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Eurípides



Eurípides (en griego, Εὐριπίδης) (Flía o Salamina, ca. 484/480 a. C.-Pella, 406 a. C.) fue uno de los tres grandes poetas trágicos griegos de la antigüedad, junto con Esquilo y Sófocles.

Las fuentes más importantes sobre la vida de Eurípides son el Marmor Parium, la Suda, Aulo Gelio[1]​ y las Vidas escritas por el biógrafo griego del s. III a. C. Sátiro.[2][3]​ Su madre se llamaba Clito o Cleito (gr. Κλειτώ) y su padre Mnesarco o Mnesárquides (gr. Μνήσαρχος ο Μνησαρχίδης),[4]​ que era mercader. Eurípides nació en Flía (gr., Φλύα), aldea del Ática central, de donde pronto, por la Segunda Guerra Médica, decisiva para los griegos y el mundo occidental, tuvieron que emigrar a Atenas siendo aún niño él.[5]​ Otras fuentes indican que su lugar de nacimiento fue la isla de Salamina.[6]

Se sabe que fue alumno de Anaxágoras de Clazomene, Protágoras, Arquelao, Pródico y Diógenes de Apolonia. En el año 466 a. C., cumplió dos de servicio militar. Odiaba la política y era amante del estudio, para lo que poseía su propia biblioteca privada, una de las más completas de toda Grecia. Durante un tiempo estuvo interesado por la pintura, coincidiendo con el apogeo del pintor Polignoto en Atenas. Tuvo dos esposas, llamadas Melito y Quérile (o Quérine). Fue amigo de Sócrates, el cual, según la tradición, sólo asistía al teatro cuando se representaban obras de Eurípides. En el 408 a. C., decepcionado por los acontecimientos de su patria, implicada en la interminable Guerra del Peloponeso, Eurípides se retiró a la corte de Arquelao I de Macedonia, en Pela, donde murió dos años después.

Se conoce que escribió 92 obras, conocidas por los títulos o por fragmentos, pero se conservan solo 19 de ellas (18 tragedias y el drama satírico El Cíclope).[7]​ De una de estas, Reso, se discute aún si es apócrifa. El canon establecía también 7 tragedias de Eurípides, pero el gusto de la época nos transmitió un número mayor. Su concepción trágica está muy alejada de la de Esquilo y de la de Sófocles. Las obras de Eurípides tratan de leyendas y acontecimientos de la mitología de un tiempo lejano, muy anterior al siglo V a. C., pero aplicables al tiempo en que escribió, sobre todo a las crueldades de la guerra. Los rasgos diferenciales de su obra son los siguientes:

Eurípides es conocido principalmente por haber reformado la estructura formal de la tragedia ática tradicional, mostrando personajes como mujeres fuertes y esclavos inteligentes, y por satirizar muchos héroes de la mitología griega. Sus obras parecen modernas en comparación con las de sus contemporáneos, centrándose en la vida interna y las motivaciones de sus personajes de una forma antes desconocida para el público griego. Uno de los mecanismos más discutidos es el llamado deus ex machina, que consiste en solucionar de manera antinatural un conflicto, como en Medea (obra en la que al final aparece un dragón que salva a la protagonista en el último momento), o en su Helena (tragedia en la que un eidolon enviado por los dioses sustituye a la verdadera Helena, que ha sido trasladada a otro Egipto, sin que haya adulterio; y algo semejante ocurre en sus Ifigenias.[9]​) El conflicto en Hipólito, que escribió dos veces, y única de sus obras que obtuvo el primer lugar en los agones, revela las pasiones humanas en una dimensión muy actual y minimiza la participación de los dioses en ellas. Hipólito también nos revela la verdadera naturaleza de los textos euripídeos, gracias a que conocemos las modificaciones que hizo a la obra para volver a presentarla y ganar la competencia y nos muestra claramente cuál era la valoración del público y los jueces de la época.

