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Figuralismo



El figuralismo es una técnica de composición musical aplicada a la música vocal, que estuvo activa entre los siglos XVI y XVIII, en consonancia con los presupuestos estéticos del Renacimiento y del Barroco. Consistía en subordinar la música al texto creando para la música una serie de figuras de todo tipo (melódicas, rítmicas, polifónicas, texturales, etc.) que subrayaban el sentido profundo del texto musicalmente, con el sonido.[1]

Esta técnica en lengua inglesa recibe la gráfica denominación de «word painting», que literalmente quiere decir "pintar (musicalmente) las palabras". Por ejemplo las melodías ascendentes acompañan a textos que hablan de subir o ir hacia arriba, mientras que una música grave y oscura acompaña a un texto sobre la muerte.

Esta técnica se remonta hasta la época del canto gregoriano en el que se encuentran patrones melódicos cortos que expresan ideas emotivas y significados teológicos. Así, en el patrón fa-mi-sol-la, las notas fa y mi expresan la humillación y muerte de Cristo mediante un movimiento descendente, mientras que el sol es la nota de la resurrección y el la, aún más arriba, indica la ascensión. Cuando esta secuencia melódica se encuentra sobre el texto te libera (por ejemplo en el Introito del domingo de sexagésimo), indica que Cristo libera a la humanidad del pecado a través de su muerte y su resurrección.

En este periodo los compositores experimentaron con el figuralismo en el madrigal, sobre todo en el italiano. Aunque esta técnica también se empleó en los demás países, en los que se compuso bajo la influencia italiana. El uso de esta técnica se desarrolló hasta tal punto y fue tan esencial al propio madrigal, que las figuras más habituales en este género renacentista se denominaron madrigalismos. En este grupo de compositores se pueden observar diversas técnicas, todas relacionadas aunque no del todo coincidentes.[1]​ A continuación se citan algunos ejemplos:

E che volete voi
Che mí conforte
In così dura sorte
In così gran Martire?
Lasciatemi morire

¿Y qué queréis vosotros
Que me reconforte (melodía ascendente en conforte)
En esta suerte tan dura
En este martirio tan grande? (nota larga y aguda en gran)
Dejadme morir

El Barroco mantuvo una parte muy importante de los figuralismos utilizados en el Renacimiento. Uno de los ejemplos más bellos y a la vez más conocidos pertenece a El Mesías de Haendel. En concreto al aria de tenor, cuyo texto dice "Every valley shall be exalted, and every mountain and hill made low; the crooked straight, and the rough places plain". (Todo valle será elevado, toda montaña y colina bajará, el terreno escarpado se volverá plano, y el escarpado una llanura; Isaías 40:4).

En la melodía de Haendel, la palabra "valle" se corresponde con una nota grave, "exalted" es una melodía ascendente, "mountain" (montaña) forma un pico melódico, y "hill" (cerro) es un pico más bajo, mientras que low es una nota grave. "Crooked" (escarpado' se canta con una figura rápida de cuatro notas, sin embargo "straight" se canta sobre una sola nota, inmóvil. Finalmente, "the rough places" se canta con notas cortas y separadas, pero "plain" (llanura) se alarga a través de varios compases en una serie de notas largas, como llanuras. Esto se puede ver en la siguiente partitura:

Los cromatismos descendentes que ya existían en el madrigal como expresión de tristeza y de muerte en el Barroco se codifican aún más como expresión de la muerte. Como tales aparecen en muchas obras del Barroco de entre las que destacan dos por su popularidad.

Algunas de estas figuras viajaron grandes distancias, según afirma Bonastre, que encuentra antecedentes de la figura inicial del primer coro Kommt ihr Töchter de la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach en compositores catalanes y valencianos del siglo XVII. Por otro lado, Rubén López también las encuentra en los tonos humanos -como cantatas profanas de compositores españoles del siglo XVII.

Sobresale Johann Sebastian Bach por el uso que hizo altamente simbólico y bastante más alejado de los meros efectos sonoros, de esta técnica que le sirvió a menudo de fuente de inspiración. Son conocidas, por ejemplo, sus maneras de representar la cruz (símbolo central de la Pasión que en alemán se llama igual que el elemento musical sostenido (Kreuz). Los modos de representarla podían ser bien utilizando estas alteraciones, o bien "dibujando" una especie de cruz sobre la partitura mediante una única línea melódica (línea horizontal) que queda segmentada por un gran acorde en tutti que aparece como una línea vertical.

Más allá del uso de figuras aisladas para la descripción o reforzamiento de ideas precisas y concretas contenidas en el texto, la retórica brindó a la música una gran cantidad de recursos para la organización temporal del discurso que, sobre todo fueron de gran importancia en el Barroco, y que llevaron a la posterior codificación de las principales formas musicales en el Clasicismo. Muestra de ello es la forma sonata con su desarrollo y su reexposición.

Algunos de los teóricos que sistematizaron esta técnica fueron Nicolaus Listenius (Rudimentos Musicae in gratiam studiosae iuventutis diligentes comportata, 1533), Heinrich Faber (Música poética, 1548), Joachim Burmeister, (Música poética, 1606), Johann Andreas Herbst (Música poética, 1643) y Johann Jakob Walther (1708).

Aunque probablemente esta técnica no se ha utilizado tanto en la música popular urbana, también se pueden sugerir algunos ejemplos:



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