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Cantata Criolla



La Cantata criolla (Florentino el que cantó con El Diablo) o simplemente Cantata criolla es una pieza musical compuesta por el músico venezolano Antonio Estévez, estrenada el 25 de julio de 1954, en la ciudad de Caracas, cuya popularidad y calidad la han convertido en pieza ícono del nacionalismo musical venezolano, la letra nace del mítico poema venezolano «Florentino el que cantó con el Diablo» escrito por Alberto Arvelo Torrealba, el cual narra una competencia de canto o contrapunteo entre Florentino y el Diablo. La variedad, la intensidad, la forma en como entra cada instrumento, la manera en que los cantantes interpretan, la forma como los coros se desenvuelven a lo largo de la obra, hacen que sea una de las mejores obras clásicas latinoamericanas. La Cantata Criolla se ha presentado por años en los más exigentes escenarios del mundo, siendo interpretada por las orquestas más importantes a nivel mundial, siendo incorporado además en muchos casos, del acompañamiento de compañías de danza. La difusión de esta obra, permitió que la cultura llanera llegara a todas partes del mundo, transmitiendo lo más profundo de su esencia.[1][2][3][4][5]

El proceso de composición de la cantata criolla se inicia en 1947, Antonio Estévez tenía la costumbre de viajar con libros de escritores venezolanos, tal es el caso del Poema Cantaclaro de Rómulo Gallegos, o el Silva Criolla de Francisco Lazo Martí, esto le permitió encontrarse con el poema de Arvelo Torrealba en la ciudad de Nueva York. En Nueva York, Estévez habla una noche con Natalia Silva, y le transmite su euforia por el texto de Arvelo Torrealba, la artista le pide que convierta la obra en un trabajo para danza. Estévez, bajo el influjo del poema, le responde: Si supieras que yo no veo al Florentino como algo para danza; veo esto como una obra para coro, orquesta y dos solistas…[1]

El hecho de leer estas obras, que tienen muchas cosas en común, sobre todo el hecho de representar el acervo cultural y la idiosincrasia del venezolano, le permitió concluir a Estévez que esta obra no debía ser una obra ortodoxa, no debía ser un ballet, esta obra debía plasmar el nacionalismo venezolano, el patriotismo criollo, la esencia del llano y el campo venezolano, la vida dura del llanero, los sonidos autóctonos del campo. Las líneas melódicas las fue desarrollando de a poco, incluso Estévez llegó a componer los primeros compases y la configuración de la estructura de la cantata, estando preso; y que en junio de 1952, cuando cumple su habitual visita al Instituto Venezolano-Soviético, Estévez fue detenido durante una redada violenta de la entonces Seguridad Nacional, junto con otros intelectuales comunistas de la época, este hecho incluso generó la ruptura de relaciones de Venezuela con la Unión Soviética. Los detenidos fueron llevados a la cárcel de El Obispo, estuvo preso durante varios meses. Posteriormente, concibe que en la obra “debe predominar una música larga como el horizonte, extendida, cargada de modo menor musical, de expresión dolorosa y concentrada, como cuando el llanero afina el cuatro.[1]

