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Mictlán



Las nueve regiones del Mictlán o Chiconauhmictlán, hacen referencia al inframundo de la cultura mexica. Es una cosmovisión de creencias nahuas referidas al espacio y al tiempo, estructurando un universo en parcelas o regiones determinadas por unas fuerzas vivas. Su creación se debe a los llamados "dioses creadores" (Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli).

La mitología mexica narra que los "dioses primordiales" (Omecíhuatl y Ometecuhtli) tuvieron 4 hijos varones: los llamados "dioses creadores": (Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli). Estos heredaron el arte de la creación de sus padres a partir de su sustancia, y tras 600 años de inactividad dos de ellos (Tezcatlipoca y Quetzalcóatl) se encargaron de organizar al universo, optando por la manera vertical y la manera horizontal.

Al organizar el universo en horizontal y vertical, los dioses Creadores forjaron a las parejas de dioses que controlarían las aguas (Tláloc y Chalchiuhtlicue), la tierra (Tlaltecuhtli y Tlalcíhuatl), el fuego (Xiuhtecuhtli y Xantico) y a los muertos (Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl).

El universo horizontal estaba comprendido por puntos cardinales o direcciones hemisféricas, mientras que el universo vertical comprendía solamente dos partes, la superior y la inferior.

Para el caso del universo vertical existen tres partes: el supramundo, el mundo y el inframundo, formando una especie de cubo. La parte integra central se le llama Tlalocán y existen 4 gigantescos árboles en cada esquina del mismo, que impiden que el tercio de en medio (Tlaltícpac, la tierra, o simplemente el mundo) se junte con el tercio superior (supramundo) o con el inferior (inframundo).

La tierra, en la cosmovisión nahua, estaba formada a partir del cuerpo del Cipactli, una tierra sólida y viviente generadora del sustento para el hombre y para la (nuestra) madre naturaleza, pues de ella se creó la superficie. Bajo esta misma premisa, los nahuas creían que de sus cabellos surgieron árboles, flores y plantas; de su piel surgieron planicies, llanuras y sedimentos fluviales; de sus ojos surgieron pozos, cuevas y fuentes; de su boca surgieron ríos, lagos y manantiales; de su nariz surgieron valles, cordilleras y mesetas; y de sus hombros surgieron sierras, volcanes y montañas.

El supramundo (trece cielos) y el inframundo (nueve regiones) representan el universo vertical, cuyas las fuerzas superiores e inferiores convergen desde la tierra, influenciándola, así mismo, diariamente cuerpos celestes descienden al inframundo y ascienden de él, entrelazados por el universo horizontal, las direcciones hemisféricas o puntos cardinales que son regidos por los Dioses Creadores.

Al Norte (Mictlampa): Tezcatlipoca; al Oeste/Occidente (Cihuatlampa): Quetzalcóatl; al Este u Oriente (Tlahuiztlampa): Xipetótec; y al Sur (Huitztlampa): Huitzilopochtli, cuyas fuerzas supuestamente emanan de las direcciones hemisféricas se convergen y se sostienen por un eje central, el Calpulli, que era resguardado por Xiuhtecuhtli, dios del fuego, señor del tiempo.

Al Mictlán sólo iban aquellos que morían de muerte natural, fueran señores o macehuales, sin distinción de rango ni riquezas, o de enfermedades que no tenían un carácter sagrado, el muerto debería de atravesar nueve regiones, de las cuales se descenderían simbólicamente como lo hace el dios Sol Tonatiuh todos las noches dentro de las fauces del señor y señora de la tierra, Tlaltecuhtli y Tlalcíhuatl, el inframundo, con sus nueve regiones que forman la travesía dentro del submundo con obstáculos específicos que expresan niveles de putrefacción y tormentos tanatomórficos que padecen los muertos en su regresión orgánica después de 4 años, y ya cuando los muertos alcanzaban lograr atravesar los infiernos, sí es que lo lograban, estos podrían liberar su alma, su tonalli, logrando así el descanso anhelado ante la presencia de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, el señor y la señora de la muerte, los regidores del inframundo.

