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Agustín García Calvo



¿Qué día cumple años Agustín García Calvo?

Agustín García Calvo cumple los años el 15 de octubre.


¿Qué día nació Agustín García Calvo?

Agustín García Calvo nació el día 15 de octubre de 1926.


¿Cuántos años tiene Agustín García Calvo?

La edad actual es 95 años. Agustín García Calvo cumplirá 96 años el 15 de octubre de este año.


¿De qué signo es Agustín García Calvo?

Agustín García Calvo es del signo de Libra.


¿Dónde nació Agustín García Calvo?

Agustín García Calvo nació en Zamora.


Agustín García Calvo (Zamora, 15 de octubre de 1926-ibídem, 1 de noviembre de 2012)[1]​ fue un gramático, poeta, dramaturgo, ensayista, traductor y pensador español.

Realizó estudios de Filología Clásica en la Universidad de Salamanca, donde estudió con la primera promoción de alumnos del maestro de la filología clásica española, Antonio Tovar. Se doctoró en Madrid a los 22 años con una tesis titulada Prosodia y métrica antiguas. En 1951, ejerció como profesor catedrático de instituto en el Instituto «Claudio Moyano» de Zamora y como profesor ayudante en la Facultad de Letras de Salamanca.[2][3]​ En 1953 ocupó una cátedra de lenguas clásicas en Sevilla y, en 1964, en Madrid, en la Universidad Complutense (UCM), hasta que la dictadura franquista lo separó de la cátedra[4]​ madrileña en 1965 junto a Enrique Tierno Galván, José Luis López Aranguren y Santiago Montero Díaz por prestar su apoyo a las protestas estudiantiles.[5]José María Valverde y Antonio Tovar renunciaron a sus cátedras voluntariamente como protesta contra esta medida.[6]​ A García Calvo su exilio lo llevó durante varios años a París, donde fue profesor en la Universidad de Lille y en el Collège de France. También trabajó como traductor para la editorial Ruedo Ibérico. En la capital francesa coordinó una tertulia política en el café La boule d'or del Barrio Latino. En 1976, fue restablecido en su cátedra, en la que permaneció hasta su jubilación en 1992. Fue profesor emérito de la UCM.

Formó parte del Círculo Lingüístico de Madrid junto con Rafael Sánchez Ferlosio y Carlos Piera.

En los últimos tiempos, coordinaba una tertulia política del Ateneo de Madrid. Falleció el 1 de noviembre de 2012 en Zamora, debido a una insuficiencia cardiaca.[1]

En 2013, se publicó un homenaje, Encuentros con ¿Agustín García Calvo?, que recoge el testimonio de diversas gentes que le trataron, como Isabel Escudero, Fernando Savater, Jesús Ferrero, Carlos García Gual, Félix de Azúa y Amancio Prada. Dejó numerosas obras inéditas, entre ellas la novela Desnacer.[7]

Como filólogo, hizo importantes contribuciones a la lingüística general, la prehistórica o indoeuropea, la grecolatina y la del espofcont («español oficial contemporáneo»). Su teoría general sobre el lenguaje aparece desarrollada en la trilogía formada por Del lenguaje, De la construcción (Del lenguaje II) y Del aparato (Del lenguaje III) y en los artículos recopilados en el volumen Hablando de lo que habla. Estudios de lenguaje (Premio Nacional de Ensayo de 1990). En 2009, se publicó su trilogía Elementos gramaticales, concebida como libro de texto para iniciar en la gramática a adolescentes.

Sus obras más destacadas en el ámbito del pensamiento son: Lecturas presocráticas, Lecturas presocráticas II. Razón común. Edición crítica, ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de Heráclito, Contra el tiempo, De Dios y Contra la Realidad.

Como poeta publicó, entre otras, Los versos hablados, Canciones y soliloquios, Más canciones y soliloquios, Del tren (83 notas o canciones), Libro de conjuros, Ramo de romances y baladas, Sermón de ser y no ser, Valorio 42 veces, Relato de amor, 4 canciones de amor perdido y el cínife, Cantar de las dos torres o Sermón de dejar de ser, publicado póstumamente. Es autor de varias piezas dramáticas como Ismena, Rey de una hora y Baraja del rey don Pedro (por la que recibió el Premio Nacional de Literatura Dramática de 1999).

También editó varias series de artículos y colaboraciones periodísticas que recogen diversos ataques contra aspectos de la sociedad actual, tales como Contra la Familia, Contra la Pareja, Contra la Paz, contra la Democracia, Análisis de la Sociedad del Bienestar, Noticias desde abajo y Que no, que no.

