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Unión económica y monetaria



La Unión Económica y Monetaria (UEM) es el área formada por el conjunto de países, dentro de la Unión Europea, que comparten no solo un mercado, sino también una misma moneda, el euro, por lo que en ellos se ejecuta una política monetaria única. Además, coordinan las políticas económicas.

La Unión Económica y Monetaria (UEM) supone no solo la integración de los distintos países miembros en un Mercado Común en el que se respeten las "cuatro libertades", es decir, la libertad de circulación de mercancías, servicios, personas y capitales. Igualmente, se pretende el establecimiento de una Política Comercial Común respecto a los países que no pertenezcan a dicho Mercado Común.

Además, la Unión Económica, que supone una coordinación de las políticas económicas para cumplir unos objetivos, se completa con la Unión Monetaria, proceso por el cual se instauró el euro como moneda única de una parte de los países de la Unión Europea.

Una unión económica es una forma superior de integración a la que supone el mercado común. Añade a este un mayor grado de armonización de las políticas económicas nacionales en un intento de eliminar la discriminación que puede derivarse de las disparidades en dichas políticas.

A medida que se intenta progresar en la armonización de las políticas comunes surgen dificultades derivadas de la cesión de soberanía por parte de los Estados miembros, armonizar las políticas monetarias y fiscales fundamentalmente, supone que los gobiernos de los países del área tienen un menor margen de actuación para su política general.

Como son objeto de la integración todas las actividades económicas en el ámbito espacial de una unión económica –entre ellas la política financiera-, la concertación de una política monetaria común.

Los antecedentes más inmediatos de la Unión Económica y Monetaria son la denominada “Serpiente Monetaria Europea” creada en 1972 y el Sistema Monetario Europeo, creado en 1979 en sustitución del anterior. Estos sistemas suponían la limitación, hasta un 2,25%, de las oscilaciones de cualquiera de las monedas de los Estados Miembros.

El deseo de formar una Unión Económica y Monetaria en el seno de la Unión Europea, nace de forma oficial en el año 1988, con el objetivo último de la implantación de una moneda única, el euro como continuación natural de la unión económica. El Consejo Europeo en junio de 1989, partiendo del informe Delors fija el establecimiento de la UEM como un proceso de carácter progresivo que debía nacer en 1990, y en el que se distinguen tres fases. En el informe Delors se atribuía a la existencia de una moneda única una serie de ventajas en cuanto se preveía que la nueva moneda llevaría consigo un incremento de la actividad económica derivado de la eliminación de incertidumbres y costes de transacción por las operaciones de cambio de divisas, así como una mayor transparencia a los precios en los mercados comunitarios, facilitando así mayores intercambios.

En esta fase se suprimieron las limitaciones al movimiento de capitales entre los Estados miembros y se reforzó la cooperación entre los bancos centrales de los países. En 1992 se firmó el Tratado de Maastricht por el que se modificó el Tratado Constitutivo de la Unión para recoger la UEM. Este tratado preveía la supresión de las monedas nacionales por la moneda común y también fijaba una serie de condiciones económicas de convergencia, denominadas criterios de convergencia, relativas a la estabilidad de los precios dentro de unos parámetros marcados, al déficit público, a la deuda pública y a los tipos de cambio, que eran de obligado cumplimiento para los países que quisieran integrarse en la UEM.

Creación del Instituto Monetario Europeo, como predecesor del Banco Central Europeo. El 2 de mayo de 1998 se aprobaron los once países que pasaron a formar parte de la UEM a partir de 1999 al cumplir los requisitos establecidos en el Acuerdo de Maastricht. Dichos países eran Alemania, Austria, Bélgica, España, Francia, Finlandia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal.

El 1 de enero de 1999 se fijaron los tipos fijos de cambio de cada una de las monedas con respecto al euro y el Banco Central Europeo sustituyó al Instituto Monetario Europeo. Desde esta fecha el euro existe como unidad monetaria, de cotización y cambio en los mercados, pero no existían los billetes y monedas de euro. El 1 de enero de 2002 entraron en vigor las nuevas monedas y billetes de euro, sustituyendo a las de los respectivos países, que desaparecen. El 1 de marzo de 2002 se usa en exclusiva la nueva moneda, conviviendo con las antiguas divisas hasta el 28 de febrero de 2002.

En 2001 se incorporó a la UEM Grecia. Posteriormente se han añadido nuevos países, en 2007, Eslovenia; en 2008, Chipre y Malta, en 2009 Eslovaquia y en 2011 se produce la incorporación de Estonia.[1][2]Letonia pasó a formar parte de la eurozona el 1 de enero de 2014. Y la última incorporación ha sido Lituania (1 de enero de 2015), como miembro número 19.[3]




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