A fines de 1953, en Caracas, concluye la primera parte, Luego se trasladó junto con Fredy Reyna hasta las poblaciones de Ortiz, El Sombrero, Parapara, Palo Seco, Calabozo, Corozopando, para escuchar joropos, ver bailes y escuchar contrapunteos. Todo esto hasta llegar a San Fernando de Apure, donde es recibido por el gobernador de entonces, allí le prepararon una velada con arpistas y cantantes de salón, cosa que a Estévez no le gustó, pues lo que estaba buscando era quien le mostrara lo auténtico de la música llanera venezolana, con lo recio criollo que la situación meritaba. En esa misma velada el señor que preparaba la carne asada, le sugiere que se llegue hasta Achaguas, era Semana Santa y le fue difícil, pues en ese pueblo son muy devotos del Nazareno y celebran por todo lo alto las fiestas de Semana Santa, cuando llega al pueblo, tarde en la noche empezó a oír un arpa, estaban afinando el instrumento, ante aquel magno sonido, Estévez sintió escalofríos y creyó estar soñando, luego el arpista hizo algunos registros musicales en el arpa, y comenzó a tocar un seis numerado, Estévez jamás había escuchado ni un seis numerado ni un seis por derecho, que son ritmos alegres del género joropo, fue a buscar a aquel arpista y ve a un hombre con un sombrero negro y con rasgos de raza india, era Ignacio “Indio” Figueredo, uno de los arpistas más grandes y más viejos de la música llanera venezolana, acompañó a Figueredo y su conjunto durante toda la noche, a las 11:00 a.m pidió permiso al jefe del pueblo para encender la energía eléctrica, y comenzó a grabar, estaba listo, ya Estévez tenía la base para empezar el contrapunteo de la Cantata Criolla. En esos días surgió el Premio “Vicente Emilio Sojo”, creado por la Orquesta Sinfónica Venezuela, Estévez inscribió la obra en el Concurso, lo que le mereció el premio en el año 1954, recibe el Premio y todo está listo para el estreno de la obra.[1]

La obra está escrita para orquesta, coro y dos solistas dividida en tres partes amplias con diferentes tiempos y compases. El material melódico de los dos personajes hace uso de cantos gregorianos: Para los grandes momentos el compositor utilizó fragmentos de música religiosa; en la invitación a cantar hecha por el diablo a Florentino, se oye el “dies irae” ( día de ira: canto del oficio de difuntos), se repite en medio del contrapunteo como introducción a una de las coplas de El Diablo; y en la huida del Diablo al sentirse derrotado, el Ave Maris Stella (salve estrella los mares). Tiene una duración de 35 minutos, y fue compuesta para los siguientes instrumentos: flautín o piccolo, 2 flautas transversas, 3 oboes o 3 cornos ingleses, 2 clarinetes, 1 clarinete bajo, 3 fagotes (o 3 contrafagotes), 4 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales, percusión (xilófono, bloques de templo, bombo, maracas, 2 platillos suspendidos, gong, redoblantes, látigo, 2 triángulos, 2 campanas tubulares), 2 arpas, piano, cuerdas, coro y solo de tenor y barítono. El papel del diablo está hecho para un barítono y el papel de Florentino para un tenor. Inicia con un intervalo de octava descendente, tiene figuras rítmicas complejas que se alternan, cambios de compases de 17/16 a 2/8 para seguir en 15/8 y pasar a un joropo en 6/8 en donde se hace la mayoría del contrapunteo. Los coros hacen el papel del narrador, son coros de hasta ocho voces, se mantienen estáticos durante el contrapunteo, hasta la huida de El Diablo en que repiten los versos sagrados de Florentino[1][6][7][8][9][10]

El reto, es el primer movimiento o primera parte es lenta y suave, música cadenciosa en la cual se puede percibir cada sonido, cada movimiento a la perfección, con una atmósfera misteriosa y dramática, en el primer momento, se describe de manera minuciosa el ambiente, en la narración se habla de un sitio solo, tenebroso y oscuro por el cual va pasando Florentino, allí tiene una especie de primer encuentro, en el cual observa cosas extrañas, utiliza el cuerno de beber para agarrar agua de un caño, y cuando lo saca no hay agua, el cuerno está lleno de arena. Los coros permanecen por lo general en modo de nota contra nota, acentuando las palabras y haciendo énfasis en el relato de la historia. Esto da paso a “El reto” Amigo, en esta etapa se puede percibir a «El Diablo» retando a Florentino con una actitud de confianza, muy soberbio y sobrado, lanzando el reto: Amigo, por si se atreve, aguárdeme en Santa Inés, que yo lo voy a buscar para cantar con usté; a lo que Florentino responde, sin miedo, pero de manera más seria y respetuosa, aceptando dicho reto: Sabana, sabana, tierra que hace sudar y querer, parada con tanto rumbo, con agua y muerta de sed, una con mi alma en lo sola, una con Dios en la fe; sobre tu pecho desnudo yo me paro a responder: sepa el cantador sombrío que yo cumplo con mi ley y como canté con todos tengo que cantar con él. Es importante mencionar que en esta parte, se puede notar algo típico de la idiosincrasia del llanero venezolano, el cual nunca rehúye a ningún reto por difícil que parezca, aunque esté en desventaja el llanero tiende a ir para adelante.[1]

