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El imperio del sol



El imperio del sol (Empire of the Sun) es una película estadounidense de 1987 de corte bélico producida y dirigida por Steven Spielberg y basada en la novela homónima de J. G. Ballard de 1984. Está protagonizada por Christian Bale, John Malkovich, Miranda Richardson y Nigel Havers. La película narra la historia de Jamie “Jim” Graham, un niño británico que durante la Segunda Guerra Mundial pasa de vivir en una familia acomodada en Shanghái (China) a convertirse en prisionero de guerra en un campo de prisioneros japonés.

Harold Becker y David Lean iban a dirigir originariamente la película antes de que Spielberg se enrolara en el proyecto, inicialmente como productor de Lean.[1]​ A Spielberg le atraía dirigir la película por su conexión personal con las películas de Lean y los temas referentes a la II Guerra Mundial. Considera esta película como su trabajo más profundo sobre la “pérdida de la inocencia”.[2]​ La película recibió la aclamación de la crítica pero al principio no tuvo éxito en la taquilla recaudando sólo $22,238,696 en USA, pero se recuperó con la recaudación en otros países.[3]

__Atención, argumento muy preciso; peligro de Spoiler. __
Japón había declarado la guerra a China (Segunda guerra sino-japonesa) en 1937, antes de hacerlo también a Estados Unidos y el Reino Unido. En medio de esta situación bélica vive Jamie Graham, un niño británico de clase acomodada fascinado por los aviones y los pilotos japoneses. Jamie vive con sus padres una vida privilegiada ajeno a los desastres que suceden a pocos metros de su mansión situada en el asentamiento internacional de Shanghái. Se nos presenta como un niño rico y consentido.

Un día acude con sus padres a una fiesta de disfraces para occidentales ricos. En el camino, el chófer chino de la familia se ve obligado a internarse en un suburbio de Shanghái, en donde Jamie, que vive en una especie de mundo británico aparte, observa la cruda realidad por primera vez en la película: marineros estadounidenses escogiendo prostitutas chinas, una agradable monja que le saluda, vendedores ambulantes... Además ve a un muchacho chino que le asusta gritándole "¡no papá, no mamá, no whisky soda!" (ignoramos el porqué de esta frase), justo antes de ser apaleado por un policía británico de los que guardan los coches. Más adelante los coches entran en una masa de civiles chinos desesperados, que gritan y suplican entrar a la Concesión Internacional para salvarse de los soldados japoneses, ante el horror de los occidentales. Al fin llegan a la fiesta y, vagabundeando con su avión de juguete, Jamie encuentra un avión japonés derribado y cerca de él, un campo lleno de soldados japoneses atrincherados. Jamie queda totalmente sorprendido, igual que los soldados japoneses al verle, no siendo consciente del peligro inminente. Su padre y otro hombre británico le encuentran y le insisten en que salga de esa zona, aunque sin correr. Es el primer contacto real con lo que se está gestando.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941, los japoneses empiezan la ocupación del asentamiento internacional de Shanghái y en el consiguiente caos para escapar de la ciudad y tomar el ferry de salida, Jamie pierde a sus padres entre las multitudes de gente asustada, durante el cual se desata un tiroteo entre los miembros de la Resistencia China (apostados en los tejados) y las fuerzas del Ejército Imperial Japonés, del cual Jamie logra escapar de milagro. Jamie, solo, vuelve a casa y allí está una temporada esperando que regresen sus padres y comiéndose las reservas de comida que quedan. Cansado de la soledad y de la falta de recursos, decide salir a rendirse al Ejército Imperial Japonés que ocupa Shanghái.

Se podría decir que el mundo de Jamie cambia radicalmente a partir de la primera bomba. La comodidad de un hogar rico, los bizcochos, los agradables criados chinos, la opulencia... todo se viene abajo de repente. De hecho, podemos observar una magnífica escena en la que los ricos occidentales, que huyen despavoridos del hotel en el que estaban instalados, casi son aplastados por una enorme cantidad de maletas que alguien demasiado rico no quiso dejar atrás... En un cierto sentido parece como si a partir de ese momento, las riquezas no servirían de nada, sino la inteligencia.

La sombra de David Lean planea sobre esa parte, en la que la contención y el manejo de masas —es una de las películas en las que se empleó el mayor número de extras— pueblan la mayor parte del relato. A partir de aquí la película tiene un toque más Spielberg.