Región donde existían los Xoloitzcuintle, los perros consagrados de Xólotl, quien en el pasado fuese el custodio del dios Sol durante las horas diurnas como el dios del ocaso, pero por haber atentado contra Tonatiuh durante su recorrido a través de la bóveda celeste, fue enviado al Mictlán por los Dioses Creadores para conciliar a los perros domésticos con los muertos.

En este paraje los muertos tendrían que cruzar el ancho río Apanohuacalhuia, donde habitaba Xochitónal, una iguana gigante, y cuyas orillas vagaban los muertos que no habían sido dignos porque en vida habían maltratado a algún perro, ya que, para atravesarlo, se requeriría de la ayuda de un perro Xoloitzcuintle, de los cuales tenían la tarea de descubrir si el difunto era digno o no, de lo contrario, el difunto quedaba varado sin poder seguir con su trayectoria al descanso anhelado. El río Apanohuacalhuia delimitaba la frontera entre los vivos y los muertos, en continuidad con los Xoloitzcuintle, que eran afluentes, donde los muertos debían cruzarlo para seguir con su descenso, y aquellos que no podían cruzarlo, eran obligados a vagar, como sombras, alrededor de sus orillas cuyo aire frío hacía de oídos sordos a las quejas de los muertos que sufrían constantemente por el remordimiento de haber lastimado a un perro en vida, por esta causa, los naturales solían tener y criar perros para tal menester, tratarles con cariño para ser reconocidos como dignos, y al que le ponían en el cuello un hilo flojo de algodón.

Región donde existían dos enormes cerros que se abrían y se cerraban chocándose de entre sí, de manera continua, donde después de haber cruzado el río Apanohuacalhuia, el muerto tenía que buscar el momento propicio para cruzar estos cerros sin ser triturados.

Región donde se encontraba una montaña con un sendero de pedernales obsidiana que desgarraban a los muertos cuando tenían que atravesarlo para cumplir su trayectoria. Es la residencia de Itztlacoliuhqui, dios de la obsidiana, señor del castigo, quien en el pasado fuese el custodio del dios Sol durante las horas matutinas como el dios de la aurora, Tlahuizcalpantecuhtli, quien cegado por los celos se atreviera a atacar al dios Sol Tonatiuh, recibiendo un contraataque que lo dejó ciego permanentemente debido a una flecha que se atravesó en la cabeza, siendo además castigado por su falta al tercer estrado del Mictlán por los Dioses Creadores, teniendo la tarea de henchir con filosos pedernales el cerro. A continuación, se encontraba un extenso complejo llamado Itzehecáyan o Itzehelóyan, dividido en dos regiones con fuertes vientos, indispensables para que los muertos arrogasen todas sus pertenencias como ropa, alhajas, armas y despojos personales, vientos tan fuertes que levantaban piedras y cortaban a los cadáveres de los muertos con múltiples puntas de pedernal al recorrerlo, este complejo estaba dividido en dos regiones diferentes llamados Cehuelóyan y Pancuecuetlacáyan o Pancuecuetlalóyan.

Es la primera región del extenso complejo Itzehecáyan, una extensa área congelada con ocho collados de piedras abruptas de aristas cortantes donde siempre caía nieve, es la residencia Mictlecayotl o Mictlampehécatl, dios del viento frío del Norte, que traía el invierno desde el Mictlán hasta la tierra, era muy fuerte y de violento carácter, sus hermanos eran Huitztecayotl o Huitztlampehécatl, viento del Sur, Cihuatecayotl o Cihuatlampehécatl, viento del Oeste/Occidente y Tlahuiztecayotl o Tlahuiztlampehécatl, viento del Este/Oriente.

Es la segunda región del extenso complejo Itzehecáyan, al pie del último collado del Cehuecáyan, ahí comenzaba una extensa área desértica de difícil movimiento con ocho páramos donde no existía la gravedad, y los muertos estaban a merced de los vientos, que próximos a salir, éstos los regresaban o los llevaban de un lado a otro como banderas, hasta que finalmente lograban salir del sendero.

Región donde existía un extenso sendero en cuyos lados manos invisibles enviaban puntiagudas saetas para acribillar a los cadáveres de los muertos mientras lo atravesaban, las saetas pérdidas durante batallas que el muerto debía evitar para no ser flechado e irse desangrando.