Es la segunda parte o segundo movimiento, acá se denota música lenta, y tenebrosa, se asientan los tonos graves creando una tensión gradual describiendo un ambiente de lluvia que abrirá paso a una fuerte tormenta, cada sonido ambiente se puede percibir en este movimiento. Acá llega el diablo, en plena tormenta y con mucho barro en el suelo, se describe una situación sobrenatural, ya que el diablo entra seco, limpio y con la ropa planchada, con un cuchillo en la cintura, vestido de negro, con sombrero negro y con un toque totalmente misterioso, en la historia se narra como el diablo se va acercando a los instrumentos, que sería el conjunto de música llanera, arpa cuatro y maracas. Acá se aprecia mucha percusión y un coro oscuro, para luego dar paso al tercer movimiento. En esta parte el diablo comienza a cantar y arranca el contrapunteo. Lo que nos hace apreciar la obra, tanto el poema como la cantata es que El Diablo representa el mal, representa lo oscuro, lo tenebroso, lo misterioso, y lo que pretende es contrapuntear con los mejores cantantes del llano para derrotarlos y adueñarse de sus almas. Una porfía es una disputa o discusión que se mantiene con tenacidad, con insistencia en una acción para cuyo logro se halla resistencia.[1][11]

Para entender esta obra es necesario entender ciertos aspectos, la obra se basa en una forma de canto típico venezolano, en el género de joropo, El contrapunteo,[12]​ en el cual dos cantantes se enfrentan, uno reta al otro, y una vez que el segundo acepta, inicia el contrapunteo, uno le pregunta al otro, quien responde puede a su vez responder y preguntar, pero siempre debe hacerlo de manera inteligente para poder ganar el contrapunteo, mientras que el que pregunta, debe hacer las preguntas lo más difícil posible para que el otro no pueda responder y así ganar el contrapunteo, en el llano venezolano perder un contrapunteo significa mancillar el honor y el orgullo del llanero, perder un contrapunteo es una ofensa grave, es motivo de burlas, es motivo de tristezas, es motivo de rabia. Durante el contrapunteo deben seguirse una serie de reglas, respetar la rima, no caer en obscenidades, la estructura de los versos debe ser la misma para ambos copleros, uno comienza y el otro termina el contrapunteo, por lo general el retador es quien pregunta y quien acepta el reto las responde. Existen distintos tipos de contrapunteo, con verso corrido cuyos versos se sostienen en la rima durante todo el contrapunteo, y el verso coleado en el cual quien que va respondiendo debe iniciar con la última frase o copla que lanzó el otro coplero. En este caso el contrapunteo entre Florentino y el Diablo es de verso coleado.[13][14]

