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Encuadernado



La palabra encuadernación proviene del latín quaternos con el prefijo quaterni ‘cuatro’. Cuadernillo es cada pliego que se dobla en forma de cruz o en cuatro, para ser incluido en un libro. Por lo tanto, la encuadernación es la unión de cuadernillos por uno de sus costados y unas tapas a modo de cubiertas.

Los tipos de encuadernación tienen por objeto procurar tres factores: conservación, fácil manejo y presentación artística y comercial. Antes del siglo XIX la encuadernación se hacía artesanalmente y era relativamente costosa, aunque muchos propietarios mandaban hacer a mano encuadernaciones refinadas o utilitarias. Con la industrialización los procesos se abarataron mucho y se desarrollaron nuevas técnicas para vender libros y publicaciones a un coste más bajo, con lo que se desarrollaron técnicas para encuadernar más sencillas, más rápidas y menos costosas. La idea era llegar a un mayor número de consumidores abaratando el producto.

En la comercialización de libros se distingue entre las encuadernaciones "en tapa" y "en rústica". La encuadernación en tapa también se llama encuadernación cartoné, mientras que a la encuadernación rústica también se le llama de tapa blanda. Ambos sistemas pueden consistir en distintos métodos en función de los materiales y la técnica empleada, pues se pueden utilizar encolados, cosidos o grapados o una combinación de estos sistemas.[1]​ La encuadernación en rústica, en inglés conocida como paperback o softcover, es un tipo de encuadernación en la que el libro, cosido o pegado con cola, está forrado simplemente con una cubierta de papel o de cartón, generalmente fuerte pero a menudo flexible, y encolada al lomo. Si los pliegos forman cuadernillos y luego se cosen, se denomina encuadernación rústica cosida. Si no hay cuadernillos sino que las hojas van sueltas y se unen a las cubiertas directamente encoladas por su canto, se denomina rústica fresada.

El coste es menor en rústica fresada que en cosida. Si en vez de pegarse, tanto las hojas interiores como las tapas van simplemente grapadas, el coste es menor todavía. La encuadernación grapada es de varios tipos: la más sencilla consiste en una única grapa que fija las hojas del cuaderno y las tapas. Por esta misma razón, el papel en este tipo de libros suele ser de baja calidad, de pulpa de madera (pulp).

En los últimos años del siglo XIX comenzaron a aparecer editoriales que empleaban la técnica de la encuadernación en rústica y la publicación editorial masiva para comercializar ejemplares literarios de forma barata y, por tanto, accesible a personas con menor capacidad económica. La encuadernación en rústica existe desde mediados del siglo XIX, pero se popularizó alrededor de 1930. Generalmente, los libros encuadernados de este modo son los de ediciones baratas, ya que una encuadernación así es mucho más económica que una encuadernación cartoné de cubiertas rígidas.

Las primeras publicaciones pulp (de pulpa de papel eran baratas y de consumo popular y se especializaban en narraciones e historietas de diferentes géneros de la literatura de ficción. El consumo de estos productos aumentó debido a la disminución de la tasa de analfabetismo.[2]​ Este tipo de publicaciones eran además más propicias para el intercambio y el préstamo (por una pequeña cantidad de calderilla) en kioscos, por su escaso valor económico, su abundancia y su escasa durabilidad física. Las ediciones de bolsillo usan casi sistemáticamente la encuadernación en rústica. Las historietas cómicas o pasquines (comic books) son también un buen ejemplo de este tipo de encuadernación.

No empiezan a utilizarse hasta la época romana con la invención de los códices, pero ya en los volúmenes egipcios y grecorromanos se adoptó cierta encuadernación de forma rudimentaria que consistía en un envoltorio de piel sobre el rollo de papiro o de pergamino y que iba ligado al mismo con tiras o correas. Para guardar los volúmenes con su envoltorio o sin él, se colocaban verticalmente en cajas cilíndricas de madera o metal conocidas con el nombre de scrinium, las cuales podían contener cierto número de volúmenes juntos. A veces, para libros o volúmenes preciosos, se hacían estuches y cajas de metal precioso y se adornaban con pedrería, en cuyo arte destacó la España visigoda.

Rudimentos de encuadernación pueden descubrirse también en los pugilares que usaban los romanos, cuadernillos que se unían con anillas y cordones y más aún cuando tenían la forma de múltiples dípticos a modo de tapas con charnela. Pero la verdadera encuadernación no pudo tener lugar hasta que se inventaron los códices de pergamino. Al principio, debió ser muy sencilla y poco artística formando las cubiertas del códice otra piel más gruesa sobre tablitas de madera. Pero ya desde el siglo xv empieza el lujo en la encuadernación, con labores de orfebrería y escultura en las tapas, dando ejemplo y sirviendo de modelo desde el tiempo de Constantino la fastuosa Bizancio.

