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Escuela de Barcelona (cine)



La denominada Escuela de Barcelona, que se podría fechar en la década de los 60, fue un movimiento cinematográfico catalán que nació con el mismo espíritu de rebelión que tuvieron en su momento el free cinema inglés, la Nouvelle Vague francesa, o el Dogma 95, movimientos que intentaron remover la industria imperante.

La principal influencia de la escuela de Barcelona fue la Nouvelle Vague, influencia cercana forzada en parte por la represión franquista, con idas y venidas a Perpignan por parte de los intelectuales catalanes ávidos de cine europeo o erótico librepensantes. Aunque la Escuela de Barcelona tuvo más bien un referente directo a no imitar y al que contraponerse: su coetáneo cine español, el cine mesetario. Un cine "centralista" que se hacía desde Madrid, "casposo y anodino", como lo definían los del entorno de la Escuela, aunque en ese momento hubiera cineastas relevantes como Bardem, Berlanga, o lo que se denominó más tarde Nuevo Cine Español con Carlos Saura a la cabeza.

La escuela de Barcelona se posicionó como revulsivo contra el tipo de cine que imperaba en una industria de cine folclórico políticamente correcto.

Definido como la gauche divine (proclamando su influencia francesa, y a su vez haciendo referencia a las reuniones en el mítico Bocaccio de Barcelona), la Escuela de Barcelona fue un término que usó repetidamente Ricardo Muñoz Suay desde la revista Fotogramas para aglutinar a todos los realizadores inquietos que se movían por la burguesía de la capital catalana.

El grupo que aglutinaba este término, lo formaron de manera más o menos consciente Vicente Aranda, Jacinto Esteva, Joaquím Jordà, Carlos Durán, José María Nunes, Ricardo Bofill, Jorge Grau, Pere Portabella, Jaime Camino, Lorenzo Soler y Gonzalo Suárez, Román Gubern y Juan Amorós. De todos ellos, Portabella y Esteva fueron sus principales productores con las productoras propias Films-Contacte o Films 59.

Para dar cuenta del posicionamiento de la escuela, estas fueron las leyes que establecieron contra el cine «mesetario» imperante:

Como propugnaba su dogma, la mayoría de los actores no fueron profesionales.

Serena Vergano era la mujer de Ricardo Bofill, y Enrique Irazoqui - el Cristo del Evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini - su primo. Algunas modelos publicitarias sirvieron también de actrices: Romy, compañera de Jacinto Esteva; Irma Walling, la Brigitte Bardot española; y Teresa Gimpera, en su máximo esplendor en Fata Morgana, la única actriz de la Escuela con cierta continuidad en el cine. Y no faltaron cameos de Gonzalo Suárez o Joaquim Jordà. Pasaron también ante las cámaras de la Escuela los sí profesionales Paco Rabal, Luis Ciges, Christopher Lee - en Umbracle de Portabella -, Antonio Ferrandis, Capucine o Núria Espert. Hubo un intento fallido de introducir a Sara Montiel en Tuset Street, en un estrepitoso error de introducir la Escuela en la industria española.

Vicente Aranda y Gonzalo Suárez son hoy en día dos de los realizadores más reputados del cine español, a los que podemos unir a Jaime Camino, que empezó en el ambiente de la Escuela.

Jacinto Esteva, arquitecto y pintor, gastó parte de la fortuna paterna en producir películas vanguardistas y representó un auténtico motor de la Escuela. Su autodestructiva personalidad y su malograda muerte prematura quedan notablemente diseccionadas en el documental "El encargo del cazador" de:

Joaquim Jordà, quien, además de notable guionista, demostró continuadamente su preferencia por el documental —valga como ejemplo el excelente "Mones com la Becky"—, así como ha reiterado también en el género Lorenzo Soler.

José María Nunes, que era una excepción en la Escuela en cuanto que procedía de familia más humilde, se ha mantenido siempre en el espíritu vanguardista propuesto por la Escuela, con una filmografía esperando todavía a ser redescubierta.

Pere Portabella, rodeado siempre de los mejores artistas catalanes, desde el poeta Joan Brossa al pintor Antoni Tàpies, o al músico experimental Carles Santos, ha sostenido siempre un planteamiento experimental más propio de la intelectualidad catalana que de la Escuela de Barcelona. Aunque su cine pecase de pedante, es uno de los realizadores catalanes con más coherencia experimental.

Ricardo Bofill es el arquitecto catalán de más proyección internacional, y realizó algún que otro corto digno de ser recuperado por los más curiosos.

Román Gubern es uno de nuestros mejores críticos de cine, y codirigió con Vicente Aranda "Brillante porvenir", una de las películas precursoras de la Escuela.

Juan Amorós, Jaume Deu Casas, operadores o Juanito Oliver o Ramón Quadreny, montadores, y otros técnicos de la Escuela, han desfilado por el mundo profesional.

Sea como sea, existiera o no un grupo coherente y consciente de realizadores, aunque solo fueran, como se cuenta del Dogma 95, amigos de borracheras, lo cierto es que en la Escuela de Barcelona se gestaron algunas de las más destacadas personalidades del actual cine español. Quizás únicamente se tratara de eso: de una escuela no oficial, independiente y autogestionada, donde se formaron profesionales de primera fila.

Como el mismo José María Nunes explica en el documental "Nunes. Anarquía visual" de Medi Terraza “el año decisivo de la relación de todos fue el 1966, todos coincidimos en hacer nuestra primera película. Lo que después fue “La Escuela de Barcelona”, fue un suceso muy interesante de unos cuantos amigos que nos juntábamos y hacíamos un cine parecido. Que no tiene nada que ver con lo de Paris (Nouvelle vague), lo nuestro era más enloquecedor, las ideas estaban más a encontrarse, no el argumento. Lo de Paris siempre tenía argumentos”

Artículo extraído de la revista Los Olvidados n.º 1. Ricard Carbonell, La Escuela de Barcelona. Madrid. Nov. 2002.

Esteve Riambau y Casimiro Torreiro, La Escuela de Barcelona. El cine de la "gauche divine", Anagrama, Barcelona, 1999.



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