En esta etapa de la obra se observa el despliegue del trabajo de los solistas, El Diablo (barítono), inicia lanzando el primer verso en forma de pregunta: Catire quita pesares contésteme esta pregunta: ¿Cuál es el gallo que siempre lleva ventaja en la lucha y aunque le den en el pico tiene picada segura? Durante todo el contrapunteo se puede percibir al diablo evaluando a Florentino, haciéndole preguntas, muchas de ellas en sentido figurado, de manera metafórica, y en la voz del barítono se puede apreciar una actitud de sobrado, se aprecia que tiene confianza al momento de preguntar, como si supiera de antemano que Florentino no va a responder. Por el contrario el tenor se nota calmado, respondiendo inteligentemente, con sarcasmo, con metáforas, dándole vuelta a la situación. Luego El Diablo viendo que no puede dominar a Florentino antes de que llegue el día, opta por incluir elementos de la naturaleza, queriendo sugestionar a Florentino, como diciéndole que así responda sus preguntas se lo va a llevar, que cada sonido que escuche y cada cosa que vea solo significa una cosa «el alma de Florentino es suya». Es muy interesante que esta etapa del contrapunteo, se puede percibir a un Florentino como algo asustado, más precavido y cuidadoso con lo que va a responder, pero Florentino siempre opta por los refranes, por la respuesta inteligente, El Diablo incluso viendo que Florentino es buen coplero se desespera y le cambia la consonante, a medida que avanza el contrapunteo el diablo acelera la velocidad, como si temiera algo; y al final Florentino viéndose como perdido, opta por decir versos sagrados nombrando o invocando vírgenes y santos para que lo protejan, y de repente el diablo se marcha perdiendo el contrapunteo, acá también surge otra incógnita, ya que el aumento del ritmo o de la velocidad de la música por parte del diablo, no es por otra cosa que el hecho de que está amaneciendo, y la incógnita es que el autor del poema deja abierta una posibilidad de que el diablo se marcha o porque Florentino nombra a los santos y vírgenes o porque amanece y le teme a la luz del día. Durante todo el contrapunteo el coro permanece estático, hasta que al final, una vez que termina el contrapunteo, los últimos versos lanzados por Florentino son retomados por el coro.

En este tercer movimiento Antonio Estévez conjuga todos los elementos musicales, se puede percibir cada detalle, el ritmo, la intensidad, la fuerza de cada instrumento y de cada verso que lanzan los cantantes con el acompañamiento oportuno de los coros, hacen que el oyente sienta que está metido en medio del contrapunteo, hace que el oyente imagine la situación creyendo que en lugar de escucharla está observándola. Las voces se mantienen suspendidas por encima de la base musical en todo momento, entendiéndose además la dicción de cada palabra a la perfección.

I Parte- EL RETO
(lento, cadencioso)
COROS
El coplero Florentino
por el ancho terraplén
caminos del Desamparo
desanda a golpe de seis.

Puntero en la soledad
que enlutan llamas de ayer,
macolla de tierra errante
le nace bajo el corcel.

Ojo ciego el lagunazo
sin garza, junco ni grey,
dura cuenca enterronada
donde el casco da traspié.
Los escuálidos espinos
desnudan su amarillez,
las chicharras atolondran
el cenizo anochecer.

Parece que para el mundo
la palma sin un vaivén.
El coplero solitario
vive su grave altivez
de ir caminando el erial
como quien pisa vergel.
En el caño de Las ánimas
se para muerto de sed.
y en las patas del castaño
ve lo claro del jagüey.

El cacho de beber tira,
en agua lo oye caer;
cuando lo va levantando
se le salpican los pies,
pero del cuerno vacío
ni gota pudo beber.

Vuelve a tirarlo y salpica
el agua clara otra vez,
más solo arena sus ojos
en el turbio fondo ven.

Soplo de quema el suspiro,
paso llano el palafrén,
mirada y rumbo el coplero
pone para su caney,
cuando con trote sombrío
oye un jinete tras él.

Negra se le ve la manta,
negro el caballo también;
bajo el negro pelo' 'e guama
la cara no se le ve.
Pasa cantando una copla
sin la mirada volver:

EL DIABLO
-Amigo, por si se atreve,
aguárdeme en Santa Inés,
que yo lo voy a buscar
para cantar con usté.

COROS
Mala sombra del espanto
cruza por el terraplén.
Vaqueros de lejanía
la acompañan en tropel;
la encobijan y la borran
pajas del anochecer.
Florentino taciturno
coge el banco de través.
Puntero en la soledad
que enlutan llamas de ayer
parece que va soñando
con la sabana en la sien.
En un verso largo y hondo
se le estira el tono fiel:

FLORENTINO
Sabana, sabana, tierra
que hace sudar y querer,
parada con tanto rumbo,
con agua y muerta de sed,
una con mi alma en lo sola,
una con Dios en la fe;
sobre tu pecho desnudo
yo me paro a responder:
sepa el cantador sombrío
que yo cumplo con mi ley
y como canté con todos
tengo que cantar con él.