Hambriento, Jamie vaga por las calles intentando desesperadamente rendirse a los soldados japoneses, que le hacen caso omiso y se burlan de él. Le persigue un chico callejero (el que antes le gritó cuando iba a la fiesta) que al final le atrapa y que roba los zapatos y, por último, está a punto de ser atropellado por una camioneta conducida por Frank. Este le lleva junto a Basie (John Malkovich), un estafador estadounidense de oscuro pasado y dudosas intenciones que vive junto con Frank en un barco abandonado en un río. Los nuevos “amigos” de Jamie le ponen el mote de Jim e intentan venderle por sus dientes (muy bien cuidados) y al no conseguirlo quieren dejarle abandonado, pero él les convence de encontrar casas ricas vacías en el barrio donde vivía con sus padres y les guía hacía allí. Al llegar a la casa de Jamie, encuentran las luces encendidas, se ve una tenue figura a través de la ventana y se escucha tocar al piano una de las piezas favoritas de la madre de Jamie. El niño se precipita al interior de la casa creyendo que es su madre, pero lo que encuentra es un grupo de soldados japoneses que se estaban relajando en el interior de la casa y que salen afuera, donde golpean y atrapan a Basie y Frank cuando trataban de huir en su destartalada furgoneta.

Todos son conducidos al Lunghua Civilian Assembly Center, en la misma Shanghái. Allí, la vida pende de un hilo, y Basie enseña a Jim cómo sobrevivir por todos los medios posibles mientras éste le cuida. Un tiempo más tarde llega una furgoneta con el objeto de llevarse internos al campo de prisioneros de Suzhou Creek (también en Shanghái, aunque algo más lejos), que está junto a un aeródromo militar japonés. Basie es elegido para ir al campo, pero Jim no, aunque al final consigue ir porque conoce el camino y puede guiar al conductor. Al llegar al campo, Jim es atraído por el rumor de hombres trabajando y se encuentra vagando entre los soldados del escuadrón de cazas Mitsubishi A6M Zero. Encuentra un reluciente avión e hipnotizado lo toca como en trance, cuando aparecen tres pilotos de combate, a los que Jim saluda y éstos le devuelven el saludo. Sólo un detalle del guion nos mantiene al niño conectado con su realidad pasada: el chocolate.

En la parte descrita en el anterior párrafo, observamos detalles importantes: en Lunghua, se ve a un joven matrimonio de ricos británicos (que acabarán acogiendo a Jim en su barracón en Suzhou Creek); el esposo trae la comida, un pedazo de carne hervida, y ella le espeta "¡te has olvidado de los cubiertos!", pues aún no había asumido, al contrario que su marido, la nueva realidad: sus privilegios habían terminado absolutamente; asimismo, cuando llegan a Suzhou, tanto ella como otros ricos protestan porque los nipones les obligan a trabajar, siendo golpeados, en tanto que Basie y Jim, supervivientes inteligentes, se ponen a trabajar sin rechistar.

Pasan los años. Estamos al inicio de 1945, y sólo faltan unos meses para que la guerra en el Pacífico termine. Jim se ha establecido en el campo realizando un trabajo extensivo de intercambio de cosas que incluso alcanza al oficial al mando, el sargento Nagata. El Dr. Rawlings, médico del campo, se convierte en una figura paternal y un profesor para él. La vida en el campo es una mezcla de terror, enfermedades y duras condiciones de vida. Una noche, un Boeing B-17 Flying Fortress es derribado y se estrella junto al campo, y Nagata, en represalia, ordena la destrucción de las ventanas de los barracones de los presos. Cuando unos japoneses, acompañados de Nagata, van a romper los cristales de la enfermería, el Dr. Rawlings intenta impedirlo, pero Nagata comienza a apalearle. Jim hace aparición en escena, y muestra su gran inteligencia: llama a Nagata, y le hace ver cómo le obedece rompiendo él mismo una ventana de la enfermería. Luego se arrodilla y le pide clemencia en fluido japonés. Esto logra terminar, al menos en parte, con la represalia. Otro día a través de la alambrada Jim observa a un joven japonés, que juega con un avión de juguete y desea ser un famoso piloto. También empieza a descubrir el sexo, sintiendo atracción por la mujer que le ha acogido en su barracón, aunque la joven en realidad está enferma y es despótica con el niño.

