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Curiyú



La anaconda amarilla o curiyú (Eunectes notaeus) es una especie de anaconda, de la familia Boidae, nativa del centro de Sudamérica. En idioma guaraní es llamada mbói kurijú.

Se distribuye en el este de Bolivia, Paraguay, oeste de Brasil, nordeste de Argentina, y ocasionalmente llega a Bella Unión, en el departamento de Artigas y se han avistado ejemplares en el departamento de Salto (noroeste del Uruguay), recientemente se han encontrado ejemplares también en la zona de Parana, Argentina,[1]​ basado en el decomiso de un cuero de un ejemplar capturado por cazadores furtivos en el año 1995 en la zona de La Tablada o Campo Uno, el cual, sin la cabeza, medía 384 cm.[2]


Es más pequeña que la más conocida anaconda verde (Eunectes murinus); habitualmente alcanza longitudes de entre 2,5 y 4 m y un peso que puede superar los 40 kg, siendo las hembras de mayor tamaño que los machos. Como sucede con muchas serpientes de gran tamaño, el largo máximo que puede alcanzar esta especie es motivo de controversia,[3][4]​ aunque, según algunos autores, se han encontrado ejemplares máximos hasta de 6 m,[5]​ mientras que otros señalan que, raramente, se han registrado hembras que superaban los 7 m.[6][7]

Su color de base es amarillo pardo con pintas y rosetas negras.

Vive mayormente en hábitats acuáticos, incluyendo charcas, margas, bancos en ríos y arroyos lentos.

Su dieta incluye venados, pecaríes, grandes roedores, aves, reptiles y también animales acuáticos como peces.

La curiyú, como otros ofidios, es comestible asada o frita luego de quitarle la piel y eviscerarla cuidadosamente (en las vísceras puede tener, como otros muchos animales, parásitos); por ser comestible ha sido uno de los diversos ingredientes alimenticios para las etnias indígenas en donde este ofidio se encuentra. Por otra parte, al ser inofensiva para el ser humano y alta depredadora de roedores, ha sido tradicional, especialmente en fincas campestres, tener al menos una curiyú viva para combatir plagas de ratas y roedores “domésticos” similares.

El cronista Ulrico Schmidl describió un encuentro con una curiyú en 1536 en su obra Viaje al Río de la Plata:[8]

Montaje de esqueleto de anaconda. https://ulnaebones.com/piton/



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