x
1

Iglesia greco-católica bielorrusa



La Iglesia greco-católica bielorrusa o Iglesia católica bizantina bielorrusa (en bielorruso: Беларуская грэка-каталіцкая царква y en el Anuario Pontificio: Chiesa Bielorussa) es una de las 24 Iglesias sui iuris integrantes de la Iglesia católica. Es una Iglesia oriental católica que sigue la tradición litúrgica constantinopolitana (o bizantina) en la que utiliza como lenguaje litúrgico el eslavo eclesiástico. La Santa Sede no ha organizado esta Iglesia sui iuris en jurisdicciones eclesiásticas debido a la oposición de la Iglesia ortodoxa rusa a las diócesis católicas de rito bizantino en su territorio canónico. En 1993 el sacerdote de rito latino polaco con facultades trirrituales Sergiusz Gajek fue designado visitador apostólico ad nutum Sanctae Sedis (a disposición de la Santa Sede) con jurisdicción personal sobre los greco-católicos bielorrusos que viven en Bielorrusia. Gajek organizó las parroquias en dos decanatos y es de hecho quien preside esta Iglesia sui iuris bajo dependencia de la Congregación para las Iglesias Orientales.

Los cristianos orientales que mediante la Unión de Brest (1595-96), entraron en plena comunión con la Santa Sede de Roma conservando su liturgia bizantina en idioma eslavo eclesiástico, fueron principalmente bielorrusos. Aún después de que más ucranianos adhirieran a la Unión de Brest alrededor de 1700, los bielorrusos continuaron formando cerca de la mitad de todo el grupo.

Esta Iglesia, conocida como uniata, fue establecida cuando los obispos y dignatarios de la provincia metropolitana ortodoxa de Kiev se reunieron en un sínodo en Brest y restablecieron la unión con la Sede de Roma, al mismo tiempo que retenían sus ritos y usanzas particulares. En el Acta de Unión, firmada el 18 (8 del calendario juliano) de octubre de 1596 dicen:

En ese momento la provincia metropolitana de Kiev estaba dentro de los límites de la Mancomunidad de Polonia-Lituania que comprendía Bielorrusia, el Gran Ducado de Lituania y las provincias que formaban parte del Reino de Polonia. Los metropolitanos, mientras retenían el antiguo título de Kiev, establecían su residencia en Navahradak en Bielorrusia central y eran generalmente de origen bielorruso.

Después de la partición de la comunidad en el siglo XVIII las iglesias uniatas en Bielorrusia y la Iglesia greco-católica ucraniana siguieron diferentes caminos, los ucranianos quedaron dentro del católico Imperio austríaco, mientras que los bielorrusos cayeron dentro del Imperio ruso a causa de la partición de Polonia.[1]

Muchos bielorrusos: 1553 sacerdotes, 2603 parroquias y 1 483 111 personas, se unieron en marzo de 1795 con la Iglesia ortodoxa rusa. Otra fuente[2]​ contradice estos números, diciendo que las parroquias que en 1772 cayeron bajo gobierno ruso eran más de 800, significando que muchos sacerdotes y fieles continuaron en comunión con Roma.

Después del fracasado Levantamiento de Noviembre (1830-1831) contra el gobierno ruso, y el subsecuente reemplazo de la predominante nobleza católica romana que influía en la sociedad bielorrusa, los tres obispos de la Iglesia, junto con 21 sacerdotes,[3][2]​ convocaron en febrero de 1839 un sínodo en la ciudad de Polatsk para el 25 de marzo de 1839. Este sínodo pasó oficialmente 1 600 000 cristianos y entre 1305[1]​ y 2500[2]​ sacerdotes a la Iglesia ortodoxa rusa.

Sin embargo, algunos sacerdotes y fieles rehusaron la unión. El Estado ruso asignó la mayoría de las propiedades eclesiásticas a la Iglesia ortodoxa en los años 1840, y algunos sacerdotes emigraron a la Galitzia austríaca, mientras otros eligieron la práctica secreta del entonces prohibido rito bizantino católico en el Imperio ruso.