II Parte: LA PORFÍA
(lento, tenebroso)

COROS
Noche de fiero chubasco
por la enlutada llanura,
y de encendidas chipolas
que el rancho del peón alumbran.
Adentro suena el capacho,
afuera bate la lluvia;
vena en corazón de cedro
el bordón mana ternura;
no lejos asoma el río
pecho de sabana sucia;
más allá coros errantes,
ventarrón de negra furia,
y mientras teje el joropo
bandoleras amarguras
el rayo a la palma sola
le tira señeras puntas.
Súbito un hombre en la puerta:
indio de grave postura,
ojos negros, pelo negro,
frente dé cálida arruga,
pelo de guama luciente
que con el candil relumbra.
Un golpe de viento guapo
le pone a volar la blusa,
y se le ve jeme y medio
de puñal en la cintura.
Entra callado y se apuesta
para el lado de la música.
Oiga vale, ese es el Diablo.
-La voz por la sala cruza.
Mírelo cómo llegó
con tanto barrial y lluvia,
planchada y seca la ropa,
sin cobija ni montura.
Dicen que pasó temprano,
como quien viene de Nutrias,
con un oscuro bonguero
por el paso de Las Brujas.
Florentino está silbando
sones de añeja bravura
y su diestra echa a volar
ansias que pisa la zurda,
cuando el indio pico de oro
con su canto lo saluda.

II Parte: LA PORFÍA (Contrapunteo)
(allegro vivo)

EL DIABLO
Catire quita pesares
contésteme esta pregunta:
¿Cuál es el gallo que siempre
lleva ventaja en la lucha
y aunque le den en el pico
tiene picada segura?

FLORENTINO
Tiene picada segura
el gallo que se rebate
y no se atraviesa nunca,
bueno si tira de pie,
mejor si pica en la pluma.

EL DIABLO
Mejor si pica en la pluma.
Si sabe tanto de todo
diga cuál es la república
donde el tesoro es botín
sin dificultá ninguna.

FLORENTINO
Sin dificultá ninguna,
la colmena en el papayo
que es palo de blanda pulpa:
el que no carga machete
saca la miel con las uñas.

EL DIABLO
Saca la miel con las uñas.
Contésteme la tercera
si respondió la segunda,
y diga si anduvo tanta
sabana sin sol ni luna
quién es el que bebe arena
en la noche más oscura.

FLORENTINO
En la noche más oscura
no quiero ocultar mi sombra
ni me espanto de la suya.
Lo malo no es el lanzazo
sino quien no lo retruca:
tiene que beber arena
el que no bebe agua nunca.

EL DIABLO
El que no bebe agua nunca.
Así cualquiera responde
barajando la pregunta.
Si sabe dé su razón
y si no, no dé ninguna:
¿Quién mitiga el fuego amargo
en jagüey de arena pura,
quién mata la sed sin agua
en la soledad profunda?

FLORENTINO
En la soledad profunda
el pecho del medanal,
el romance que lo arrulla,
la conseja que lo abisma,
el ánima que lo cruza,
la noche que lo encobija,
el soplo que lo desnuda,
la palma que lo custodia,
el lucero que lo alumbra.
¿Qué culpa tengo señores
si me encuentra el que me busca?

EL DIABLO
Si me encuentra el que me busca
el susto lo descarea.
Falta un cuarto lPa’ la una
cuando el candil parpadea,
cuando el espanto sin rumbo
con su dolor sabanea,
cuando Florentino calla
porque se le va la idea,
cuando canta la pavita,
cuando el gallo menudea.

FLORENTINO
Cuando el gallo menudea
la garganta se me afina
y el juicio se me clarea.
Yo soy como el espinito
que en la sabana florea:
le doy aroma al que pasa
y espino al que me menea.

EL DIABLO
Espino al que me menea.
No le envidio al espinito
las galas de que alardea:
cuando la candela pasa
la pata se le negrea.
Con plantaje y bulla de ala
no se cobra la pelea.
Vaya poniéndose alante
lPa’ que en lo oscuro me vea.

