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Ejército Defensor de la Soberanía Nacional



El Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua (EDSN) fue un ejército organizado y liderado por el General Augusto César Sandino que en su fase inicial operó en el departamento de Nueva Segovia, al norte de Nicaragua, pero luego abarcó casi todo el territorio nacional, exceptúando el área que ocupan los actuales departamentos de Managua, Masaya, Granada, Carazo y Rivas (aunque en este último hubo un intento de invasión).

Este nunca fue un ejército en el sentido propiamente dicho; puesto que los soldados que lo integraban eran "ciudadanos armados" que cultivaban la tierra mientras que se oponían a la ocupación; eran "un pueblo en armas".

La poetisa chilena Gabriela Mistral lo describió como "ese pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio", en un artículo publicado en el diario El Mercurio, de Santiago de Chile, el 4 de marzo de 1928.[3]

El periodista vasco Ramón Belausteguigoitia Landuce que tuvo ocasión de visitar el campamento de Sandino durante algunas semanas, describe así a sus tropas:[4]

El aire de todos ellos era duro, y se adivinaba la fiereza de los hombres obligados a vivir en la selva durante años enteros. El rasgo común era el lazo rojo y negro que adornaba su sombrero. Muchos llevaban una gran mascada del mismo color sujeta al cuello.

Las armas eran un rifle y el machete que llevaban colgado al cinto. Algunos llevaban dos pistolas, y bastantes bombas de mano…

La causa principal de Sandino fue la lucha contra la intervención estadounidense en los asuntos internos del país expresada en la ocupación militar del país y la actitud entreguista de los caudillos militares del Ejército Liberal Constitucionalista bajo el mando del General José María Moncada que buscaba recuperar la Presidencia de Nicaragua para Juan Bautista Sacasa, conforme a lo estipulado en la Constitución de La República vigente en ese entonces.

De acuerdo al llamado Pacto del Espino Negro firmado en el poblado de Tipitapa el 4 de mayo de 1927 entre liberales y conservadores con la mediación de Henry L. Stimson, los liberales aceptaban la continuidad del gobierno conservador de Adolfo Díaz Recinos hasta la realización de elecciones supervisadas por las fuerzas de ocupación del Cuerpo de Marinos de los Estados Unidos de América (USMC), en las cuales saldría vencedor el general Moncada.

Sandino fue el único general liberal constitucionalista que no aceptó entregar las armas a cambio de prebendas y con su ejemplo inspiró en los campesinos del norte de Nicaragua un sentimiento de oposición a la intervención estadounidense. Convirtió la guerra civil fratricida entre liberales y conservadores en una guerra nacional contra la ocupación y los gobiernos del conservador Díaz y del liberal Moncada.

El germen del EDSN fueron los veintinueve (29) hombres que siguieron a Sandino, los iniciadores de la Revolución Nicaragüense (véase: Sandinismo).

Sobre esos primeros veintinueve hombres que junto a él iniciaron la lucha en defensa de la soberanía nacional de Nicaragua, Sandino expresó:

En el Centro de Historia Militar del Ejército de Nicaragua se exhibe un libro de actas, con la firma y sello del General, en el cual se enumeran esos veintinueve nombres, varios de ellos llegaron a ser generales y coroneles del EDSN.[5]

En el orden en que aparecen (nombre, edad y procedencia) es así:

Entre las figuras más representativas del EDSN se incluyen el mismo Augusto César Sandino, así como a:[6]

Sandino se refiere a su figura y legado en dos cartas.

Choluteca, El Paraíso y San Marcos de Colón fueron lugares donde se recogió mucho de la historia de la gesta heroica de Sandino, en cuyo ejército militaron muchos hondureños, varios incluso se destacaron como jefes guerrilleros con grados de Coronel y General.

El 27 de febrero de 1928, en el llamado combate de "El Bramadero",[8]​ el más joven de los generales sandinistas, Miguel Ángel Ortez, quien era casi un adolescente, coge por sorpresa a una columna de marines, y les causa una de sus más tremendas derrotas. Es después de entonces que en los documentos oficiales del Cuerpo de Marina de los EUA puede encontrarse que ya no se le llama a Sandino bandido sino guerrillero, en una promoción honorífica conquistada a balazos.