Sigue siendo amigo de Basie, que ahora está bastante cómodamente instalado en los barracones de los prisioneros estadounidenses, y le visita frecuentemente. Jim idolatra a los estadounidenses, no solo por ser pilotos, sino también por la aureola de ser estadounidenses. Un día, Basie le encarga poner trampas para cazar pájaros fuera de la alambrada, prometiéndole un sitio en el pabellón estadounidense si lo consigue. En el fondo, Basie quiere saber si hay minas en la zona, pero no se lo dice al niño. Jim consigue poner las trampas con ayuda de su amigo japonés y es bienvenido en el pabellón estadounidense. Mientras, Basie planea la fuga.

Durante una inspección sorpresa en el barracón estadounidense, Nagata descubre una pastilla de jabón suya que Jim le había robado para dársela a Basie. Este último recibe una severa paliza y, mientras está en la enfermería, los demás hombres del barracón le roban todas sus posesiones. Jim vuelve al barracón de los británicos.

Un amanecer, Jim es testigo de un ritual kamikaze realizado por tres pilotos japoneses en la base aérea de al lado. Impulsado por la emoción de la ceremonia, empieza a cantar la canción galesa "Suo Gân". Cuando los japoneses comienzan a despegar, sobreviene un ataque a la base por un grupo de cazabombarderos North American P-51 Mustang. Abrumado por todo lo que está pasando, Jim sube a las ruinas de una pagoda cercana para ver mejor el ataque aéreo. El doctor va a buscarlo e intenta que baje para que no resulte herido, pero Jim no quiere bajar. Al final, muy nervioso, estalla en llanto y confiesa al doctor que no recuerda ya cómo era su madre. Como resultado del ataque, los japoneses deciden evacuar el campo y durante la confusión subsiguiente, Basie escapa, dejándose a Jim allí pese a que le prometió que le llevaría con él. La marcha de los prisioneros campo a través provoca muchas muertes por fatiga, hambre y enfermedades. La Sra. Victor muere y Jim cree que la luz que ve en el cielo es su alma ascendiendo, pero después sabrá que fue la luz provocada por la detonación y la radiación de la bomba atómica de Hiroshima (a muchos kilómetros de allí), y que la guerra está a punto de terminar.

Al final, llegan a un estadio de fútbol cerca de Nantao, que ofrece un espectáculo surrealista de todo tipo de cosas confiscadas por los japoneses. Jim se escabulle de allí y vuelve a Soochow Creek. Allí, casi muerto de inanición, se reencuentra con su amigo japonés, que no puede desempeñar sus obligaciones como kamikaze porque su avión no funciona. El joven ofrece un mango a Jim y cuando va a cortarlo con su katana, reaparece Basie con un grupo de estadounidenses, saqueando los contenedores de víveres que envía la Cruz Roja. Uno de los estadounidenses, creyendo que Jim está en peligro, dispara y mata al joven japonés. Jim, furioso, golpea al asesino. Basie le aparta y le promete llevarle de vuelta a Shanghái con sus padres, pero Jim le rechaza y se queda allí. “Me enseñaste a que la gente es capaz de todo por una patata”, le dice Jim a Basie y esa frase es un punto de inflexión, pues para el niño ha desaparecido toda la aureola que rodeaba al personaje de Malkovich y le descubre como lo que es. Al final, Jim es encontrado por las tropas estadounidenses, ante las que se rinde y lo llevan a un orfanato en Shanghái.

En la escena final, los padres de Jim no le reconocen inicialmente, pues está muy cambiado y endurecido por lo vivido. Después, su madre le reconoce y se abrazan. Aquí hay una preciosa enseñanza donde en el reencuentro, el niño observa con extrañeza el carmín de los labios, el pelo limpio de su madre y el perfecto traje, nada que ver con su recuerdo idealizado, pero a la vez ajeno a sus prioridades después de las penurias vividas. Jim cierra los ojos. Su maleta (con la que vivió todas sus experiencias en la guerra) aparece flotando en el río. Es el símbolo de la niñez y la inocencia perdidas que nunca volverán.