Tres clases de encuadernaciones se distinguen a partir de dicha época[3]​ y por toda la Edad Media:

Las encuadernaciones de los libros sagrados, que empezaron a hacerse lujosas desde la Paz Constantiniana, no tanto servían para la guarda y conservación de los mismos cuanto de precioso ornato. Sirvieron a este propósito láminas de marfil con relieves y planchas de oro y plata con engastes de piedras preciosas y con finas labores de repujado y filigrana. En dichas encuadernaciones pueden distinguirse cinco épocas:

Actualmente se incluyen como artes gráficas todos los procesos técnicos relacionados con la industria del libro, que antes eran tradicionalmente procesos artesanales y además la impresión digital, la digitalización y el diseño gráfico.

El gran cambio en el tipo de encuadernación es concomitante al gran cambio producido por la industrialización en la forma de crear ediciones y además ediciones de calidad a un precio más asequible. Para ello se desarrollaron nuevas técnicas de impresión y nuevas formas de aprovechar los recursos existentes.

En la Edad Moderna desaparecen casi por completo las encuadernaciones de gran lujo o con metales preciosos y solo por excepción se usan alguna vez para obsequios personales. En cambio, se hacen más artísticas las de lujo mediano e incluso las ordinarias dando Italia la norma del gusto y estilo en las mismas. Se sustituye la madera por el cartón para aliviar el peso del libro y evitar su destrucción por la carcoma, aunque todavía en el siglo xvi se encuaderna a menudo con tablas y se da más importancia que antes al lomo del libro, decorándolo e imprimiéndole rótulos ya que ha de quedar visible en la estantería. El cartón o la tabla se recubren con pergamino o pieles finas (badana, chagrín, marroquín, piel de Rusia, decoradas con gofrados y dorados de estilo plateresco y semiarabesco en los libros de lujo mientras que otros se encuadernan sencillamente con cubierta de pergamino liso. Desde el siglo xvii se admite la media encuadernación de piel sobre el lomo y en las puntas y de papel en lo restante. Llegado el siglo xix sin abandonar dichas formas, va extendiéndose la encuadernación inglesa de simple tela de percalina sobre el cartón, aunque adornada con impresiones de oro y colores.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la producción industrial del papel y las nuevas técnicas de encuadernación permitieron abaratar la fabricación de los libros.

La invención de la prensa rotativa y diversos métodos de impresión, como flexografía, litografía ófset, ófset o rotograbado, fueron consecuencia de una mayor necesidad de comunicaciones y transmisión del conocimiento.

Entre 1875 y 1903, el desarrollo de la imprenta ófset, impresión indirecta debida a las propiedades elásticas de rodillos de caucho, dio un método de reproducción con una calidad similar a la litografía, pero con un coste mucho menor.

Las cubiertas se convirtieron en algo más que una mera protección de las páginas, adquiriendo la función de promocionar la información. La litografía multicolor, y más tarde los procesos de ilustración de semitono posibilitaron la impresión de motivos en las cubiertas.

Las técnicas de los artistas de pósteres de la época dieron el salto a la industria del libro, convirtiéndose el diseño gráfico en una práctica profesional. El atractivo visual de las cubiertas aumentó considerablemente mostrando características relativas a su contenido: "serias" para obras científicas, grabados y escenas de ambiente para literatura y revistas… Tras la Segunda Guerra Mundial las cubiertas adquirieron aún más importancia para la promoción de los contenidos; por ejemplo, informando a modo de titulares.

En los últimos años del siglo XIX comienzan a aparecer editoriales que emplearon la técnica de la encuadernación en rústica y la publicación editorial masiva para comercializar ejemplares literarios de forma barata, y por tanto accesibles a personas con menor capacidad económica. El consumo de estos productos aumentó debido a la disminución de la tasa de analfabetismo, en respuesta al creciente desarrollo económico que exigía trabajadores con mayor formación.[2]​ Este tipo de publicaciones eran además más propicias para el intercambio y el préstamo (por una pequeña cantidad de calderilla) en kioscos, ya que su escaso valor económico, su abundancia y su escasa durabilidad física no motivaban el coleccionismo.

Las primeras publicaciones de revistas pulp (de pulpa de papel), baratas y de consumo popular, se especializaban en narraciones e historietas de diferentes géneros de la literatura de ficción.

La fabricación del papel así mismo varió sus métodos con razón de abaratar en los costes de venta, adoptando nuevas técnicas de fabricación y evitando generar material desechado.