Al respecto, Carleton Beals, periodista norteamericano que estuvo con Sandino, escribió con respeto sobre el hombre que enfrentaba "con una honda" a sus compatriotas. En "Banana Gold" relataría así un episodio habido en una entrevista con el general Logan Feland,[9]​ comandante en jefe de las fuerzas norteamericanas en Nicaragua:

- No -contestó el general con sorna-; desde luego que no. Es un hombre correcto.
Pero damos la palabra 'bandido' en un sentido técnico, en el de jefe de una banda.
¡Ah, según eso -reflexionó ante Feland mientras escuchamos un concierto-

El EDSN estaba organizado en sus inicios en siete columnas expedicionarias,[10]​ las cuales estaban comandadas por Jefes Expedicionarios nombrados por Sandino. Estas columnas fueron:

Estas columnas móviles o volantes contaban además de su número regular de tropa, con cuadros paramilitares, se trataba de voluntarios civiles que servían como correos, y en el servicio de espionaje; existía también una red de agentes urbanos que informaba de los movimientos de salida de tropas estadounidenses hacia la montaña, o de la llegada de aviones.

Entre los años 1983 - 1989, el Ejército Popular Sandinista organizó los llamados Batallones de Lucha Irregular (BLI) inspirados en las Columnas Expedicionarias del EDSN para enfrentar a las fuerzas de tarea de La Contra durante la guerra impuesta y financiada por el Gobierno de los Estados Unidos de América contra el gobierno revolucionario, herederos de Sandino.

El Coro de los Ángeles era un grupo de niños huérfanos de guerra que permanecían en los cuarteles de las montañas del norte. En las emboscadas y asaltos su papel consistía en dar gritos, vivas y hacer toda clase de ruidos -un coro infantil cuyas voces se alzaban ensordecedoramente en el monte- con latas y triquitraques, dando unas veces la impresión de que el número de soldados sandinistas era mayor, y otras, que llegaban refuerzos. Estos niños, cuando crecían, llegaban a ser soldados regulares y debían conquistar su propio rifle, como fue el caso del coronel Santos López.

La Legión Latinoamericana,[12]​ también conocida como la Brigada Internacional, estuvo compuesta por intelectuales, líderes obreros y campesinos, y hasta estudiantes, que llegaban de distintos países de América Latina hasta las montañas de Las Segovias, algunos pelearon como soldados de línea, otros sirvieron en el Estado Mayor, como secretarios de Sandino, otros actuaron como voceros de la gesta sandinista ante la prensa mundial.

Entre los que permanecieron junto a Sandino en las montañas neosegovianas están los siguientes:

Entre las filas del EDSN sobresalieron como cantores o cantadores: Pedro Cabrera "Cabrerita" y Tranquilino Jarquín, quienes con sus instrumentos musicales y su ingenio interpretaban canciones populares o parodias con temas alusivos al arrojo y valentía de los soldados del EDSN.

Entre las canciones más recordadas están:

Patria y Libertad

A la gloria llevemos de frente,
la bandera de blanco y zafir,
que se ponga de pie el continente
para vernos vencer o morir.

La montaña nos dio su regazo,
cobijó nuestra fe con amor,
cualquier árbol dábanos su brazo,
si colgamos en él al traidor.

A la gloria marchemos de frente,
nuestro paso alfombró el invasor,
que se ponga de pie el continente
para ver redimir el honor.

Nada puede la extraña bandera,
sus cadenas Sandino rompió,
nada puede la guerra extranjera,
ante el cóndor, el águila huyó.

Todo el oro que tiene el pirata
nunca pudo infundirle valor,
y la misma manigua lo mata
y lo mata el insecto y la flor.

A la gloria marchemos de frente,
bandoleros, clarín y tambores,
que se ponga de pie el continente
para vernos morir con honor.

¡Patria y Libertad!

Somos Los Libertadores

I
Somos Los Libertadores,
que con sangre y no con flores
venimos a conquistar,
la segunda independencia,
que traidores sin conciencia
han querido profanar.

En la selva, en la montaña
por la fuerza o por la maña,
nos daremos libertad.
Y al yanqui lo sacaremos
o sino lo colgaremos,
de un alto guayacán.

II
En el cerro El Malacate,
ya les dimos su penqueada,
a los perros de Moncada,
y a los yanquis de por ahí.

Y si vuelven a dentrar,
donde están los Segovianos
nos saldremos a los llanos,
a volverlos a penquear.

III
Tenemos armas potentes,
para seguir el destino
que Augusto C. Sandino
no enseño a defender.

Debemos de proceder,
como soldados valientes.
Preferir mejor la muerte,
y no dejarnos vencer.




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