Notables actores desempeñaron pequeños papeles en el film, entre ellos: Leslie Phillips, Burt Kwouk, Robert Stephens, Emily Richard, Paul McGann, y Ben Stiller, con Masatō Ibu y Guts Ishimatsu como soldados japoneses. El autor de la novela, Ballard, hizo un cameo en la escena de la fiesta de disfraces.[4]​ Stiller concibió la idea de Tropic Thunder actuando para El imperio del sol.[6]

Warner Bros. adquirió los derechos del libro con la intención de que la película fuera dirigida por Harold Becker y producida por Robert Shapiro.[7]Tom Stoppard escribió el primer borrador del guion con una breve colaboración de Ballard.[8]​ Becker abandonó el proyecto y se interesó David Lean como director con Spielberg como productor. Lean explicó "Trabajé en la película por un año y al final dejé el proyecto porque me parecía demasiado parecido a un diario. Estaba muy bien escrito y era interesante, pero se lo cedí a Steven".[7]​ Spielberg, por su parte, señala que "desde que leí la novela de J. G. Ballard, secretamente yo quería dirigir su adaptación".[7]​ Spielberg consideró el proyecto como algo muy personal. De niño su película favorita era El puente sobre el río Kwai, de David Lean, que también se desarrolla en un campo de prisioneros japonés. La fascinación de Spielberg por la II Guerra Mundial y la aviación de esa época fue estimulada por las historias de su padre sobre sus experiencias como radio operador a bordo de los bombarderos B-25 Mitchell en las batallas de China, India y Birmania en la II Guerra Mundial.[7]​ Spielberg contrató a Menno Meyjes para que hiciera una versión privada del guion antes de encargar a Stoppard la definitiva [8]​ también declaró que “ésta es su película más humana”.[9]

La película se rodó en los Elstree Studios de Inglaterra y las localizaciones se llevaron a cabo en Shanghái y España. Spielberg escogió la localidad gaditana de Trebujena para reproducir el campo de internamiento japonés del río Wusong. Allí, en la finca 'Alventus', en las Marismas del Guadalquivir, el director norteamericano levantó una estación de tren, un aeropuerto, un estadio olímpico y un campo de concentración japonés, con su hospital.[10]

Los productores intentaron buscar en Asia localizaciones que se parecieran al Shanghái de 1941. Entraron en negociaciones con Shanghái Film Studios y China Film Group Corporation en 1985.[11]​ Tras años de negociación consiguieron permiso para rodar tres semanas en marzo de 1987. Fue así el primer film americano rodado en Shanghái desde los años 40.[8]​ Las autoridades chinas permitieron al equipo cambiar señales por las de los signos tradicionales chinos y cerrar edificios para poder filmar.[11]​ Se emplearon más de 5000 extras locales (algunos por su edad aún podían recordar) para representar la ocupación japonesa de Shanghái producida 40 años antes.

Otras localizaciones incluidas fueron Knutsford en Cheshire y Sunningdale en Berkshire. Lean visitó a menudo el set de rodaje mientras estuvo en Inglaterra.[8]

Spielberg trató de hacer un retrato exacto de ese momento histórico, usando los vehículos y aviación de la época. Cuatro aviones North American T-6 Texan fueron ligeramente modificados en Francia para parecer aviones Mitsubishi A6M Zero.[12]​ En la película son pilotados tres P-51D Mustangs restaurados, dos pertenecientes a 'The Fighter Collection', de Inglaterra y uno de 'Old Flying Machine Company'.[12]​ Los P-51D fueron pilotados por Ray Hanna (que voló bajo pasando sobre el protagonista infantil ondeando la tela del toldo), su hijo Mark y “Hoof” Proudfoot y llevó más de 10 días grabar estas escenas aéreas dada su complejidad, que incluía el lanzamiento por parte de los p-51s de réplicas en yeso de bombas de 500lb para simular explosiones. También se usaron maquetas de aviones por control remoto, incluyendo un B-29, pero Spielberg no acababa de estar conforme con los resultados, así que extendió la filmación durante más días en Trebujena.[13]

Industrial Light & Magic diseñó los efectos visuales usando algunas imágenes generadas por ordenador, que también se usan para el deslumbramiento ocasionado por la bomba atómica de Nagasaki. Norman Reynolds realizó las funciones de dirección de producción mientras que Vic Armstrong fue el coordinador de extras.[13]

La banda sonora original de El imperio del sol fue compuesta por John Williams y grabada en septiembre-octubre de 1987. El álbum contiene una selección de música de 54 minutos que no sigue el orden cronológico del film.