Cuando el 22 de febrero de 1903 el zar Nicolás II publicó un decreto reconociendo la libertad de culto en Rusia, unos 230 000[3]​ bielorrusos buscaron la unión con Roma. Sin embargo, el Gobierno ruso rehusó permitir la formación de una comunidad católica de rito bizantino, por lo que ellos adoptaron el rito latino, lo que originó que la mayoría de los actuales bielorrusos católicos sean de ese rito.

Después de la Primera Guerra Mundial, una comunidad de cerca de 30 000 greco-católicos, que conservando su liturgia bizantina, emergió en áreas occidentales de Bielorrusia que habían sido anexadas por Polonia, eran descendientes de los que un siglo antes habían sido forzados a ingresar en la Iglesia ortodoxa rusa. Un visitador apostólico fue enviado por el papa para informar sobre su situación en 1931.

En 1907 el papa Pío X le dio en forma oral y absolutamente secreta plenos poderes al archieparca de Leópolis, Andrés Sheptytsky, para organizar la Iglesia de rito bizantino en el Imperio ruso.[4]​ Después de que la Unión Soviética anexara el occidente de Bielorrusia, el 17 de septiembre de 1939 Sheptytsky usó sus excepcionales poderes para crear 3 exarcados, dos de los cuales incluían partes de Bielorrusia: exarcado archiepiscopal de Volinia, Polasia y Podlaquia (exarca Mykola Charnetskyi) y el exarcado archiepiscopal de Bielorrusia para los fieles de rito bizantino (locum tenens Mykola Charnetskyj y desde el 17 de septiembre de 1940, exarca Antoniy Nemantsevich). El papa Pío XII aceptó estos exarcados el 22 de noviembre de 1941.[5]

Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la región fue absorbida por la Unión Soviética, la Iglesia greco-católica bielorrusa fue una vez más suprimida y reintegrada en la Iglesia ortodoxa rusa.

Si bien desde la ocupación soviética muy poca información sobre los católicos bizantinos en Bielorrusia podía llegar a Roma, los refugiados fundaron centros en Europa occidental (París, Londres y Lovaina) y en partes de los Estados Unidos de América, especialmente en Chicago.

Desde 1947 el padre Leo Haroshka dirigió en París un periódico pastoral y cultural llamado Bozhym Shliakham (Божым Шляхам), que fue publicado desde 1960 hasta finales de 1980 en Londres. En Londres el padre Alexander Nadson comenzó, en los años 1970, la tarea de traducir los textos litúrgicos bizantinos al lenguaje bielorruso. Gracias a su trabajo, cuando en 1990 la primera parroquia greco-católica fue organizada en Bielorrusia, dispusieron inmediatamente de textos litúrgicos en su lenguaje nacional.[6]

En 1960 la Santa Sede nombró a Cheslau Sipovich visitador apostólico para los fielos bielorrusos que vivían fuera de Bielorrusia. Fue así el primer obispo católico bielorruso desde el Sínodo de Polatsk. Un sucesor, el padre Uladzimir Tarasevich, fue nombrado en 1983, pero después de su muerte en 1986 el padre Alexander Nadson fue nombrado visitador apostólico sin el rango de obispo.

Una parroquia en Chicago, la de Cristo Redentor, existió de 1955 a 2003. Fue fundada por el padre John Chrysostom Tarasevich, siendo el hogar parroquial del obispo Uladzimir Tarasevich hasta su muerte, después de lo cual pasó a ser administrada por al arzobispo latino de Chicago, quien nombró primero al padre Joseph Cirou y luego al padre John Mcdonnell como administradores. El 7 de septiembre de 1996, fue ordenado en la parroquia Michael Huskey como el primer diácono bielorruso en los Estados Unidos, quien sirvió en la parroquia hasta que fue cerrada por el arzobispo de Chicago, cardenal Francis George, el 20 de julio de 2003.

