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Malones



El malón fue una táctica militar ofensiva empleada por los indígenas de Sudamérica, como por las etnias mapuche y charrúas en los actuales territorios de Argentina, Uruguay y Chile, que consistía en el ataque rápido y sorpresivo de una nutrida partida de guerreros a caballo contra un grupo enemigo, ya fueran otros pueblos o parcialidades indígenas, o poblaciones, fortificaciones y estancias de los criollos, con el objetivo de matar adversarios y saquear para hacerse con ganado, provisiones y prisioneros, sobre todo mujeres jóvenes y niños.[1][2][3]

Malón  según el diccionario se trata de “una incursión o ataque inesperado de indios, felonía inesperada”. Es una denominación peyorativa y deriva de la palabra malo, alude a un conjunto de malos. Rememora a aquellos “salvajes” que hacían malones para saquear poblados.[4]

El malón fue utilizado en la extensa área de la frontera sur de la entonces Capitanía General de Chile y del Virreinato del Perú y del posterior Virreinato del Río de la Plata, que eran jurisdicciones políticas dependientes de la corona española, perviviendo hasta comienzos del siglo XX en los territorios de los nuevos estados surgidos a consecuencia de la independencia de Argentina y Chile.

La eficacia del malón se debía al desconcierto que generaba un ataque sorpresivo sin orden formal, generalmente por la noche mientras dormían los habitantes y soldados, y solo estaban alerta los vigías nocturnos apostados en los mangrullos. Como consecuencia de la rápida acción de los atacantes y su posterior retirada no daba suficiente tiempo para organizar la defensa, dejando tras de sí una población devastada. Las armas que empleaban los indios eran principalmente lanzas, mazas y boleadoras.

Si bien la historia argentina está llena de pequeños y muy grandes malones[5]​ los más importantes que se produjeron en Argentina, fueron:

Autores como Esteban Echeverría, José Hernández o Jorge Luis Borges han abordado en sus obras la importancia del malón en la configuración social de la época. Retrataron con maestría la psicología de los cautivos y la algarabía de los indios por el botín arrebatado a los cristianos.

Así, Esteban Echeverría, en su poema La cautiva narró el rapto y las penurias que sufre la cristiana cautiva para poder escapar de la vida miserable en la que se encuentra junto a su marido y poder regresar con su hijo. En la segunda parte del libro, "El festín" se lee:

Los cautivos fruto del malón, eran destinados por los indios a trabajos forzados dentro de las tolderías mientras duraba el cautiverio, hasta que podían negociar la libertad de los mismos o intercambiarlos por indios tomados como rehenes por los cristianos.

En el caso de las mujeres y niños eran incorporados como mano de obra y asimilados dentro del grupo. La suerte de la mujer estaba ligada a la de un indio que la raptaba para tomarla como su pareja y con la consiguiente consecuencia de engendrar sus hijos. Este rapto lo llevaba a cabo aquel que no podía pagar el precio o dote de la novia y también porque tener una esposa blanca daba estatus social.

En El Gaucho Martín Fierro se escribió que estas mujeres eran sometidas a los más duros trabajos dada la baja jerarquía que ostentaban dentro del grupo:

En 1946, un grupo de 174 kollas de la Puna y de Orán realizó una marcha de tres meses para reclamar tierras usurpadas al gobierno de Juan Domingo Perón, a quien en las elecciones de febrero de 1946 habían votado en masa por sus promesas de expropiación y reforma agraria. La mayoría a pie, fueron acompañados por un centenar de mulas y dos carros y recuperaron simbólicamente el nombre de Malón para el grupo, agregándole la palabra Paz por las dudas. Su recibimiento fue apoteósico (fueron tapas de diarios y revistas), siendo el mayor reclamo indígena del que se tiene constancia. No obstante, el gobierno no cumplió lo prometido, por miedo a que sobreviniera una lluvia de pedidos indígenas y reclamos de peones rurales necesitados de tierras. Al contrario, los kollas fueron expulsados a la fuerza de Buenos Aires y enviados por tren con custodia armada a la Siberia Argentina, nombre inicial de Abra Pampa.[4]



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