En 2014 se publicó una edición limitada, producida y remasterizada por Mike Matesino, en ella se sigue el orden cronológico de la película y se ofrecen también cortes extra y versiones alternativas.

"Suo Gân" (canción tradicional galesa) interpretada por The Ambrosian Junior Choir (director: John McCarthy, solista: James Rainbird).

Todos los temas fueron escritos por John Williams, excepto "Suo Gân" (canción tradicional galesa recopilada por el folklorista Robert Bryan]]), "The British Grenadiers" (tradicional), y "Chopin Mazurka Opus 17 No. 4" (Frédéric Chopin).

El Imperio del sol tuvo un estreno limitado el 11 de diciembre de 1987 y su estreno definitivo fue el 25 de diciembre de 1987. El film recaudó $22.24 millones en Norteamérica[14]​ y $44.46 millones en el resto del mundo, acumulando un total de $66.7 millones. Recaudó más que su presupuesto, pero se le considera un fracaso de taquilla. Al respecto Spielberg comentó: “…El imperio del sol no fue un gran proyecto comercial… Me he ganado el derecho de fracasar comercialmente”.[15]

La película recibió críticas positivas. La página Rotten Tomatoes le da una puntuación del 83% basándose en la revisión de 40 críticas.[16]

En la página Metacritic se le da una puntuación media de 60 sobre 100 basándose en 17 críticas.[17]

J. G. Ballard hizo comentarios positivos y manifestó sentirse especialmente impresionado por la interpretación de Christian Bale.[4]

La reacción de la crítica no fue unánimemente positiva.[7]​ Así, Richard Corliss de Time señala que Spielberg “ha animado cada secuencia con destreza y con una inteligente densidad de imágenes y emociones”.[18]

Janet Maslin, del The New York Times califica el film como espléndido visualmente, de aventuras heroicas y con un alcance tan inmenso que lo hace inolvidable.[19]

Julie Salamon del The Wall Street Journal escribe que el guionista (Tom Stoppard) dota al film de un guion inteligente y osado y que Spielberg ha realizado una extraordinaria película sobre la extraordinaria experiencia en la guerra de Ballard.[20]

J. Hoberman de The Village Voice critica que el objetivo serio de la película se ve debilitado por la muy desvergonzada aproximación infantiloide que hace Spielberg.[7]

Roger Ebert da una respuesta intermedia: “pese al potencial emocional de la historia, no me ha emocionado demasiado. Quizás, como el niño, he decidido que un mundo en el que puedes jugar con aviones no puede ser tan malo”.[21]​ En su programa de televisión At the Movies, con Gene Siskel, Ebert dijo que la película “ es básicamente una buena idea para un film que nunca llega a despegar del suelo”. Siskel añadió “No he entendido de qué trata la película. Es muy confusa y coge cosas de diferentes sitios. De un lado, quiere contar una historia de la guerra desde la perspectiva de un niño pero si quieres ver esa película, tienes la muy reciente Hope and Glory de John Boorman, que es mucho mejor y más atrevida en mostrar la caprichosa visión de la guerra que tienen los niños. De otro lado, la película quiere asegurar resultados y se desliza hacia el terreno de las películas de aventuras con John Malkovich ayudando al niño en el juego de la guerra (pero para eso tenemos la franquicia Indiana Jones. No he entendido qué es lo que Spielberg ha pretendido hacer”.[22]

En España, la revista Fotogramas señala: «En la adaptación que Spielberg ha realizado, las imágenes, de una belleza sobrecogedora, y la historia de una fuerza indiscutible, son permanentemente boicoteadas por una música espantosa que reduce el producto a un film de Walt Disney».[23]​ Para el periódico ABC «Es un espectacular y atractivo melodrama épico, un drama de aventuras trufado de sentimentalismos de curso legal. Spielberg provoca desde sus imágenes las emociones del espectador sin excluir alguna que otra ocasión para las lágrimas. Y lo hace con esa sabiduría formal tan habitual en sus producciones sin excluir tampoco un fondo moral y ético considerable».[24]

