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Soliferrum



El soliferreum es un tipo de arma blanca de la Antigüedad, concretamente un tipo de lanza de origen hispano. Fue creada debido a la necesidad de disponer de un arma arrojadiza que pudiera alcanzar los 30 m al ser lanzada, y que tuviera la capacidad perforante suficiente para atravesar a esa distancia escudos y corazas. Arrojadas en salvas, podrían desorganizar una formación enemiga y colocarla en desventaja en el combate cuerpo a cuerpo que se producía justo después. La solución fue una lanza toda de hierro, forjada de una sola pieza, con una longitud media en torno a los 2 m. Mientras, en Roma, la solución fue el pilum. El soliferreum tiene una punta muy corta, que puede adoptar varias formas: a veces se trata simplemente de un extremo aguzado del astil, pero es más frecuente que tenga dos pequeñas aletas y, en los casos más elaborados, estas aletas tienen uno o varios ganchos, diseñados para que fuera mucho más difícil extraer la punta de la herida, provocando desgarros. El astil férreo es de sección circular, más grueso en el centro y adelgazado en los extremos. Para facilitar el agarre, la parte central a menudo se engrosa bastante y aparece forjada en forma facetada, e incluso tiene unas molduras separadas unos 10 cm para que la mano no resbale con el sudor.

Debieron ser extremadamente efectivos como armas arrojadizas pesadas, porque el peso y la densidad del material del astil dotarían de gran capacidad perforante a la estrecha punta, mientras que el astil penetraría sin rozamiento por el orificio abierto por aquella, al ser más estrecho aún (en torno a 1 cm de diámetro); esto permitiría atravesar un escudo sin apenas pérdida de impulso.

Los datos disponibles sugieren que el soliferreum apareció en la zona de Aquitania y Languedoc, justo al Norte de los Pirineos, hacia el siglo VI a. C., y que desde allí se extendió por la península ibérica, tanto por las zonas meseteñas "célticas" como por el Levante y Andalucía "ibéricos". Fue en Iberia donde alcanzó más éxito, pues por datos arqueológicos y fuentes literarias sabemos que seguía en uso a la llegada de los romanos a finales del siglo III a. C., coexistiendo con la falárica o pilum ibérico.

Al fallecer el guerrero ibérico, y como sucedía con todas sus demás armas, el soliferreum era doblado, inutilizado y enterrado junto con su dueño, para que mediante una inversión simbólica, bien documentada en fuentes literarias, resurgiera intacto en el más allá, como cuentan Heródoto o Luciano.



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