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Bazo



El bazo es un órgano presente en casi todos los vertebrados. Forma parte del sistema linfático y es el centro de actividad del sistema inmune, facilita la destrucción de glóbulos rojos y plaquetas viejos o caducos y durante el periodo fetal participa en la producción de hematíes nuevos (hematopoyesis).[1]
El bazo humano es aplanado y tiene forma ovalada, se encuentra situado en el cuadrante superior izquierdo del abdomen, próximo al páncreas, el diafragma y el riñón izquierdo. Es un órgano muy vascularizado y su lesión provoca sangrado interno importante y posiblemente letal. La esplenectomía permite una sobrevida con algunas complicaciones y reglas a cumplir.


En el ser humano, el bazo es el mayor de los órganos linfáticos, está recubierto por el peritoneo, se sitúa en la región superior izquierda del abdomen, detrás del estómago y debajo del diafragma, unido a él por ligamento frenoesplénico. El bazo está sujeto por bandas fibrosas unidas al peritoneo (la membrana que reviste la cavidad abdominal). Se relaciona posteriormente con las 9°, 10° y la 11° costillas izquierdas. Reposa sobre la flexura cólica izquierda o ángulo esplénico del colon, unido a este por el ligamento esplenomesocólico, y hace contacto con el estómago por el epiplón gastroesplénico así como con el riñón izquierdo.
Su tamaño es variable, por término medio mide 13 cm de largo, 8.5 cm de ancho y 3.5 cm de grueso, pesa entre 100-250 g. Aunque desempeña funciones muy importantes, no es un órgano vital, puede ser extirpado mediante cirugía sin que la vida quede comprometida.[2]

La sangre que irriga el bazo entra por la arteria esplénica, rama del tronco celíaco, penetrando en el órgano a través de una zona denominada hilio. Inmediatamente se ramifica en 2 ramas, una superior y otra inferior.

Estas ramas arteriales se dividen sucesivamente en otras más pequeñas, hasta formar las arteriolas centrales que forman la pulpa blanca. Estas arteriolas se ramifican posteriormente para formar capilares perifoliculares. Estos capilares drenan finalmente en los senos o sinusoides venosos de la pulpa roja.
Finalmente los senos venosos de diversos folículos se agrupan hasta formar la vena esplénica que abandona el órgano también en la región del hilio.[3]

El bazo puede considerarse de forma simplificada como un árbol de ramificaciones de vasos arteriales y luego arteriolas que finalizan en sinusoides venosos, donde se realiza la filtración de la sangre, la eliminación de microorganismos y la destrucción de hematíes y plaquetas viejos.
La estructura del bazo está formada por una cápsula fibrosa externa que le da forma y dos tipos de tejido en el interior del órgano: pulpa roja y pulpa blanca.

La pulpa blanca forma parte del sistema inmunológico, actúa como protección frente a microorganismos extraños que intentan invadir el organismo.
La pulpa blanca consta de células linfoides, principalmente linfocitos T y linfocitos B que rodean una arteriola central.[4]

Los linfocitos T y B, migran en compartimentos especiales ubicados cerca de las ramas de las llamadas arteriolas centrales. La pulpa blanca consta de vainas linfoides periarteriales (PALS en inglés) ocupadas predominantemente por linfocitos T y de folículos hemisféricos unidos a las vainas donde predominan los linfocitos B. [5]

La zona linfoide periarterial (PALS en inglés) contiene abundantes linfocitos T.

En los nódulos o folículos linfoides hemisféricos, es donde se localizan principalmente los linfocitos B llamados células B foliculares (Fo B en inglés). Constituyen aproximadamente el 20% del total del órgano.

La pulpa roja está formada básicamente por senos venosos y por cordones celulares. La pulpa roja contiene dos tipos de microvasos, capilares y senos/sinusoides. Los capilares sanguíneos forman el extremo del árbol arterial y los senos el comienzo de la parte venosa de la circulación esplénica. Ambos tipos de microvasos en humanos no están conectados entre sí.
Los capilares tienen extremos abiertos que llevan la sangre a cordones de tejido conectivo reticular. El plasma sanguíneo y las células sanguíneas ingresan a los senos venosos desde el exterior a través de aberturas en sus paredes. El bazo muestra una circulación abierta, donde la sangre circula en espacios que no están recubiertos por células endoteliales, sino por fibroblastos.[6]

La pulpa roja tiene la función de eliminar materiales de desecho que se encuentran en la sangre, por ejemplo glóbulos rojos defectuosos, para ello cuenta con células especiales llamadas macrófagos que fagocitan estos materiales.

El bazo desempeña diversas funciones:

Los únicos vertebrados que carecen de bazo son las lampreas y los mixinos. Incluso en estos animales, hay una capa difusa del tejido hematopoyético dentro de la pared del intestino, que tiene una estructura similar a la pulpa roja y se presume que es homóloga con el bazo de los vertebrados superiores.

En los peces cartilaginosos y con aletas radiadas se compone principalmente de pulpa roja y normalmente es un órgano de forma alargado. En muchos anfibios, especialmente ranas, adopta una forma más redondeada y con frecuencia hay una mayor cantidad de pulpa blanca.[8]

En reptiles, aves y mamíferos, la pulpa blanca es siempre relativamente abundante, y en los dos últimos grupos, el bazo es típicamente redondeado, aunque ajusta su forma algo a la disposición de los órganos circundantes. En la gran mayoría de los vertebrados, el bazo continúa produciendo glóbulos rojos a lo largo de la vida; sin embargo en los mamíferos esta función se pierde en los adultos. Muchos mamíferos tienen estructuras conocidas como ganglios hemáticos en todo el cuerpo que se presume tienen la misma función que el bazo. Los bazos de los mamíferos acuáticos difieren en algunos aspectos de los del resto de mamíferos y adoptan un color azulado en lugar de rojizo.

Enfermedades como: infecciones, enfermedad hepática y algunos tipos de cáncer como linfomas y leucemias, se presentan en el bazo.[9]
El traumatismo esplénico contuso ocurre por un impacto significativo sobre el bazo desde una fuente externa, este daña o rompe el bazo. El tratamiento varía dependiendo de la gravedad, pero a menudo consiste en embolia o esplenectomía.

En medicina, el término esplenomegalia se utiliza para describir un aumento anómalo del tamaño del bazo que supera sus dimensiones normales. En condiciones normales, el bazo no es palpable en adultos. En determinadas enfermedades, el bazo aumenta de tamaño (esplenomegalia), lo cual permite su palpación.[10]​ La exploración médica del bazo se divide clásicamente en dos fases, palpación y percusión.[11]
La esplenomegalia no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede deberse a numerosas causas. Algunas de las más frecuentes son las siguientes:[12]

Esplenectomía es un término médico usado para referirse a la extirpación quirúrgica total o parcial del bazo cuando este se encuentra dañado por diversos motivos. Puede realizarse por medio de dos técnicas quirúrgicas diferentes: extirpación abierta o extirpación laparoscópica. Aunque el bazo no es un órgano vital, es decir una persona a la que se le ha extirpado puede seguir viviendo sin problemas aparentes, se ha observado que aquellos individuos que han sufrido una esplenectomía presentan infecciones graves por bacterias encapsuladas con una frecuencia entre 15 y 20 veces superior a la población general. Los agentes infecciosos más frecuentemente implicados son: Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae, Neisseria meningitidis, Salmonella sp., Staphylococcus aureus y Escherichia coli. Estas bacterias pueden causar meningitis, sepsis y neumonía.[13]


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