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Vida bohemia



El término bohemia, como nombre o definición de un grupo o movimiento cultural (o subcultural),[1]​ aparece en el siglo XIX en la obra del romántico Henri Murger «Scènes de la Vie de Bohème» (1847-1849),[2]​ una especie de novela-ensayo, ficción biográfica o autoficción que sirvió de pauta e inspiración a grandes obras posteriores en diversos campos del arte.[3]​ Así por ejemplo, la ópera La bohème de Giacomo Puccini o incluso la Louise de Gustave Charpentier y la Carmen de Georges Bizet. Se considera a la ciudad de París como escenario original del fenómeno socio-literario.[nota 1][4]

Como término, 'bohemia' hace alusión a la cultura de los gitanos, tradicionalmente llamados «bohemios» en Francia (en francés: «bohémien») por haber llegado desde la región de Bohemia, en la actual República Checa, y hacía referencia a un determinado estilo de vida —con una escala de valores diferente a la de la sociedad burguesa — que adoptaron en particular artistas e intelectuales.[5]

El tópico bohemio muestra a un individuo, preferentemente varón,[6]​ con vocación de artista, de aspecto despreocupado, apariencia llamativa pero desordenada, ajeno a las directrices de comportamiento, etiqueta, estética y obsesión material de la sociedad tradicional de carácter burguesa, aspectos que el bohemio suele considerar superficiales y, desde una perspectiva romántica, barreras para su libertad. En el mejor de los casos, el bohemio defiende su permanencia en el mundo de las ideas, el conocimiento, la creación artística, el enriquecimiento intelectual, el interés por otras realidades o manifestaciones culturales.[7]

La definición de Antonio Espina, «La bohemia no es otra cosa que la miseria disimulada con cierta belleza, el hambre sobrellevada con humorismo» pudiera ser válida para todas las bohemias, antes y después del modelo clásico acuñado en París.[9]​ Cierto es que individuos que, viviendo en sociedad y alimentándose de ella, "se apartan de las normas y convenciones sociales" —como apunta la definición académica—, los ha habido en todas las épocas, como un modelo más de la alternativa social.[10]

En una entrevista publicada en La Esfera el 4 de diciembre de 1915 —dentro de la sección titulada «Nuestras visitas—, Emilio Carrere, oportunista singular de la bohemia madrileña, le 'confesaba' a El Caballero Audaz (seudónimo de José María Carretero Novillo):

En la España del último tercio del siglo XIX y el primero del XX, como grupo auto-marginado de "Edad de Plata de la literatura española", se reunió en Madrid una bohemia artística y literaria adicta a los cafés y el noctambulismo, cuyos integrantes (en gran medida desintegrados por definición) convivieron con las grandes figuras del realismo, el naturalismo, la Generación del 98, el Novecentismo y la Generación del 27. En el contexto histórico de la capital de España, unos y otros dejaron su huella y su legado en los periódicos y editoriales de ocasión de un Madrid "brillante y hambriento". Con diferente fortuna, el destino, como escribió Ramón del Valle-Inclán, fue una diosa ciega e inmisericorde con las ilusiones literarias de los rebeldes bohemios.[11]

La base de aquella bohemia la formaron escritores del decadentismo modernista, como Francisco Villaespesa, Emilio Carrere, Alejandro Sawa, Armando Buscarini, Dorio de Gádex, Alfonso Vidal y Planas, Eliodoro Puche, Eduardo Zamacois, Rubén Darío o Ramón María del Valle-Inclán.[12]



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