FLORENTINO
lPa' que en lo oscuro me vea.
Amigo no arrime tanto
que el bicho se le chacea.
Atrás y alante es lo mismo
lPa’ l que no carga manea.
El que va atrás ve pa' lante
y el que va alante voltea.

EL DIABLO
El que va adelante voltea
a contemplar lo que sube
borrando lo que verdea:
en invierno el aguazal,
en verano la humarea.
Me gusta cantar al raso
de noche cuando ventea
porque así es como se sabe
quién mejor contrapuntea.

FLORENTINO
Quien mejor contrapuntea
hace sus tratos de día
y trabaja por tarea.
«¡Cójame ese trompo en la uña
a ver si taratatea!»
Ni que yo fuera lechuza
en campanario de aldea
para cantar en lo oscuro
con esta noche tan fea.

EL DIABLO
Con esta noche tan fea
una cosa piensa el burro
y otra el que arriba lo arrea.
¡Ay, catire Florentino!
escuche a quien lo previene:
dele tregua a la porfía
pa’ que tome y se serene
si no quiere que le falle
la voz cuando se condene.

FLORENTINO
La voz cuando se condene.
Mientras el cuatro me afine
y la maraca resuene
no hay espuela que me apure
ni bozal que me sofrene,
ni quien me obligue a beber
en tapara que otro llene.
Coplero que canta y toca
su justa ventaja tiene:
toca cuando le da gana,
canta cuando le conviene.

EL DIABLO
Canta cuando le conviene.
Si su destino es porfiar
aunque llueva y aunque truene
le voy a participar,
amigo, que en este duelo
yo no le vengo a brindar
miel de aricas con buñuelo.
Si se pone malicioso
no me extraña su recelo,
que al que lo mordió macagua
bejuco le para el pelo.

FLORENTINO
Bejuco le para el pelo.
Contra un giro atravesao
yo mi pollo ni lo amuelo.
Entre cantadores canto,
entre machos me rebelo,
entre mujeres me sobra
muselina y terciopelo,
cuando una me dice adiós
a otra le pido consuelo.
Desde cuando yo volaba
paraparas del rayuelo
vide con la noche oscura
la Cruz de Mayo en el cielo.

EL DIABLO
La Cruz de Mayo en el cielo.
A mí no me espantan sombras
ni con luces me desvelo:
con el sol soy gavilán
y en la oscuridá mochuelo,
familia de alcaraván
canto mejor cuando vuelo;
también como la guabina
si me agarra me le pelo,
también soy caimán cebao
que en boca e’ caño lo velo.

FLORENTINO
Que en boca e’ caño lo velo.
Me acordé de aquel corrío
que me lo enseñó mi abuelo:
Velando al que nunca pasa
el vivo se quedó lelo,
para caimán el arpón
para guabina el anzuelo,
patiquín que estriba corto
no corre caballo en pelo.
¿Con qué se seca la cara
el que no carga pañuelo?
¿Pa’ qué se limpia las patas
el que va a dormí en el suelo?

EL DIABLO
El que va a dormí en el suelo
pega en la tierra el oío:
si tiene el sueño liviano
nunca lo matan dormío.
Los gallos están cantando,
escúcheles los cantíos,
los perros están aullando,
recuerde lo convenío.
«Zamuros de la Barrosa
del alcornocal del Frío
albricias pido señores
que ya Florentino es mío».

FLORENTINO
Que ya Florentino es mío.
¡ñéngueres de Banco Seco!
¡taro-taros del Pionío!
Si usté dice que soy suyo
será que me le he vendío,
si me le vendí me paga
porque yo a nadie le fío.
Yo no soy rancho veguero
que le mete el agua el río,
yo no soy pájaro bobo
pa' estar calentando nío.

EL DIABLO
lPa’ estar calentando nío.
No sé si es pájaro bobo
pero va por un tendío
con la fatiga del remo
en el golpe mal medío;
y en la orilla del silencio
se le anudará el tañío
cuando yo mande a parar
el trueno y el desafío.

