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Descenso de la población



descenso demográfico, descenso de la población humana o decrecimiento demográfico, es la disminución de la población en un territorio durante un tiempo determinado como consecuencia de una tasa de crecimiento demográfico negativo. La disminución de la población es consecuencia de la baja tasa de natalidad e inmigración en relación a la tasa de mortalidad y emigración; es decir, los nacimientos y los inmigrantes son menos que las defunciones y los emigrantes.[1]

El descenso demográfico es una variable que se estudia estadísticamente en demografía y también en geografía humana, sociología, ciencias actuariales y otras ramas del conocimiento. El declive natural de la población, es decir, la influencia de las tasas de natalidad y de mortalidad, es un fenómeno de muchas sociedades industriales posmodernas.[1]

El descenso de poblaciones puede también referirse a otras especies animales y vegetales como consecuencia de su comportamiento biológico, fenómenos de deterioro ambiental, control de la población y/o control de plagas.

Aunque la tasa de natalidad está descendiendo mundialmente de manera significativa, la población seguirá creciendo ya que la disminución de la tasa de mortalidad permitirá todavía durante algunas décadas del siglo XXI un aumento de la población mundial[2]​ hasta su estabilización (población en equilibrio) y previsto descenso.[3]

La población mundial está creciendo en promedio en todos los países. La ONU preveía 7.900 millones de personas en el mundo en 2006 con proyecciones medias hasta 2025 y 9.200 millones para 2050- Si el número de nacimientos por mujer (tasa de fertilidad) -como se supone en la previsión- se estabiliza en 1,85 a largo plazo, se puede esperar una disminución de la población mundial después de 2050. [4]

La reducción de la población humana puede estar causada por múltiples factores. Desde las últimas décadas del siglo XX las tendencias demográficas a largo plazo -reducción de las tasas de fertilidad y fecundidad junto a la reducción de las tasas de mortalidad de la transición demográfica- podrían ser el inicio de un descenso de la población mundial en la segunda mitad del siglo XXI, tendencia que ya se aprecia en la mayoría de países desarrollados económicamente.[3]​ El descenso demográfico es consecuencia de profundos cambios socioeconómicos que conllevan cambios de roles sociales en las sociedades desarrolladas y muy urbanizadas junto con fenómenos de migración que provocan el abandono del medio rural (éxodo rural y proceso de urbanización), en ocasiones también en procesos de decadencia urbana y todo ello unido, en ocasiones, a catástrofes naturales (sequías, inundaciones, etc.), guerras, enfermedades y pandemias que pueden contribuir a la disminución de la población en un territorio.

Cuando la tasa de crecimiento demográfico es negativa decimos que se produce un descenso de la población o descenso demográfico:

Los cambios demográficos de los últimos siglos son explicados por la teoría de la transición demográfica así como la denominada teoría de la segunda transición demográfica, ambas apoyadas por estudios transversales de la población. Sin embargo los cambios más recientes -disminución de mortalidad junto con disminución de la natalidad junto con otros cambios sociales de las últimas décadas son explicados por la teoría de la revolución reproductiva apoyada en estudios longitudinales.[5]

El descenso de la población puede tener efectos positivos o negativos.[6]

Si un territorio no ofrece los recursos suficientes una reducción de la población permitiría la asignación de más recursos con menos o ninguna competencia para la población. Además, en las poblaciones muy urbanizadas disminuyen las desventajas de la superpoblación (alta densidad de población), con efectos en la disminución de tráfico, contaminación, de los precios de los bienes raíces (vivienda), con los efectos positivos que puede producir en la conservación y mejora de la calidad del medio ambiente; calidad del aire, del agua, reducción de emisiones de carbono y otros contaminantes.[7]​ Algunos de estos posibles beneficios coincidirían con los efectos positivos del decrecimiento si bien este último se centra en la reducción del consumo y la energía.

Dependiendo de los procesos productivos del territorio o región, la riqueza per cápita puede aumentar en los escenarios de descenso de la población además de la mejora de los indicadores de salud. A los beneficios que acompañan al descenso demográficos se les ha denominado "reducir y prosperar", ya que podría reproducirse la Edad Dorada posterior a la Guerra Civil Norteamericana así como al auge económico posterior a la Primera Guerra Mundial y el auge económico posterior a la Segunda Guerra Mundial (Keynesiasmo económico).