Región donde habitaban fieras salvajes que abrían los pechos de los muertos para comerles el corazón, por lo que, al salir del sendero, el muerto se encontraría con un jaguar que comería el corazón.

Región donde se encontraba la desembocadura del río Apanohuacalhuia, una masa acuática de aguas negras donde el muerto ya sin corazón se debatía por largo rato en las aguas negras para salir, pero, ahí no acabarían sus penas, pues el difunto tendría que atravesar un extenso valle lleno de nueve hondos ríos, los nueve ríos adyacentes del ancho río Apanohuacalhuia, los ríos de los nueve estados de la conciencia.

La última región enceguecía a los muertos con niebla grisácea, de los cuales muchos se perdían, y tan solo se escuchaban sus lamentos mientras se ahogaban entre nueve ríos, los nueve afluentes del río Apanohuacalhuia, los Chiconahuapán, los nueve ríos de los nueve estados de la conciencia, en el 1) nivel, el muerto estaría luchando constantemente por sobrevivir, reflexionar su existencia en vida y observar cuánto debe batallar para sobrevivir y ver también cómo los muertos están tratando de sobrevivir, ya que cuando eres capaz de ver el esfuerzo de otros se valora y tu condición mejora, y pasa al 2) nivel, del cual tenía que ver su condicionamiento, es como si actuara mecánicamente sin mente, sin aplicar el pensamiento en lo que hace, a esto se le llama actuar sin mente. De ahí pasaba al 3) nivel, el deseo de importancia, donde se vienen los recuerdos de los deseos mundanos en vida como el poder, el dominar al otro y si el otro trata de dominarte, tu automáticamente tratas de dominarle, el muerto tenía que darse cuenta de que si no hubiera estado cegado con el poder, su vida hubiese sido más prospera internamente, y se pierden las ansias de él ser importante, luego pasa al 4) nivel, que es claridad, es cuando el difunto se da cuenta de que siempre alguien estuvo ahí por él y no lo tomó en cuenta, su mente se despejada y se da cuenta de que era muy claro lo que deseaba lograr en la vida, cuál era su visión y su meta, hacia donde se dirigía en vida, mientras tus relaciones con los demás están en orden, siendo un estado mental muy interno, una vez claro esto, pudiese haber comenzado a lograr más cosas en vida y sentirse realizado en vida, este era el desafío del 5) nivel de conciencia. En los primeros niveles se pueden ver el orden interno y los segundos niveles se verían el orden externo, una vez que lo lograba, ya estaría a medio camino de conseguir el descanso anhelado. De ahí se llegaba al 6) nivel, que era sostenerse entre otros, ayudarse mutuamente, ya que una vez una persona se vuelve exitosa, se da cuenta de que otros puede ir por la misma meta, y ayudar o pedir ayuda no impide tu cometido sino te fortalece, cuando comienza a ayudar a otros, se pasa al 7) nivel de conciencia que es fluir con la vida. Si no tuvo problemas en la vida, no hubo quejas, y toma todo como viene y no ha resistencia en la siguiente vida, una vez que se despierta a este estado pasa al 8) nivel, y el difunto tendría un estado de plenitud, de conexión, se sentirá conectado finalmente con todo lo sucedido en vida, con todo en la tierra, y con todo lo que le rodeó, de ahí pasaba al 9) nivel, la unidad, donde no había división dentro o fuera, no había existencia separada y el difunto era uno con todo, donde finalmente dejaba de padecer. Tras una larga trayectoria de 4 años a través de las regiones infernales, los muertos acababan y fenecían, liberando su alma, el tonalli, logrando así el anhelado descanso ante la presencia del señor y señora de la muerte Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, regidores del inframundo que les decían, Ha terminado tus penas, vete, pues, a dormir tu sueño mortal. A través de los nueve infiernos del Mictlán, deambulaban una gran multitud de personificaciones entre las regiones del inframundo. De entre ellas estaba Miquiztetl (la muerte), Miccapetlacalli (la tumba), Nextepehua (las cenizas), Nexoxcho (el miedo), Xoaltentli (el sueño), Necocyaotl (la discordia), Téotlale (el desierto), etcétera.




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