FLORENTINO
El trueno y el desafío.
Me gusta escuchar el rayo
aunque me deje aturdío,
me gusta correr chubasco
si el viento lleva tronío.
águila sobre la quema,
reto del toro bravío.
Cuando esas voces me llaman
siempre les he respondío.
¡Cómo me puede callar
coplero recién vestío!

EL DIABLO
Coplero recién vestío,
mano a mano y pecho a pecho
ando atizándome el brío
con el fuego del romance
que es don de mi señorío.
Relámpagos me alumbraron
desde el horizonte ardío
nariceando cimarrones
y sangrando a los rendíos
con la punta' 'e mi puñal
que duele y da escalofrío.

FLORENTINO
Que duele y da escalofrío...
Dame campo pensamiento
y dame rienda albedrío
lPa’ enseñarle al que no sabe
a rematar uh corrío.
Cimarrones hay que verlos,
de mautes no le porfío;
puñal, sáquelo si quiere
a ver si repongo el mío.
Duele lo que se perdió
cuando no se ha defendío.

EL DIABLO
Cuando no se ha defendío
lo que se perdió no importa
si está de pies el vencío.
porque el orgullo indomable
vale más que el bien perdío.
Por eso es que me lo llevo
con la nada por avío
en bongo de veinte varas
que tiene un golpe sombrío.
Y vuelvo a cambiarle el pie
a ver si topa el atajo.

FLORENTINO
A ver si topa el atajo.
Cuando se fajan me gusta
porque yo también me fajo.
«Zamuros de la Barrosa
del alcornocal de abajo:
ahora verán, señores,
al Diablo pasar trabajo».

EL DIABLO
Al Diablo pasar trabajo.
No miente al que no conoce
ni finja ese desparpajo,
mire que por esta tierra
no es primera vez que viajo,
y aquí saben los señores
que cuando la punta encajo
al mismo limón chiquito
me lo chupo gajo a gajo.

FLORENTINO
Me lo chupo gajo a gajo.
Usté que se alza el copete
y yo que se lo rebajo.
No se asusten compañeros,
déjenlo que yo lo atajo,
déjenlo que pare suertes,
yo sabré si le barajo;
déjenlo que suelte el bongo
lPa’ que le coja agua abajo;
antes que Dios amanezca
se lo lleva quien lo trajo;
alante el caballo fino,
atrás el burro marrajo.
¡Quién ha visto dorodoro
cantando con arrendajo!
Si me cambió el consonante
yo se lo puedo cambiar.

EL DIABLO
Yo se lo puedo cambiar.
Los graves y los agudos
a mí lo mismo me dan,
porque yo eché mi destino
sobre el nunca y el jamás.
¡Ay! catire Florentino,
cantor de pecho cabal,
qué tenebroso el camino
que nunca desandará,
sin alante, sin arriba,
sin orilla y sin atrás.
Ya no valen su baquía,
su fe ni su facultá
catire quitapesares
arrendajo y turupial.

FLORENTINO
Arrendajo y turupial.
De andar solo esa vereda
los pies se le han de secar,
y se le hará más profunda
la mala arruga en la faz;
porque mientras llano y cielo
me den de luz su caudal,
mientras la voz se me escuche
por sobre la tempestá,
yo soy quien marco mi rumbo
con el timón del cantar.
Y si al dicho pido ayuda
aplíquese esta verdá:
que no manda marinero
donde manda capitán.

EL DIABLO
Donde manda capitán
usted es vela caída,
yo altivo son de la mar.
Ceniza será su voz,
rescoldo de muerto afán
sed será su última huella
náufraga en el arenal,
humo serán sus caminos,
piedra sus sueños serán,
carbón será su recuerdo,
lo negro en la eternidá,
para que no me responda
ni se me resista más.
Capitán de la Tiniebla
es quien lo viene a buscar.