Se sustituyó el tipo de papel de trapos, de mayor duración y longevidad pero escaso y difícil de conseguir y por tanto más caro, por otros tipos de papel industrial extraídos de fibras vegetales, celulosa, pulpa de madera, papel reciclado y sobrantes de otros procesos industriales.

Un ahorro en los costes de producción del papel industrial se produjo además, ajustando los tamaños de fabricación a formatos específicos para evitar sobrecostes ciñéndose a medidas propuestas estándar, establecidas mundialmente. Los formatos de papel estándar en la mayor parte del mundo se basan en los formatos definidos en el año 1922 en la norma DIN 476.

Existen otros formatos de papel normalizados, aunque algunos están en desuso, y otros son menos empleados ya que su uso encarece el coste por su menor disponibilidad:

Estos tamaños también están en relación con el tamaño de los sobres que los contienen, generando un gran número de formatos para sobres, muchos de los cuales también están cayendo en desuso. La mitad de un sobre para Carta inglés se conoce como Esquela, o sea, de 140 x 220 mm. Y el Doble carta mide 220 x 560 mm.

Aunque usualmente el tamaño del papel viene dado por el tamaño del producto final que se quiere obtener y el tamaño de las máquinas impresoras, los fabricantes de papel crean otras normas. Los tamaños más habituales para Europa son expresados en centímetros. Algunos países de América como Canadá, Chile, Estados Unidos, México, Colombia, Venezuela, etc., no han llegado a adoptar las normas internacionales sobre las medidas del papel, manteniéndose los formatos basados en el sistema de medidas Imperial (Británico), y en otros se usan ambos formatos en simultáneo, como en España, Perú, Argentina o Brasil.

Un libro con textos no es lo mismo que un almanaque de imágenes y no se encuadernan con la misma sistemática. Si tradicionalmente las publicaciones ilustradas han sido desplazadas en los catálogos generales de publicaciones ha sido por su carácter de producto para el consumo inmediato, perecedero y efímero; y por la escasa valoración cultural que han tenido en general, la calificación técnica que les correspondía por ejemplo a los cuadernillos de aventuras por ejemplo, era folleto.

Hoy en día hay diversos tipos de publicaciones según el formato y otras características requeridas, como función, durabilidad, solidez o coste: cuadernos, libretas, cuadernos de notas, blocks, talonarios, álbumes ilustrados, etc.

A diferencia de los diarios o periódicos, orientados principalmente a ofrecer noticias de actualidad más o menos inmediatas, las revistas y almanaques ofrecen una revisión más exhaustiva de la información, sea de interés general o sobre un tema más especializado. Típicamente están impresas en papel de mayor calidad, con una encuadernación más cuidada, y una mayor superficie destinada a la gráfica que los diarios, pero a su vez las características de las revistas generalmente son distintas a las de los libros y manuales, diseñados para tener una mayor duración física.

Algo tan corriente como un recibo puede ser de muchas maneras diferentes como por ejemplo: Puede necesitar ser cosido, grapado y pegado todo a la vez y además perforado en varias partes para que las hojas se separen por lugares predeterminados. Constan de dato (de o para) una persona o empresa, y el detalle de facturas o servicios que se especifican con el recibo emitido, quien lo opera, quien lo revisa, quien lo recibe conforme a lo descrito, fecha de recibido, descripción de las facturas (números que se pagan), los precios totales, los descuentos y los impuestos. A veces consta de varias páginas (duplicado, triplicado, etc.) en distintos colores que tienen copias al carbón y puede ofrecer varias copias, se refiere a «copia voucher», según el uso de los interesados. Generalmente es utilizado para dejar constancia por parte de una empresa de que fue lo que se pagó o realizó con la emisión del mencionado recibo que consta en la «copia voucher».

La base de datos de encuadernación histórica de la Real Biblioteca ofrece muestras importantes para este periodo. Sus descripciones están realizadas en un alto nivel de detalle y siempre van acompañadas de la reproducción digital.

Este tipo de encuadernación también es conocida como de tapa blanda, es un tipo de encuadernación en la que el libro va encolado o cosido a hilo con su correspondiente portada forrada con la cubierta en papel, aunque normalmente suele ser la portada en cartulina.

Este tipo de encuadernación es conocido popularmente en el gremio como tapa dura, es un tipo de encuadernado en el que la tripa del libro va cosido a hilo o encolado y está a su vez forrada con un papel de cubierta llamada portada que es lo que recubre al libro. Lo importante de este tipo de encuadernación es que la portada y contraportada antes se tiene que forrar al cromo.

En este tipo de encuadernado existe una variedad muy grande ya que engloba cualquier tipo de plegado que se le puede realizar a un folleto, como puede ser dípticos, trípticos, cuadrípticos, etc. Así como las formas de hacerlo: acordeón, zig-zag, centro-centro, en cruz, envolvente…



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