan, accedieron por primera vez al poder político. Lindsay, Pat Roberson y Falwell, que en 1982 fue invitado por Reagan a dar una charla al Consejo Nacional de Seguridad, obtuvieron acceso formal a los líderes y gestores políticos estadounidenses.

Hoy, Jerry Falwell, que llama al Cinturón Bíblico estadounidense el Cinturón de Seguridad de Israel, calcula que existen 70 millones de sionistas cristianos y 80.000 pastores sionistas cuyas ideas son diseminadas por 1000 emisoras cristianas de radio y 100 cadenas cristianas de televisión. Constituyen de forma clara una facción dominante del Partido Republicano de los Estados Unidos (en inglés estadounidense: The Grand Old Party) (GOP), y representan a una cuarta parte de los votantes del Presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump.



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