En su segundo papel protagonista, Bale recibió una mención especial a la Mejor Actuación por un Actor Juvenil del National Board of Review of Motion Pictures, premio especialmente creado para su actuación en El Imperio del sol.[25]​ Cuando se anunciaron las nominaciones de la 60º edición de los premios Óscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, entre las que El imperio del sol recibió seis: «Mejor dirección de arte», «Mejor montaje», «Mejor banda sonora», «Mejor diseño de vestuario», «Mejor sonido» y «Mejor fotografía». No ganó ninguno.[26]​ Allen Daviau, que fue nominado a la mejor fotografía, declaró que “no entendía a la Academia y no entendía porqué él estaba nominado y no Spielberg. Él tiene una visión de conjunto y si él no hiciera estas películas, ninguno de nosotros estaría aquí”.[27]​ La película ganó los premios a la mejor fotografía, diseño de sonido y banda sonora en la 41 edición de los premios BAFTA. También estuvo nominada a mejor diseño de producción, diseño de vestuario y guion adaptado.[28]​ Spielberg fue nominado por su trabajo por el Directors Guild of America;[29]​ y la American Society of Cinematographers premió a Allen Daviau.[30]

En la 45 edición de los Globos de Oro, fue nominada a Mejor película-drama y Mejor banda sonora original.[31]​ John Williams recibió una nominación para los Grammy.[32]

La repetida alusión a “volar” simboliza tanto el peligro como la posibilidad de Jim de escapar del campo. Su progresivo alejamiento de su vida anterior y de la sociedad se refleja en su adoración por los que él ve como heroicos pilotos japoneses del aeródromo anexo al campo de prisioneros. En palabras de Ballard: "Pienso que es cierto que los japoneses fueron brutales con los chinos, por tanto no tengo ninguna visión especialmente sentimental de ellos. No obstante, los niños tienden a encontrar héroes allí donde pueden. Una cosa de la que no hay duda es que los japoneses eran extraordinariamente valientes y que uno puede tener muy complicadas perspectivas respecto el patriotismo y la lealtad hacia la propia patria. Jim está constantemente identificándose con cosas muy diferentes: primero con los japoneses; después, cuando los norteamericanos con sus aviones Mustangs y B-29s, empiezan sus ataques al campo, se identifica con ellos".[7]

El escenario apocalíptico de la guerra y el momento de clímax que acontece cuando Jim ve en la distancia la luz blanca de las bombas atómicas permite a Spielberg emplear poderosas metáforas visuales "para hacer un paralelismo entre la muerte de la inocencia infantil del niño y la muerte de la inocencia de la humanidad entera".[33]

Spielberg explica que "se sintió atraído por la idea de que esto era el final de la inocencia, no una mera atenuación de la infancia, que según mi propia impresión y la que comentan los demás, es lo que ha sido mi vida. Es lo opuesto a Peter Pan. Aquí lo que tenemos es un niño que ha crecido demasiado deprisa.[2]​ Otros tópicos que Spielberg trató anteriormente y que vuelven a aparecer en esta película son los del niño separado de sus padres (The Sugarland Express, E.T., el extraterrestre, Close Encounters of the Third Kind y Poltergeist). El historiador de cine Kowalski los llama las películas de “padre desplazado” y junto a ellas tenemos las películas sobre la II Guerra Mundial (1941 y Raiders of the Lost Ark).[15]​ Spielberg explica que sus padres se divorciaron cuando él tenía 14 o 15 años y que los efectos de la separación son muy profundos.[2]

El dramático ataque al campo japonés por parte de los bombarderos P-51 Mustangs y acompañado por los gritos de alegría de Jim: "¡El Cadillac de los cielos!", frase que se usaba de forma parecida en el libro de Ballard ("Cadillac del combate aéreo")[34]​ ha pasado a la mitología urbana atribuida a los años de guerra. Steven Bull, en la "Enciclopedia de Tecnología Militar e Innovación" (2004), señala que los eslóganes surgen en 1941.[35]​ John Williams incluye el tema "Cadillac of the skies" como una entrada separada en la banda sonora. Y la frase ha sido objeto de apropiación por otros ingenios aeronáuticos como los General Dynamics F-111 Aadvark, de Australia.[36]



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