Por encargo del primer presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, escribió el Himno de la Comunidad, por el precio simbólico de una peseta.[8]

Fernando Savater fue, en los setenta, discípulo suyo, y planeó elaborar con él una tesis doctoral que hubiera consistido en la invención de un filósofo de la Antigüedad del que García Calvo escribiría los fragmentos que hubiesen llegado a la actualidad mientras que Savater se ocuparía de realizar los comentarios: lamentablemente el proyecto nunca llegó a buen término.[9]​ Sin embargo, en años posteriores sus posturas divergen radicalmente. Como escribe Savater en su autobiografía, «fue fundamental en mi devenir intelectual y moral encontrarle, no menos que luego despegarme de él».[10]

Otros intelectuales españoles interesados en algún momento por el pensamiento de García Calvo son Félix de Azúa (quien tomó de él la expresión «medios de formación de masas»[11]​ y le ha dedicado varias de sus obras poéticas)[12]​ y Javier Marías.[13]​ Se ha señalado también su influencia sobre los últimos libros del poeta Miguel Ángel Velasco.[14]​ La obra poética de García Calvo ha inspirado varias versiones musicales, como las de Amancio Prada o Chicho Sánchez Ferlosio.

En sus obras e intervenciones, García Calvo trató de dar voz a un sentir anónimo, popular, que rechaza los manejos del Poder.[15]​ Esencial a esa lucha es la denuncia de la Realidad, una idea que, según denuncia el autor en varias ocasiones, se presenta como reflejo fiel de «lo que hay», cuando de hecho es una construcción abstracta, en la que las cosas son reducidas por la fuerza a ideas.[16]​ De ese modo se mata cuanto pueda haber en las cosas de impredecible e infinito, y resulta posible someterlas a cómputos, planes, esquemas y manejos. La gente, un caso más de cosa, queda organizada así en Individuos, sometidos a una doble exigencia contradictoria: cada uno tiene que ser individual, y sin embargo todos han de ser sumables en una Masa numérica. Por fortuna, esta organización deja siempre cabos sueltos: a lo que pueda quedar en la gente de ocurrencias imprevisibles, no sometidas a plan ni cálculo, se refiere García Calvo como «el pueblo».[17]

El progreso del Poder llega a su cúspide en las sociedades democráticas, compuestas por Masas de Individuos. Dado que el plan del Progreso es introducir este sistema en todas partes, la lucha popular debe dirigirse contra la Democracia, el Estado del Bienestar, por ser este el régimen que administra la muerte (dado que lo único cierto del futuro es la muerte, anticipar este —como hace el Poder— con planes o propósitos constantes es acercar la muerte para desvivir la vida) del pueblo en las sociedades más avanzadas. La pervivencia de formas más atrasadas de dominio (como las dictaduras comunistas o las de los países musulmanes) sirve para legitimar, por comparación, la Democracia burguesa, y debe considerarse por tanto un trampantojo.[18]

Esencial para el Poder y la Realidad es la figura de Dios; que, tras tomar muchos nombres, como el de Hombre, en su forma más moderna o progresada se presenta con el nombre de Dinero: una idea omnipresente a la que todas las cosas son reductibles (todo tiene un precio). La religión de este nuevo Dios es la Ciencia,[19]​ cuya misión esencial es mantener actualizada la idea de Realidad y convencer a los Individuos de que todo está bajo control: hay conocimiento seguro de todo, o lo habrá con el tiempo.[20]​ Sin embargo, la investigación de los científicos, en especial la de los físicos, en la medida en que es honesta, no deja de presentar indicios de la resistencia de las cosas a su reducción a ideas.[21]

En la Democracia, el Estado y el Capital son, según este discurso, dos rostros de la misma cosa. La lucha popular debe, pues, dirigirse contra ambos, sin convertirse nunca en una reivindicación (que supone reconocer legitimidad al Poder) ni una alternativa de gobierno (que no haría sino contribuir al progreso del Poder).[22]​ Esta lucha no es individual (pues el Individuo, construido a imagen y semejanza del Estado, es esencialmente reaccionario y constituye el primer enemigo del pueblo), sino de la gente, de lo que quede de pueblo, por debajo de los Individuos y en contradicción con estos.

Respecto a los nacionalismos, señala García Calvo que parten de la conversión del pueblo indefinido e inmanejable en una idea (los pueblos) manejable y sumisa al Poder.

El lenguaje, indica el autor, tiene un papel destacado en la opresión del pueblo, pero también en su rebelión. Las palabras con significado de las lenguas configuran la Realidad, distinta para cada tribu.[23]​ En la medida en que el lenguaje contribuye a crear la ilusión de que sabemos todo lo que hay y cómo llamarlo y manipularlo, constituye un arma contra el pueblo. Sin embargo, en el uso común de las palabras se producen continuamente vislumbres que apuntan a lo contrario (a que no sabemos lo que hay, ni la Realidad cubre todo lo que se da), y en ese sentido el lenguaje, que cualquiera puede usar pero que no es de nadie, es la expresión popular por excelencia.[24]

Ejemplos concretos de la lucha contra la Realidad los podemos encontrar en el ataque al automóvil (vehículo individual por excelencia)[25]​ y la defensa del tren; en la lucha contra la concepción de que «Hacienda somos todos»; o en la decisión de «escribir como se habla», frente al uso pedante del lenguaje por parte de eruditos, funcionarios y periodistas. Asimismo, apoyó el Movimiento 15-M.


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