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Liga de La Rambla



La Liga de La Rambla fue una asamblea de ciudades andaluzas celebrada en la localidad de La Rambla a inicios de 1521, con el objetivo de hacer frente al movimiento comunero que desde el norte Castilla amenazaba a extenderse a la provincia de Andalucía. Se estructuró como una respuesta antagónica a la Santa Junta, el órgano supremo de la rebelión que por entonces se hallaba reunida en Valladolid.

La Liga terminó aprobando diecisiete formulaciones, y entre ellas, la del reclutamiento de un ejército con el que hacer frente tanto a un ataque externo de los comuneros como a una subversión interna. Con todo esto, para el poder real estaba asegurada la lealtad de Andalucía, poco proclive de por sí a unirse a la rebelión castellana.

La idea de agrupar a las ciudades leales a la causa del rey Carlos I y sus virreyes el Condestable, el Almirante y Adriano de Utrecht, surgió en Córdoba probablemente inspirada por su corregidor, Diego Osorio, el cual en octubre de 1520 buscó el apoyo de Sevilla y Jerez de la Frontera para poner fin a las tentativas comuneras de extender la rebelión a la provincia.[1][2]​ El 22 de dicho mes un regidor de Sevilla, Fernández Melgarejo, se presentó en la ciudad para entregar una carta de creencia. Sus términos eran claros:

Sevilla remitió á Córdoba la designación del lugar que creyese más conveniente para constituir la Junta; pero Córdoba, agradeciendo la cortesía, respondió que se conformaba con el lugar que eligiesen ella y Jerez.[4]​ De común acuerdo entonces designaron estas dos ciudades la villa de la Rambla como sitio de reunión, a tres leguas de Córdoba.[nota 1]​ Doce ciudades realengas enviaron su representación a ella: Sevilla, Córdoba, Jerez de la Frontera, Ecija, Carmona, Cádiz, Antequera, Gibraltar, Andújar, Ronda, Jaén y Alcalá la Real —estas dos cuyos procuradores se incorporaron tiempo después— y otras cuatro pertenecientes al maestrazgo de Calatrava en la provincia: Martos, Arjona, Torre de don Jimeno y Porcuna. La ciudad de Úbeda envió observadores pero no firmó la declaración final, lo que tampoco hizo Baeza.[6]

En cuanto a Málaga y a pesar de las gestiones que realizaron las ciudades de Córdoba y Jerez, se negó a enviar representantes a la asamblea, aunque aclarando que su postura era de absoluta lealtad al rey.[7]​ Algo parecido ocurrió con Granada, según consta por las respuestas que dirigió a Málaga entre el 18 y 23 de enero.[7]​ En efecto, la ciudad decidió no participar hasta consensuar la opinión de las distintas localidades bajo su jurisdicción, lo que a su vez le llevó a pedir a Córdoba y a Sevilla el aplazamiento de las reuniones. Ciertamente, manifestó que si bien los comisionados, para agilizar los trámites, serían designados por cada cabildo, no se desplazarían sin la aprobación de la capital. Finalmente, ante la poca consideración que mostraron Córdoba y Sevilla a este planteo, la ciudad de Granada terminó absteniendose de enviar representantes, aunque nuevamente hay que decir tal posición no ponía de entredicho su lealtad a Carlos I sino que estamos, más bien, frente a una cuestión formal de respeto a su propia entidad como jurisdicción cohesionada.

La historiografía ha conservado los nombres de los procuradores que asistieron a la liga de La Rambla.[8][9]​ Recordemos que Jaén, Alcalá la Real y aparentemente también Ecija se sumaron días después (esto está detallado más adelante). En definitiva, de las ciudades realengas fueron las siguientes:

Por Sevilla:

Por Jérez de la Frontera:

Por Córdoba:[nota 2]

Por Antequera:

Por Ronda:

Por Cádiz:

Por Jaén (se sumaron recién el 10 de febrero):

Por Alcalá la Real (se sumó recién el 15 de febrero):

Por Andújar:

Por Gibraltar:

Por Carmona:

Por Ecija:


De las del maestrazgo de Calatrava, por su parte, asistieron:

Por Martos:

Por Arjona:

Por Torre de Don Jimeno:

Por Porcuna:

La junta de ciudades reunida en La Rambla comenzó sus tareas el 20 de enero de 1521, dejando sentado ante todo el motivo de su convocatoria:

El 8 de febrero, en altar de la iglesia mayor, los procuradores, por sí y por las ciudades que representaban, otorgaron ante el escribano público Alonso de Valenzuela los diecisiete capítulos y declaraciones que habían formulado para combatir la revuelta castellana,[nota 3]​ y prometieron, so pena de veinte mili castellanos de oro para la Cámara de SS. MM, cumplirlas y hacerlas cumplir:[14][15]

El mismo día 8 de febrero la declaración fue pregonada por Pedro Sánchez con trompetas y atables en la plaza mayor de La Rambla, sobre un cadalso entoldado con alfombras y preparado a tal efecto.[18][nota 5]​ El 14 de marzo fue jurada por el corregidor, los regidores y los letrados de Córdoba, y pocos días después por los vecinos.[20]​ Además se enviaron individuos del cabildo de la ciudad a exigir el juramento de obediencia a los señores y pobladores de la comarca, siendo de los primeros en prestarlo el conde de Cabra, el marqués de Comares, el conde de Alcaudete, el señor de Luque, el marqués de Priego y el conde de Palma.[nota 6]

El 10 de febrero, reunidos los diputados de las ciudades confederadas en el hospital de la Caridad, se presentaron los de la ciudad de Jaén pidiendo ser admitidos en la Junta.[18]​ Tras una ligera discusión acerca de las instrucciones de las que eran portadoras, que no estaban conformes con las de los demás diputados, Juan Fernández, Diego Hernández y Diego Sánchez de Bonilla se avinieron a firmar la declaración con los aditamentos siguientes:

El 15 se presentó en la Junta el procurador de Alcalá la Real, Pedro de Pineda, y firmó y juró los capítulos acordados el día 8.[20]

Los virreyes conocieron la declaración final por mano de Pedro de Velasco, enviado desde La Rambla con ese propósito. Al principio sintieron ciertas inquietudes, pues temían que la asamblea, siguiendo a los comuneros, elevase categóricamente al rey sus propias reivindicaciones. Ello finalmente no ocurrió; dado que si bien la asamblea de La Rambla no tuvo demasiadas ocasiones para demostrar su alcance —la provincia se mantuvo por lo general en calma— siempre constituyó para el poder real una garantía de fidelidad en la región y una amenaza a otros núcleos rebeldes cercanos, como Murcia.

En cuanto a sus gestiones con Toledo para que abandonase el movimiento naturalmente fracasaron. A la carta escrita por los diputados de la asamblea el 31 de enero, Toledo respondió el 8 de febrero recriminando duramente la actitud del rey y sus gobernadores y excusandose de enviar sus diputados por ser un asunto muy importante que requería consultar con las demás ciudades comuneras:



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