Para Darrell Bricker y John Ibbitson el previsible descenso de la población en la segunda década del siglo XXI el riesgo de hambrunas disminuirá, la situación medioambiental mejorará, menos trabajadores exigirán mejores salarios y unas tasas de natalidad más bajas representarán mayores ingresos y autonomía para las mujeres.[8]

Las tendencias de la población, ya sea de crecimiento o descenso, crean beneficios a favor y en contra, tanto económicos como sociales que afectan a las economías nacionales y determinan las necesidades de planificación nacional. [3]

Tanto el sistema económico como la infraestructura de los países industrializados están diseñados para crecer o estancarse pero no contemplan en su funcionamiento la posibilidad de la disminución o el decrecimiento.

Así, ante un descenso de la población se deberá revisar la planificación de los servicios públicos para atender a la nueva situación que puede requerir aumentos e inversiones en sanidad, pensiones (contrato intergeneracional), atención social y reducción en otros sectores como la educación, infraestructuras de comunicación, armamento. Una buena previsión aminorará los perjuicios de la disminución de la población en un territorio. Sin embargo, no solo se requiere planificar los servicios que puedan demandarse sino también generar los recursos económicos para esa demanda y por lo tanto establecer políticas económicas que permitan un adecuado equilibrio presupuestario y en todo caso un déficit presupuestario tolerable. Las diversas teorías económicas consideran de manera muy distinta la importancia de las cifras de productor interior, deuda y déficit (economía clásica, economía marxista, economía neoclásica, teoría del equilibrio general, neoliberalismo, keynesianismo, neokeynesianismo, nueva economía keynesiana, , teoría Monetaria Moderna)

Para paliar la disminución de la población se llevan a cabo políticas demográficas natalistas -de apoyo a la procreación- conocidas tradicionalmente como de protección a la familia. Estas medidas suelen dar escasos resultados ya que chocan frontalmente con los cambios de mentalidad y con una realidad económica que hace difícil la necesaria estabilidad económica para la procreación y crianza de los hijos. La realidad laboral y económica de los jóvenes en muchos países -necesidad y deseo de buena formación, tardanza en la incorporación al mercado de trabajo, empleo precarios (precariado) y no estables- hace muy difícil que las políticas de apoyo a la natalidad surjan efectos.[9]

La despoblación supone la pérdida masiva de habitantes de una región o ecosistema por motivo de su muerte, envejecimiento o desplazamiento. Uno de los efectos más negativos del descenso de la población continuada es la despoblación, fenómeno extremo que desequilibra los territorios social y económicamente. Cuando la densidad de población llega a un punto crítico las tendencias a veces son irreversibles ya que el deterioro de los servicios (comercio, educación, sanidad, ocio...) agudiza la causa fundamental de la despoblación: la migración (deterioro económico y falta de expectativas sociales).

La infrapoblación es el descenso intenso de la población que amenaza al sistema social y económico de un determinado territorio ya que no permite mantener la supervivencia de dicha población. Aunque la densidad de población es importante es decisiva la proporción entre generaciones para sostener la sociedad y su economía. Es decir, remite al necesario relevo generacional para mantener una población en crecimiento o, al menos en equilibrio. El aumento de la mortalidad y la emigración agravan el problema de la infrapoblación. Las propuestas de carácter económico para contener o aminorar la infrapoblación son la instauración de actividad económica que contenga o revierta la emigración, las políticas de inmigración favorables así como las políticas natalistas que puedan revertir el descenso de la natalidad.

Numerosos países y territorios dentro de dichos países están afectados por el descenso demográfico. Las causas pueden ser variadas y en ocasiones darse conjuntamente: envejecimiento de la población, emigración por motivos políticos, guerras, pobreza, sequía y otras catástrofes naturales.

La causa fundamental del descenso de la población es que la tasa de crecimiento demográfico es negativa; en estos países disminuyen las cohortes de niños y jóvenes (por la disminución de la tasa de natalidad) y aumentan las cohortes de mayores de 60 y 80 años (por el aumento de la esperanza de vida), es decir se produce un envejecimiento demográfico de las poblaciones.

El envejecimiento de Europa afecta a numerosos países sobre todo a los denominados países del este. El envejecimiento de la población en Japón comenzó en las últimas décadas de finales del siglo XX. El envejecimiento en Chile y el envejecimiento en Guatemala nos indican que el fenómeno se está generalizando en muchos países del mundo. La excepción es África donde numerosos países todavía seguirán creciendo durante unas décadas y también algunos de Asia aunque ya estén reduciendo sus tasas de natalidad el efecto del envejecimiento tardará unas décadas.

Otros países, al aceptar inmigración, consiguen mantener la población más estable o incluso les permite crecer como Estados Unidos (Demografía de los Estados Unidos) y Canadá (Demografía de Canadá).



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