La relación cronológica de sus obras conservadas es:

Relación cronológica de sus obras fragmentarias:

La sociedad ateniense de la época se debatía entre dos opciones: la estabilidad de los valores conservadores, representada por Esquilo y Aristófanes, y el revisionismo racionalista, representado por Eurípides, Sócrates y los sofistas. La larga Guerra del Peloponeso contribuyó a la derrota de la primera opción, al comprobar que las viejas recetas de antaño no servían ya para el futuro.[30]​ Es notoria la animadversión de Aristófanes al racionalismo de Eurípides, al que ataca en sus comedias, especialmente en Las ranas, Las Tesmoforias, y Las asambleístas, con chistes y alusiones de intención malévola, como la presunta baja extracción social de la madre de Eurípides, a la que califica como verdulera, cuando en realidad pertenecía a una familia acomodada, según indican fuentes serias como Filócoro.[31]​Las razones de esta manía persecutoria podrían ser dos:

Vincenzo di Benedetto ha señalado una evolución en el teatro de Eurípides desde la destrucción de los personajes al enfrentarse con la realidad hasta las obras de su último periodo, en que, por el contrario, estos, envueltos en el caótico mar del azar, se dan cuenta de su limitación y fragilidad y buscan por todos los medios encontrar la liberación de sus males.[33]​ No es un poeta de fe religiosa tan firme como la de Esquilo o Sófocles, y así, aunque respeta la religión tradicional (por ejemplo, la profunda fe de la sacerdotisa Teonoe en Helena), al lado de expresiones de piedad conmovedoras como la plegaria a Artemisa de Hipólito:

Aparecen sentencias como la del drama perdido Belerofonte: "Si los dioses cometen alguna injusticia, no son dioses"[35]​ o la tan conocida de su Helena:

Por un pasaje de su Heracles sabemos que rechazaba el pensamiento de que los dioses se entregan a acciones vergonzosas y amores ilícitos y reputa tales relatos como invenciones de los poetas.[37]​ Es más, critica a los adivinos, falsos y llenos de mentiras, y afirma que el mejor adivino es la razón y el coraje.[38]​ Pero su última obra, Las bacantes, está llena de piedad tradicional.

Eurípides ofrece una visión de la guerra que ya no exalta a los héroes: veintisiete años luchando contra Esparta había dado a muchos atenienses una visión más realista y trágica de lo que era. Eurípides se fija en las consecuencias funestas de la guerra y pinta cuadros horrorizados de la misma en su ciclo troyano: así, en Las troyanas, sobre el fondo del incendio de la famosa ciudad, se ve la muerte del pequeño Astianacte, el sacrificio de Polixena, el cadáver de Polidoro, la ceguera de Polimestor por venganza de Hécuba, la desesperación de Casandra y los lamentos y gemidos de las cautivas troyanas.[39]​ Tras la derrota de Sicilia, este pacifismo de Eurípides se plasmó definitivamente en unos versos del coro de su tragedia Helena:

Son muy numerosas las parciales; entre ellas, la más antigua es la Hécuba triste del humanista Fernán Pérez de Oliva, concluida en 1528 y publicada mucho más tarde (Córdoba, 1586; reimpresa en el Parnaso español de Juan José López de Sedano, vol. VI, Madrid: Sancha, 1772). Entre las completas, fuera de la ya antigua (bastante libre y con omisiones y errores) de Eduardo Mier y Barbery (Madrid: Imprenta de Tello, 1865), que no pasó del primer tomo, pero completada después (1909-1910, tres vols.), y más tarde revisada y corregida según el texto griego por Carlos A. Disamdro (Buenos Aires: El Ateneo, 1946), pueden citarse la de Antonio Tovar, bilingüe, en dos volúmenes: Eurípides. Tragedias (Barcelona: Alma máter, 1955 y 1960), completada años más tarde con un tercero obra de Francisco Rodríguez Adrados y Luis Alberto de Cuenca (1995); la de Angel María Garibay (Las diecinueve tragedias, México: Porrúa, 1976), bastante poco fiable; la de José Luis Calvo Martínez, Luis Alberto de Cuenca, Carlos García Gual, Juan Antonio López Férez y Alberto Medina González (Madrid, Gredos, 1977-79), la de Julio Pallí Bonet y Josep Alsina Clota (Barcelona, Bruguera, 1982), la de Juan Antonio López Férez y otros (Madrid, Cátedra, 1985 ss.) y la de Manuel Fernández Galiano y Juan Miguel Labiano Illundáin (1991-2000, 3 vols.).[41]

Hay que mencionar también unas Obras completas de Eurípides en cuatro volúmenes, impresas en Valencia sin año, traducidas desde la versión francesa de Leconte de Lisle por G. Gómez de la Mata, por su elegante prosa y porque comprende el Reso, y la traducción al catalán en verso de Carles Riba, tres vols., (Barcelona, 1977).


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