FLORENTINO
Es quien lo viene a buscar.
Mucho gusto en conocerlo
tengo señor Satanás.
Zamuros de la Barrosa
salgan del Arcornocal
que al Diablo lo cogió el día
queriéndome atropellar.
Sácame de aquí con Dios
Virgen de la Soledá,
Virgen del Carmen bendita,
sagrada Virgen del Real,
tierna Virgen del Socorro,
dulce Virgen de la Paz,
Virgen de la Coromoto,
Virgen de Chiquinquirá,
piadosa Virgen del Valle,
santa Virgen del Pilar,
Fiel Madre de los Dolores
dame el fulgor que tú das,
¡San Miguel! dame tu escudo,
tu rejón y tu puñal,
Niño de Atocha bendito,
Santísima Trinidá.

COROS
Es quien lo viene a buscar.
Mucho gusto en conocerlo
tengo señor Satanás.
Zamuros de la Barrosa
salgan del Arcornocal
que al Diablo lo cogió el día
queriéndome atropellar.
Sácame de aquí con Dios
Virgen de la Soledá,
Virgen del Carmen bendita,
sagrada Virgen del Real,
tierna Virgen del Socorro,
dulce Virgen de la Paz,
Virgen de la Coromoto,
Virgen de Chiquinquirá,
piadosa Virgen del Valle,
santa Virgen del Pilar,
Fiel Madre de los Dolores
dame el fulgor que tú das,
¡San Miguel! dame tu escudo,
tu rejón y tu puñal,
Niño de Atocha bendito,
Santísima Trinidá.
 

El 25 de julio de 1954, se estrenó la obra en el Teatro Municipal de Caracas, cuya capacidad estaba a plenitud, la obra estuvo dirigida por el mismo Antonio Estévez, fue interpretada por la Orquesta Sinfónica de Venezuela, los solistas fueron el tenor y músico reconocido Antonio Lauro y el barítono Teo Capriles, una vez finalizada la obra, el teatro estalló de júbilo, los gritos y los aplausos se desbordaron por todas partes, la emoción de los presentes era palpable, los gritos y aplausos se prolongaron por largos ratos.La Cantata criolla se presentaría una vez más en ese año de 1954, en la Concha Acústica de Bello Monte el 5 de diciembre de 1954, durante la realización del Primer Festival Latinoamericano de Música de Caracas, festival al cual asistieron los mejores intérpretes musicales de todo el continente, al final de esta presentación, el maestro Antonio Estévez, dejó salir las lágrimas de sus ojos de tanta emoción, al ver que un público tan difícil le aplaudía con tanta intensidad y tanta efusividad.[1][15][16][17][18]

Alberto Arvelo Torrealba autor del poema Florentino y El Diablo en una carta dirigida a Estévez expresó lo siguiente:

La Cantata criolla se ha vuelto un clásico de la música clásica de América Latina, siendo una de las obras más representativas del nacionalismo musical del subcontinente latinoamericano, el maestro Antonio Estévez la dirigió desde su estreno en 1954, la última vez que la dirigió fue el 23 de julio de 1983. Fue el 15 de marzo de 1987, que por primera vez la dirigía alguien distinto a Estévez, la responsabilidad recayó sobre el gran director venezolano y pupilo de Estévez Felipe Izcaray, asimismo por primera era interpretada por una orquesta distinta a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, en esa gala fue interpretada por la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, y contó con la participación en los coros de la Coral Vinicio Adames, la Coral Siamora Guerra, Coro Polifónico Rafael Suárez, los coros de Medicina e Ingeniería de la UCV, la Coral Calcaño, el Orfeón Universitario Simón Bolívar, asimismo los solistas fueron Idwer Álvarez (Florentino) y Juan Tomás Martínez (El Diablo).

En 1990 el director mexicano Eduardo Mata, grabó la Cantata criolla junto con la Sinfónica Simón Bolívar, para esta ocasión los papeles de los solistas recayeron sobre Idwer Álvarez (Florentino) y William Alvarado (El Diablo). Para esta grabación se incorporaron arreglos de arpa venezolana en los interludios, se incorporaron arreglos para las voces de las sopranos de los coros los cuales se mantienen en las interpretaciones de la Cantata criolla desde entonces. El disco fue publicado en 1992.[19]

El tenor Idwer Álvarez ha interpretado el papel de Florentino en más de 150 ocasiones, haciendo dicha interpretación prácticamente suya.[20]



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