La década de 1980 mostró un aumento gradual del interés de los intelectuales de Minsk en la Iglesia greco-católica. Artículos escritos por Anatol Sidarévich y Yuri Jadyka acerca de su historia aparecieron en 1987-1988. En el otoño de 1989 algunos jóvenes intelectuales de Minsk decidieron publicar el periódico Unija (Unión) intentando promover el renacimiento de la Iglesia greco-católica.[6]

A principios de 1990 el padre Alexander Nadson llevó la ayuda humanitaria con la que los bielorrusos en el extranjero colaboraron con sus compatriotas afectados por el accidente de Chernóbil de 1986. Él se sorprendió al encontrarse con jóvenes bielorrusos que se definían como greco-católicos. El 11 de marzo celebró la Divina Liturgia por primera vez en Minsk en la lengua nacional, y dos días después tuvo una reunión con los editores de Unija, cuyo primer número fue impreso en Letonia.[7]

Después de la disolución de la Unión Soviética y de la independencia de Bielorrusia en 1991, los católicos bizantinos bielorrusos emergieron una vez más. En septiembre de 1990, se produjo el registro de la primera parroquia greco-católica desde la Segunda Guerra Mundial, y a principios de 1991 el padre Jan Matusévich comenzó a celebrar la liturgia en su apartamento de Minsk. Más tarde fue puesto a cargo de todas las parroquias greco-católicas en Bielorrusia, y murió en 1998.

Para principios de 1992 tres sacerdotes y dos diáconos estaban trabajando y celebrando la liturgia en bielorruso. Diez parroquias se habían registrado con las autoridades. Una encuesta encargada por la Universidad Estatal de Bielorrusia en 1992 indicó que cerca de 10 000 personas en Minsk se identificaban como greco-católicos.[8]​ Extrapolándola a todo el país, se dedujo que unos 120 000 bielorrusos estaban a favor de un renacimiento de la Iglesia greco-católica. La falta de sacerdotes e iglesias hizo que el interés no se materializara.[2]

En 1993, el archimandrita Sergiusz Gajek fue nombrado visitador apostólico para los greco-católicos en Bielorrusia.

A principios de 2005, la Iglesia greco-católica bielorrusa tenía 20 parroquias, de las que 13 habían obtenido reconocimiento oficial del Estado. Para el 2003 había dos parroquias greco-católicas en cada una de las ciudades de Minsk, Pólatsk y Vítebsk; y una en Brest, Goradnia, Maguilov, Maladzyechna y Lida. Los fieles que frecuentaban esas parroquias permanentemente eran cerca de 3000, mientras que unos 4000 más vivían fuera del cuidado pastoral de esas parroquias. Hubo un pequeño monasterio en Pólatsk.[9]​ Dos de las parroquias tenían pequeñas iglesias, y algunas de las otras eran centros pastorales con un oratorio.

No existen diócesis constituidas en esta Iglesia, sus fieles dependen directamente de la Congregación para las Iglesias Orientales, encabezada por el arzobispo cardenal Leonardo Sandri, que tiene un visitador apostólico ad nutum Sanctae Sedis en Bielorrusia (archimandrita Sergiusz Gajek). En Bielorrusia hay 16 sacerdotes y 9 seminaristas, incluyendo a dos monjes redencionistas. Los greco-católicos bielorrusos que viven fuera de Bielorrusia son cerca de 2000.

La Iglesia está organizada en Bielorrusia en dos decanatos (o arciprestazgos):

El arcipreste Andrey Ablameyka encabeza el decanato centro-occidental, que tiene 13 parroquias:

El hieromonje Leontiy, abad del monasterio de los Santos Boris y Glebs en Polock, encabeza el decanato oriental, que comprende 6 parroquias:

Desde 1960 la Congregación para las Iglesias Orientales ha nombrado un visitador apostólico con sede en Londres en el Reino Unido para asistir los fieles greco-católicos bielorrusos que viven fuera de Bielorrusia en el territorio de diócesis latinas. El arcipreste Alexander Nadson estuvo a cargo de las parroquias de los Apóstoles Pedro y Pablo en Londres y de la Resurrección de Cristo en Amberes (en Bélgica, constituida en 2003).[2]​ hasta su muerte el 15 de abril de 2015. Contaba con la colaboración de tres sacerdotes: Jan Mayseychik, Igor Labacevich, y Sergey Stasevich.[10]​ Desde entonces no ha sido nombrado otro visitador apostólico. Pequeñas comunidades existen en Praga, Kaliningrado y Kaunas.



Escribe un comentario o lo que quieras sobre Iglesia greco-católica bielorrusa (directo, no tienes que registrarte)


Comentarios
(de más nuevos a más antiguos)


Aún no hay comentarios, ¡deja el primero!